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El arte no subordina (censura inaceptable)

Mayo es tiempo de fiesta en el Istmo

Especial
Presentación del libro: Luis Bandolereo Luis, de Walter Ventosilla

José Luis Renique: "Luis Pardo, el Bandolero"

"Luis Bandolero Luis" de Walter Ventosilla

Luis Pardo: entre la leyenda y la realidad

Fotos de la presentación

Trece cantos de cómo hacer el amor a una mujer

Historia de una canción inadmisible y otros poemas

Dos poemas 'cajachos' (de Cajamarquinos)

Madre Coraje de Bertolt Brecht. En Nueva York

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Expresiones

Presentación del libro: Luis Bandolero Luis, de Walter Ventosilla

[Versión PDF]

Entrevista
José Luis Renique: "Luis Pardo, el Bandolero"

Arturo Quispe Lázaro

Conversamos son José Luis después de su magnífica presentación del libro Luis Pardo Luis de Walter Ventosilla, realizada en el consulado del Perú en Nueva York. Una presentación muy aclamada por los asistentes.

Entrevista a: José Luis Rénique.
Historiador peruano,
docente del programa de doctorado
de la Escuela de Graduados de CUNY, Nueva York.

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José Luis Rénique en plena presentación del libro Luis Bandolero Luis . (De izq. a der.) Alfredo Roncalla, Walter Ventosilla, Helí Peláez, Cónsul peruano en NY, y José Luis Rénique.(foto: AQL)

IC. Cuándo uno habla de Luis Pardo, el Bandolero; lo primero que uno tiene que entender bien es: ¿quién es el bandolero en la historia de nuestro país?, ¿cómo se construye la idea del bandolero en la historia peruana?

JLR. Bueno, yo creo que hay dos paradigmas del bandolerismo que hemos estado utilizando los historiadores en los últimos años para tratar de entender a los bandoleros en las zonas rurales del Perú; uno es el esquema clásico del bandolero como un ladrón de ganado que responde a un sector marginal de la sociedad rural andina y que en muchos casos está patrocinado por un poderoso local como complemento de una actitud de intimidación y de rapiña de las economías campesinas y el otro modelo sería el propuesto por Erick Hobsbawm, el célebre historiador británico, quién habla de bandolerismo social y es un modelo que responde al clásico caso de Robin Hood; es decir, un individuo que juega el papel de una especie de justiciero local en un ambiente donde prevalece el despotismo y cuyo papel, aparte de las connotaciones de barbarie, violencia, es básicamente ser un equilibrador social, un redistribuidor local que cumple por ende un papel social, un papel de darle voz a los que no tienen voz y ejercer una justicia cruda que contrariamente al primer modelo se encarga de erosionar el poder de los gamonales y terratenientes para poner en jaque a estos personajes y evitar que descarguen sus abusos sobre la población local.

IC. El bandolero pertenecería al segundo grupo. al segundo modelo?

JLR. Bueno aquí viene lo interesante. Yo comencé diciendo específicamente que teníamos dos modelos, qué era una manera de no entrar al tema de quienes son los bandoleros en el Perú, porque yo creo que el problema en el Perú es que no solamente no hay estudios sobre los bandoleros sino que no hay una historiografía de los de abajo en la sociedad rural, y uno de los personajes que no aparece con claridad sino más que en apariciones muy breves y muy intensas, románticas o legendarias son los bandidos. Entonces yo lo que encuentro en el caso de Luis Pardo y en ese sentido me parece fabuloso el trabajo de Alberto Carrillo. Encuentro fascinante como este historiador, un conocedor de la provincia de Chiquián, de dónde era Pardo y dónde se desplegaron sus acciones, fue a la búsqueda del bandolero y no lo encontró, o sea fue a la búsqueda de este personaje del cual existían canciones, historias, anécdotas y escarbando, escarbando no lo encontró, no había sino una construcción romántica de la población en base algunos hechos dispersos, en base a otros que antes que este historiador se habían interesado en encontrar al bandolero; pero a diferencia de este historiador que no lo encontró y escribió que no había el bandolero social que iba a buscar, aquellos que habían ido a buscarlo como no lo encontraron decidieron inventarlo. Entonces, al inventarlo, me refiero a los corresponsales de la prensa limeña que fueron enviados a la zona o de repente que vivían en la zona y que enviaban sus reportes a los periódicos limeños, contando de las hazañas del bandolero.

Cuando el historiador Alberto Carrillo va a la zona, recorre la zona y contrasta la geografía de la zona con los reportes periodísticos, se da cuenta que la gran mayoría de las cosas de las que se le acusaban a Pardo no podían ser ciertas, porque se le mostraba atacando en Cerro de Pasco, atacando en la sierra de La Libertad , en las cercanías de Lima, dentro de un periodo de tiempo que hubiese hecho imposible tal tipo de desplazamiento, y cuando logró encontrar a personas que eran testigos de primera mano se dio con que muchas de las acciones que había perpetrado Pardo no eran sino ataques llenos de simbolismos, llenos de folclore, disculpando el uso tan informal de la palabra, pero no, en realidad, acciones como las que se escribían en los despachos de prensa que habían sido su primera fuente de consulta. Entonces, de lo que a mí me resulta fascinante es toda esta penumbra que rodea las historias que provienen de la sociedad rural.

Los historiadores que hoy día intentamos hacer una historia de los de debajo, de la sociedad rural, tenemos que desbrozar bastantes malezas porque hay una convergencia de versiones románticas de la prensa, de los agentes urbanos que van, por una razón u otra, proyectando sus propias agendas en la historia local, cuentan la historia de una cierta manera, y la manera en la que gente local recuerda que no tiene por que ser una manera cronológica, una manera empíricamente precisa sino que recuerda desde una mirada quizás mítica, quizás medio milenarista. Entonces se trata de hacer un desbroce, un desentrañamiento a través de diversas lógicas para tratar de encontrar qué ocurría.

Entonces en la historia de Luis Pardo, en este momento hay dos dimensiones: la historia literaria donde Pardo nos sirve para decir cosas sobre la relación entre la costa y la sierra, sobre la riqueza de las historias locales, sobre las añoranzas y nostalgias de una historia llena de glorias y heroísmo y sufrimiento, pero que pareciera no haber materializado su potencial, que pareciera haberse diluido conforme la modernidad avanzaba en el país; y de otro lado las historias, felizmente estamos saliendo de eso más bien, ideologizadas que tratan de buscar, de construir personajes de las sociedades rurales, de los de debajo, de la sociedad rural en base a héroes, en base a grandes rebeldes milenaristas, a bandidos sociales utilizando categorías, como suele suceder en la historia, en el trabajo historiográfico, uno tiene que ir decantando con el tiempo. En el debate historiográfico, por ejemplo, la visión del bandolero social de Hobsbawm ha recibido críticas durísimas y más o menos el consenso hoy día después de un debate más o menos tenso que hubo en los años noventa es que es una categoría que requiere fuerte revisión.

IC. ¿De qué años estamos hablando? ¿cuál es el contexto temporal, cultural en el que surge el bandolerismo o el término bandolero que se usaba para calificar a estas personas?

JLR. Es un poco difícil decirlo con precisión, podemos sujetarnos a la historia de Luis Pardo y con ello especular en una cronología, digamos que el bandolerismo tendería, y esto es totalmente hipotético, a aparecer en el periodo de expansión del latifundio; y el periodo de extensión del latifundio en los andes peruanos es un fenómeno de mediados del siglo diecinueve en adelante. Se va haciendo cada vez más fuerte dependiendo de qué región estás hablando. Digamos que toma mucha fuerza hacía la época de la guerra del Pacífico. Después de la guerra del Pacífico hay una situación política que permite que terratenientes emerjan, digamos, acumulen no solamente, aparte de su poder económico, un gran poder político, porque el estado Cacerista que surge después de la guerra es un estado digitalizado y es un estado encabezado por un terrateniente, por un gran terrateniente cuyos camaradas de armas, que son también miembros de familias terratenientes del interior del Perú, son los que restablecen el orden, y en ese contexto hay una tolerancia sino aliento a la prosperidad, al desarrollo de latifundio que de otro lado está incentivado por boom exportador, la reconstrucción económica de post guerra. Entonces es en este momento que aparecen una serie de expresiones de violencia rural, de conflictos ínter comunales, de reacciones contra la expansión de la hacienda, y podría ser, lo digo en tiempo condicional, que si hubo una proliferación del bandolerismo fue ese el período donde esto ocurre.

Ahora, cuando tú abres las páginas del El Comercio, El Tiempo y La Prensa , entre fines del diecinueve y durante las dos primeras décadas del veinte, hay una avalancha de noticias de violencia rural. Cuánto de estos era bandolerismo, cuánto de esto eran las maquinarias políticas de los gamonales consolidándose para mantener el control político de sus distritos, de sus provincias, porque acuérdate qué es un período donde hay elecciones y es una etapa en la república aristocrática donde mucho de la política gira en torno a las elecciones, al Congreso, y por ende a quién tiene el poder para nombrar autoridades políticas. Entonces, cuánta de esta violencia que está registrada en los periódicos '¡bandolerismo prevalece en Hualgayoc! ¡Chota tomada por bandoleros! ¡Wari asolada por el bandolerismo!', cuánto de esto es bandolerismo, en el sentido de una actividad delincuencial, en el sentido más bien de connotaciones sociales o en el sentido de bandas armadas de las propias redes de gamonales que recurren a la violencia para afirmar su poder, para intimidar o lo que fuera. Yo diría que no tenemos todavía muy clara cuál es la etiología del fenómeno, lo que sí sabemos es que la prensa en ese período está repleta de referencias al bandolerismo.

IC. Es verdad que en situaciones de crisis, de violencia en algunos lados surgen movimientos que son encabezados por ciertas personas. Pero en un contexto de crisis y convulsión social cuál sería la razón por la cual las acciones bandoleristas de Luis tendría tanta o más resonancia que los movimientos que existían en la época?

JLR. Bueno eso es precisamente lo fascinante de este asunto, es decir ¿qué llevo a que en este contexto este personaje adquiriese tanta notoriedad? Yo creo que tiene que ver con algunos elementos de su propia historia personal. Primero, él era un hacendado que aparentemente encarnaba todas las características y las virtudes del hacendado benevolente, partícipe de la cultura campesina. Los relatos que se conocen de cómo se celebraban las fiestas locales en su hacienda son fastuosos. Él era un gran bon vivant [alguien que disfruta de las buenas cosas en la vida] y parece que su rebeldía tuvo que ver primero con su acción, su actividad como montonero que termina siendo una actividad frustrada, porque él participa en un alzamiento liderado por el terrateniente rebelde quinta esencial que era Augusto Durand, un ex pierolista que fundó un partido, el partido liberal y que se levanta en varias ocasiones en la zona de Huánuco, y parece que Pardo participó en uno de estos alzamientos. Entonces él es un montonero frustrado. En torno a los montoneros pierolistas y liberales se tejen una serie de historias, porque ellos peleaban contra los hacendados que tenían la hegemonía, que eran los hacendados locales que se habían aliado con el civilismo, entonces parece que él por alguna razón se indispone con uno de los núcleos duros y fuertes del gamonalismo de la región, y parece que sus formas de llevar esta pelea en la que por los datos me parece que la tenía perdida de antemano, es una forma muy folclórica, muy bohemia. Es una versión de un bohemio urbano pero llevada a nivel local. En el bohemio urbano la trasgresión toma la forma del dandismo, todos estos elementos de la Belle epoque. En el campo, toma la forma de la burla, de la borrachera, del desafío, de la bravura, del robo de muchachas, etc.

Yo lo veo como un personaje diseñado para convertirse en leyenda. Y si me remito a la historia escrita por Alberto Carrillo eso es lo que él encuentra. O sea, un tipo querido por la gente de manera, digamos, una especie de populista local, un hacendado. Lo que pasa es que hay en la sierra, y aquí estoy haciendo algunas generalizaciones a partir de casos que conozco mejor de la sierra sur. Yo lo que creo es que hay una larga, una especie de paz rural en la sierra peruana que dura por varias décadas y que permite una especie de coexistencia del señorialismo y la vida comunal más o menos armónica y que no era extraño porque era una prolongación de lo que había pasado en grandes tramos de la historia colonial, y en este periodo no hay una compresión latifundista sobre la comunidad. Yo he leído muchas historias románticas de pequeñas ciudades de la sierra del Cusco, de Puno donde hay una vida relativamente equilibrada entre hacienda y comunidad.

La Hacienda sin la presión mercantil básicamente se limita a controlar su núcleo de tierra, su núcleo central y establece relaciones, las tradicionales relaciones de dependencia, pero en este caso, más o menos armónicas con las comunidades de los alrededores. Hay peonaje, pongueaje, hay todas estas instituciones pero todavía no son objeto de una crítica liberal, sino todavía son parte de los arreglos coloniales que habían funcionado bien más de trescientos años. Todo este mundo se altera con el crecimiento de la hacienda a raíz del incentivo de la mercantilización de la sociedad, de la penetración, mejor dicho, del capital mercantil. Entonces allí viene, tú lees a este juez puneño José Frisancho y dice que el momento que la sierra sur se va a la ruina es en 1890-1895, cuando viene un nuevo tipo de propietario rural que es el gamonal, que es el ambicioso, el que viene con los raulas y con los tinterillos y les empieza a quitar a la bruta, la tierra a los campesinos y es allí donde viene el conflicto, el choque; pero eso al menos es un testimonio para la sierra sur.

Entonces yo creo que es en ese contexto en que la figura de Pardo aparece como la de un transgresor, un hombre desafiante, pero también como un hombre que maneja las armas, como un hombre que es capaz de poner en aprietos a los que en realidad han ganado el partido, la competencia por el control del departamento. É l es parte de la élite provincial, pero él está fuera de los que controlan la política departamental y frente a ellos se muestran como a un pillo simpático, populista, desafiante, transgresor, una especie de bohemio rural y que probablemente en la imaginación de la gente hace recordar a las buenas épocas de los hacendados benevolentes, de coexistencia de la comunidad y la hacienda, que se materializaba en estas extraordinarias fiestas que se celebraban en la propiedad de Pardo, quien dicho sea de paso, en la fiesta de Chiquián, del que reproducía la conquista que está tan bien narrada por Manuel Burga en su libro "El nacimiento de las utopías", el desempeñaba el papel del Inca. Yo me imagino que hay una relación entre su fama como bandolero y el que desempeña ese papel debería tener cierto status, y yo lo veo más o menos así.

IC. Es curioso, porque hasta ahora se reproduce, hasta ahora uno escucha de Luis Pardo el bandolero, las canciones que mencionas, por ejemplo. Dentro de todo este excelente análisis que has realizado, ¿cómo se inserta el texto de Walter Ventosilla?

JLR. Bueno, lo que a mí me parece interesantísimo desde la investigación histórica es que cuanto más se avanza en la investigación de Luis Pardo-personaje histórico más destruyes el mito. ¿Cómo haces la historia de un mito? ¿Te quedas con el mito y rastreas su papel en la sociedad o sigues buscando el personaje con una visión más empirista y por ende al final destruyes el valor emocional que tiene esa historia? Entonces, lo que hace Walter es escribir un libro sobre el mito, pero para hacerlo, para seguir desarrollando el mito tiene que adoptar una posición desde la literatura. Por eso que en el Perú la historia lo han hecho los literatos y desgraciadamente no fueron reemplazados por buenos historiadores sino por sociólogos, creando un efecto terrible.

Entonces, el dilema que tienen los historiadores es que mientras hacen la historia de la república muy bien; haces la historia del estado, maravilloso; pero cuando entras hacer la historia de las localidades, de la sociedad rural empiezas a encontrarte con unos desafíos extraordinarios: o sea, la valoración, el uso de la fuente escrita termina destruyendo aquellas historias que tuvieron un papel emocional fuertísimo en la constitución de la identidad local, por eso sería que los románticos, indigenistas, vanguardistas de los años veinte, como Federico More, decían, que la historia para la sierra era un adefesio cronológico, diciendo evidentemente que aquellos que venían de la costa y pretendían hacer la historia de la sierra buscaban los datos y los ordenaban cronológicamente perdiendo lo esencial que era el factor telúrico. Por eso estos intelectuales preferían a Spengler, a Monsen o Michelet, o la historia de los precios o de los siglos económicos.

IC. Porque cuando uno llega al libro de Walter, uno se encuentra con un personaje bondadoso, un personaje justiciero, una persona que por lo que mencionabas defiende a los pobres de la injusticia de los hacendados, de los maltratos que ocasionaban a la gente pobre, uno se encuentra con un personaje casi de carne y hueso.

JLR. Claro, pero lo que encontró Carrillo en su investigación no era un fenómeno social, era un personaje relativamente marginal seguido por un grupo muy pequeño de personas. Sí, claro, tú puedes entrar a un pueblo, los chicos salen, ya llegó Luis Pardo, la gente mira más o menos a la distancia, llega Luis Pardo abre la tienda del pueblo, hace que los chicos se lleven todas las golosinas, mete unos cuantos disparos al aire, dice unas cuantas bravatas retando al poderoso local que salga a ver quién es más hombre, saca el trago de la tienda, lo reparte, se arma una especie de jolgorio, y eso también es defender a los pobres y retar al poder establecido.

Entonces lo interesante para mí es que este caso contamos con dos textos de dos personas que probablemente partieron de la misma emocionalidad: un historiador que quiere hacer la historia local, que tiene vínculos con la localidad y que va a buscar a Luis Pardo, y mientras más avanza su investigación Luis Pardo se le escurre por la yema de los dedos y termina preguntándose sino fue más bien producto de los corresponsales de la prensa limeña. De otro lado, un literato que tiene un vínculo creativo, artístico, estético con la sierra, y que encuentra en Pardo una excusa, un pretexto en el mejor sentido de la palabra, un motivo literario, para hablar de una serie de temas que le son caros a él y que significan mucho en la cultura peruana: lo telúrico, el ambiente, viento, el sentido de la vida colectiva, la crudeza con que se procesan los conflictos en una zona donde el pasado parece no quererse irse del todo y el presente llega con enorme dificultad, que es todo aquello que rodea y contagia la emocionalidad de la literatura andina y que me imagino que es lo que hace, y hasta el día de hoy, como tú sabes, haya todavía gente, escritores en el Perú, que se llaman a sí mismos andinos y que se sitúan en contraposición con los que ellos llaman criollos.

Nadie puede en realidad definir del todo de qué se trata estas cosas, pero creo que todos los insiders de la cultura peruana sabemos que si es cierto que existen esta sensibilidad diferenciada, y el mismo día de la presentación creo que estaban en el ambiente. Entonces, digamos, yo me quedo fascinado con el fenómeno cultural que nos implica a todos nosotros, o sea me que quedo fascinado más que con el personaje histórico con lo que significa hablar sobre Luis Pardo, porque es un personaje. Yo por ejemplo conozco a Luis Pardo en un contexto de música criolla en Lima, como un personaje más perteneciente al mundo de lo criollo, pero evidentemente cuando miramos ya el tema más seriamente, él es un personaje desde el lado de lo andino, es un hacendado que comparte la cultura andina local. De allí el otro tema de qué cosa es defender a los pobres y que cosa es hablar contra las injusticias. Es un tema que está tan entrecruzado por muchísimas cosas en los andes donde es tan difícil contraponer a indios y señores cuando vas a lo local, porque hay mucho lió intercomunal. Las versiones múltiples que hay sobre un mismo movimiento social es testimonio de eso, entonces allí entras en problemas. Por eso es que yo me quedo más con este tema de hablar de Pardo más que de saber quién es Pardo. O sea, si volvemos al comienzo de esta conversación ¿quién es Luis Pardo? No sé. Entonces ¿porque hablo de Luis Pardo? Porque estoy hablando de mi, porque estoy hablando del Perú, porque estoy hablando de nosotros. Eso terminan siendo estas conversaciones.

IC. Porque al final, es verdad, el personaje parece perderse y se rescata más bien los otros aspectos.

JLR. Evidentemente, mira en el caso de la novela de Walter, él puede mover las fichas con libertad para crear ambientes, para crear emociones, para crear voces, sobre todo, que te acerquen o te alejen del personaje para enfatizar la maldad de los que llegan de afuera representando al estado, entonces altera algunas fechas, adelanta el fortalecimiento represivo del estado. El estado que reprime y que afirma la autoridad a nivel local es de los años veintes y estos acontecimientos son de la primera década del siglo y es muy significativo porque entre 1907, 1908 y la época de Leguía hubo un cambio muy importante, muy importante, en términos de las cifras, los indicadores de crecimiento del estado, de penetración del estado en la sociedad, de crecimiento carretero, son en conjunto pues prácticamente una mini revolución para la relación entre estado y la sociedad local. Entonces, en este contexto yo lo que siento es, en ese sentido Walter es heredero de una larga tradición, que es la opción literaria como instrumento de conocimiento, y te garantizo que es un tipo de producto escrito, es un tipo de obra escrita que tiene pues un impacto muchísimo más grande que los trabajos de historia propiamente dicho, aunque ahora están saliendo algunas cosas fascinantes de algunos historiadores andinos que encuentro absolutamente extraordinarias, pero que desgraciadamente como no pertenecen al mundo de la historia oficial más o menos pasan desapercibidos. Ahí están los trabajos del puneño José Luis Ayala, tiene una producción extraordinaria, acaba de publicar la biografía de Carlos Condorena que es un dirigente indígena de Huancané y es representativa de esta historia que recoge toda esta emocionalidad, pero que al mismo tiempo busca no tanto reproducir formas de conocimiento que cohesionan a los andinos sino que buscan responder a preguntas o buscan esclarecer de la perspectiva andina temas de la historia nacional y mostrar con mucha claridad que toda historia hecha desde de la costa, hecha en base a fuentes escritas nada más es una historia parcial, completamente parcial. Por eso, los libros de Ayala en particular este último, yo los veo como un tipo de historia que por fin nos comienza a dar la versión desde el otro lado de los andes, una historia que vista desde la costa, como decía, ha sido parcialmente registrada.

IC. Se ha dicho con mucha frecuencia que la literatura está a uno o dos pasos por delante de las ciencias sociales, lo mencionabas también al referirte de la historia. En este caso, desde el libro de Walter Ventosilla, la literatura recrea la historia. Retoma no solo el personaje Luis Pardo sino además la atmósfera de la cual estabas hablando.

JLR. Por supuesto el personaje es casi una excusa para recobrar esa atmósfera, para hablar de todos estos niveles que conforman el difícil diálogo entre costeños y serranos; sí, estoy totalmente de acuerdo.

IC. Como texto de literatura puede convertirse también en un texto que ayuda a entender qué es lo que sucedía en la época porque la literatura al final si bien se adelante a las ciencias sociales, las ciencias sociales la utilizan como una forma de conocimiento y frente a eso también utilizaría la información. ¿Sucederá lo mismo con la novela de Walter Ventosilla que se recurrirá a él para intentar comprender qué pasaba en esa época?

JLR. Por eso me ha atraído en particular este caso porque tenemos un texto histórico al lado que permite una lectura con dos entradas. Eso es lo particular. Si a mí me dices vamos a dictar un curso de historia andina yo no daría el libro de Carrillo sin el libro de Walter, ni tampoco el libro de Walter sin el libro de Carrillo, porque me parece que son dos aproximaciones a la historia de ese período. Por eso hablaba de Ayala, porque creo que Ayala es quien resuelve este dilema porque Ayala es poeta, porque Ayala escribe una biografía de Gamaniel Churata, porque Ayala es un insider de este medio cultural andino, pero al mismo tiempo Ayala quiere explicarle a los costeños de qué se trata esta historia, cuál es la relación de esta historia con la historia nacional. Entonces digamos que esto serían son los criterios con los que yo leería todos estos textos. O sea, cuando tú tienes ya un texto que te pone un record histórico como el libro de Carrillo entonces puedes leer el libro de Walter con el beneficio de leerlo sólo como literatura y ya no necesariamente como historia, que es la virtud y la tragedia de la literatura en el Perú. O sea, como se leyó a Todas las sangres con Rendón Huilca que terminó siendo un personaje histórico; Aparicio Pomares terminó siendo un personaje histórico cuando eran personajes literarios. Entonces, yo creo que todos estos son reflejo de los dilemas culturales del Perú y vamos tomando conciencia que deben de ser parte de un diálogo más ordenado, porque ya no podemos repetir la mesa redonda del IEP de 1965 en que sociólogos y literatos se estrellaron, por eso es tan valioso el documento, la trascripción que se hizo de esa reunión. Se estrellaron, digamos, que el choque era inevitable porque no tenían un terreno común de referencia, estaban hablando de dos cosas distintas.

IC. ¿Crees que actualmente se ha superado ese dilema?

JLR. Creo que hay material para superarlo, pero evidentemente también esto pasa por la creación de foros, de terrenos de conversación, de la voluntad de dialogar. Por ejemplo hay ese encuentro entre criollos y andinos que a mí parecer de poca monta, que simplemente no está informado con seriedad. Es evidente que no hay un intento de conversar con seriedad para encontrar referencias comunes para avanzar sino que es un diálogo que se reduce a tirarse piedras. Claro, siempre puedes regresionar a eso. Por eso yo estoy sumamente contento con la obra de José Luis Ayala, porque creo que avanza muchísimo. El es un periodista, un poeta local que comienza a encontrar maneras de contar la historia que él conoce no sólo por fuentes escritas sino por fuente oral, y por ser un partícipe de la cultura aymara, y comienza a tomar elementos de los historiadores no sólo peruanos, sino también extranjeros para armar un discurso histórico que sin desmedro del telurismo, de la emocionalidad, del uso de la intuición para percibir lo único, lo singular de la cultura propia, se plantea mirar a Puno, a Huancané, a Puno que es el tema que él investiga, en el conjunto de la nación. Entonces produce un discurso histórico inteligible, abierto: inteligible para los que no participan de sus códigos culturales, y abierto al diálogo. Entonces, lo que nos falta es orden y ganas de dialogar. Los elementos están allí. Cuando veo que alguien regresiona a levantar la banderita de "ustedes costeños, nosotros andinos" o viceversa, yo creo que hay ganas de pelear. Los elementos están: hay muchos trabajos. Basta pensar en el ahora de Flores Galindo, en los trabajos de Burga, en los trabajos de Luis Miguel Glave sobre Conciencia Política Campesina. Hay muchísimos trabajos ya. O sea, no podemos decir que no existen las bases para ir disolviendo todos estos entrampamientos.

IC. Cuando leíste la novela de Walter con toda la información histórica que tienes, como historiador, además de lo que me has mencionado cuál fue la primera idea que te vino a la cabeza?

JLR. Bueno, para empezar, empecé a disfrutar el lenguaje, pero como tenía que participar en la presentación del libro; tenía que hacer una lectura crítica. Entonces rápidamente empecé a hacer las preguntas que se hace el historiador, o sea dónde están sus bases, qué me das en términos de información, de cuáles son sus métodos de lucha, su relación con la sociedad, a dónde están los campesinos. O sea, preguntas básicas que se hace alguien que quiere entender a un personaje histórico en su contexto y que quiere ir más allá de una visión plana del personaje, que quiere entender cómo se inserta en el medio social y qué impacto producen sus acciones, y hasta qué punto la versión que estás recibiendo encaja dentro del modelo del bandolero social, que casi automáticamente, cuando lees cuál es la definición del bandolero social, inmediatamente piensas en Luis Pardo. Luis Pardo cae perfecto por lo que sabemos así incidentalmente, o los pocos datos de la versión romántica de su vida. Ese fue el ejercicio que hice, y en ese punto recordé que yo había leído un libro, una biografía de Luis Pardo y la busqué, y efectivamente tenía una fotocopia del libro y entonces empecé a comparar, y me di cuenta que lo rico de esto era esta posibilidad de poder hacer una especie de operación de resta, si le quitamos los datos históricos que queda de este libro. Entonces lo que queda es precisamente esta metodología, esta aproximación a los temas andinos repleta de emoción atribuyéndole al ambiente, a la ecología, a los vínculos entre las personas, un poder transformador telúrico que es una idea que hay que recordar, se acuña como lo peculiar del serranismo, como decían en esa época a comienzos del siglo veinte, con el surgimiento de la vanguardia literaria que se asienta en la sierra.

IC. Finalmente, ¿crees tú que la novela de Walter sobre Luis Pardo a partir de lo que hemos estado conversando, del excelente análisis que has realizado tenga alguna suerte de consecuencia para entender mejor alguna parte de nuestro país?

JLR. Yo creo que tiene una gran relevancia para entender mejor nuestro diálogo de intelectuales, de creadores, de artistas. Me impresiona mucho esta bifurcación entre la historia y poesía, entre historia y creación literaria. Creo que haya por coincidencia una aproximación puramente literaria y una aproximación casi de hormiga, como lo que hizo Carrillo, nos proporciona un excelente ejemplo para pensar en cómo miramos a nuestro país, cómo miramos a la sierra del Perú. El ejercicio de entender a un país es un ejercicio simultáneo de búsqueda y de introspección, de búsqueda de exploración de la realidad y de autorreflexión sobre las categorías que usamos, sobre los diferentes elementos idiosincrásicos, emocionales que condicionan nuestra mirada de las cosas. Conocer al Perú es básicamente un gran desafío, sigue siendo un enorme desafío intelectual. La realidad peruana sigue siendo mejor reflejada por novelas que por trabajos de investigación histórica, y en eso reside su magia y su dicha también, porque creo que en el Perú hay gente que se ha hecho matar por textos literarios, por confundir la literatura con la realidad. Por una serie de razones en el Perú, como es bastante evidente, la creación literaria tiene un gran espacio, tiene sus mitos, sus jerarquías mientras que los historiadores son una provincia menor del conocimiento del Perú, y eso refleja, no creo que esté bien o esté mal, pero sí creo que nos condena a tener una visión bastante parcializada del país. El Perú es un país muy presto, es una sociedad muy presta a moverse por afirmaciones icónicas, míticas, a pasar de la depresión a la exaltación más aguda, al optimismo más férreo y creo que si comenzamos agarrar textos como el de Walter, como el de Carrillo y empezamos a mirar, a calibrar, y a reconocer nuestras aproximaciones y a desmontar los mecanismos de los propios intelectuales, podríamos ordenarnos muchísimo y avanzar mucho mejor en esta tarea sin fin de entender mejor al Perú.

IC. Gracias José Luis.

 

Texto de la presentación
"Luis Bandolero Luis" de Walter Ventosilla

Fredy Amílcar Roncalla

En " Luis Bandolero Luis " el estilo presenta con gran naturalidad a personajes asequibles y humanamente cercanos, sin los extravíos emocionales de cierto indigenismo. Pero la claridad estilística de la novela no significa pobreza técnica, o que los personajes sean chatos. Estos mas bien son complejos y hasta ambiguos. Con el trasfondo del bandolerismo es también un estudio de amor y las traiciones y deslealtades en torno a este. La historia es contada por dos voces.

 

Texto de la presentación
Luis Pardo: entre la leyenda y la realidad

Walter Ventosilla

Aquella vez mi abuelo me dijo que, a su vez, su abuelo le contó que de niño había visto al bandolero cuando un día llegó a su pueblo, llamado Gorgor, en la serranía de Cajatambo, que entonces pertenecía al departamento que he mencionado, pero que desde 1918 forma parte del departamento de Lima.

 

Imágenes
Fotos de la presentación

Arturo Quispe Lázaro

 

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