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Expresiones
Exposición fotográfica
Mayo es tiempo de fiesta en el Istmo
Gabriela Zamorano
Hay de todas parejas. Los jovencitos que a penas se miran a los ojos. La de ancianos, ella de paso suave, el de rondas intermitentes. Mujeres con mujeres riendo a carcajadas. El baile brincadito, sueltos y agarrados...
Afuera las chicharras anunciaron la lluvia. También las nubes la anunciaron, breves, borroneadas, de un gris suave sobre azul. El sudor no abandona nunca la piel, pegajoso como el cantar de las chicharras.
En el Istmo de Tehuantepec, al sur de México, mayo es el tiempo de fiesta: que si la Calenda , que si las Velas, que si la fiesta del pueblo de san tales de cuántos, que si la boda, que si la graduación de la escuela, que si la lavada de olla.
Otra vez imágenes embriagando el baile: calor intenso, cerveza tibia, mirada de cristal y música en cascada, estrépito de luz y ensueño derramado sobre la oscura masa de cuerpos meneándose al son de La Cacerola . Esta tarde, Los Auténticos alternan con Los Diferentes. Anoche fue Dinastía y el próximo domingo será Willy y sus teclados.
La noche ha refrescado. La noche cambió los trajes de flor bordada sobre terciopelo y adornos en el pelo por la falda ajustada, el escote amplio y el tacón que se hunde sobre la tierra aún húmeda de lluvia. La reja de malla es la frontera. Adentro: damas 50 pesos, caballeros 70 y reservados de mesas de lámina con el sello de Corona por 20. Afuera espera un hombre con su sombrero, su cinturón vaquero, camisa a cuadros, los enrojecidos ojos de fiesta y su cartón de cerveza tibia. Una mujer de nahua amplia y gestos silenciados, hundidos sus ojos en los efectos enceguecedores de la luz neón.
Adentro, niños enropados de fiesta corren detrás de algún juguete recién inventado. Son olas ansiosas de besar la arena las niñas que comienzan a hallar en el baile las primeras miradas del deseo, con sus labios de rojo intenso, el peinado de fleco y los ojos llenos de luz. Los muchachos apuran el trago agrio de la cerveza y con un golpe amachado del cigarro transportan su prisa. El baile es el lugar de encuentro, ahí donde las miradas se persiguen entre el movimiento y la escasa luz, ahí donde el brillo de los ojos choca y escapa, para convertirse en gota de sudor que escurre por la espalda, o en el charco diminuto alrededor de los labios que permanentemente se limpia con la punta de la lengua.
Hay de todas parejas. Los jovencitos que a penas se miran a los ojos. La de ancianos, ella de paso suave, el de rondas intermitentes. M ujeres con mujeres riendo a carcajadas. El baile brincadito, sueltos y agarrados.
Toritos y castillos, regada de frutas, carrera de caballos, el baile de la botella, el de la escoba, el torno, el vals, el recuerdito, el pastel de innumerables pisos, la barbacoa, los cuartitos de cerveza tibia. La foto. El baile, el baile, el baile.
Mayo es tiempo de fiesta en el Istmo.












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