Encuentros y Desencuentros
 
Las trabajadoras del Hogar: Derechos inalienables
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Artículo
¿Es como de la familia?
Trabajo en servicio doméstico en el Perú
Blanca Figueroa
En la vida real, las trabajadoras del hogar necesitan no sólo el respeto de sus derechos de parte de los empleadores (mientras ellas cumplen eficientemente con sus obligaciones) sino también que el Estado se preocupe verdaderamente por brindarles servicios adecuados en educación, salud, acceso a la recreación y otros. Y sobre todo que las instituciones del Estado las defiendan frente a los abusos y maltratos de los empleadores, que se resuelvan apropiadamente sus justos reclamos y que sus oportunidades sean reales. La trabajadora del hogar no tiene por qué serlo hasta el resto de sus días. En el Perú el trabajo en servicio doméstico es, por lo general, visto más como una servidumbre que como un oficio. Quienes ejercen esta ocupación tienen menos derechos que los otros trabajadores, son muy vulnerables frente a la explotación y la discriminación y no cuentan con instancias de protección eficaces.
Por lo general, una niña se inicia en el trabajo doméstico desde muy pequeña . Dentro del ya invisible trabajo que realizan las mujeres adultas, el trabajo infantil doméstico (TID) es más invisible aún. En el Perú la prevención del TID es una tarea difícil porque en las zonas rurales de nuestro país, es culturalmente aceptable que niñas y niños de apenas 5 años tengan ya obligaciones que cumplir, como todo el resto del grupo familiar. El trabajo es percibido esencialmente como algo natural y formativo para la persona.
En muchas familias pobres entrar a trabajar "en casa" puede ser la única vía de "llegar a ser algo en la vida". Emigran a las ciudades aquellas adolescentes y jóvenes cuyas aspiraciones para el futuro no pueden cumplirse en su lugar de origen; por ejemplo, porque en su localidad no existe un colegio para estudiar educación secundaria. Muchas niñas y adolescentes son TID estacionales , puesto que trabajan durante los tres meses de vacaciones escolares para ahorrar y comprar los útiles para el próximo periodo de clases. Otras, trabajan por días u horas, al mismo tiempo que asisten a la escuela; en las zonas de bajos ingresos situadas en la periferia de la ciudad de Lima, es posible observar a niñas de 8 o 9 años que trabajan como niñeras de otros más pequeñitos. Generalmente, a medida que van creciendo, las niñas sirven "cama adentro". Y, tanto en la capital como en las ciudades de provincias, suelen trabajar por un plato de comida, por una propina eventual, útiles escolares, ropa usada, o tal vez sin recibir nada a cambio.
Contra el extendido estereotipo del trabajo en servicio doméstico como algo ejercido principalmente en casas de familias de sectores acomodados y medios, en el Perú el TID es generalmente una explotación de pobres a pobres. Se realiza en los mismos distritos e incluso barrios donde habitan, los empleadores pueden ser parientes reales o ficticios (como "la madrina") o vecinos algo menos pobres con los que los padres se sienten más seguros de dejar a su hija para que "les ayude" mientras ellos, a su vez, se encuentran fuera trabajando. Y también pueden ser maestros u otros profesionales con exiguos salarios que no podrían pagar a una trabajadora de 18 o más años.
Los empleadores de niñas y niños suelen ofrecer a los padres tratar a la niña como hija y mandarla al colegio, a cambio de pequeñas tareas domésticas. Otras veces se presentan a sí mismos como benefactores: acogiendo a una huérfana, aceptando a una niña que huye de un padre abusador, etc.
Hacer las labores domésticas para otra familia puede permitir tejer importantes redes sociales que, a la larga, se conviertan en un apoyo futuro. Por ejemplo, relaciones de compadrazgo que podrán ayudar con préstamos de dinero y otras formas, incluyendo insertar como trabajadoras del hogar a otras integrantes de la familia más pobre. Sin embargo, salvo muy raras excepciones, esa niña será algo más que una recogida, una marginal dentro de la familia en la que se inserte.

Cuando en el Perú se piensa en una "chica" , se está imaginando a una migrante de la sierra, quechua hablante o apenas castellanizada, con escaso nivel educativo e ignorante de los quehaceres domésticos. Por lo tanto, necesitada de que la empleadora le dispense su tiempo, paciencia y sabiduría para que pueda desempeñarse. Verbigracia, también apenas merecedora de un exiguo pago, porque habrá que sacarla de su primitivismo enseñándole desde normas de higiene. Para los empleadores, la trabajadora del hogar es un ser "inferior" cuya razón de existencia -por la que deben estar agradecidas- es la de servir.
Ese imaginario colectivo se sigue nutriendo -todavía, en nuestros días- de la pobreza rural. De allí siguen migrando jovencitas que llegan a la capital apenas con un atadito de ropa, muchas ilusiones e bastante ingenuidad. Es probable que para muchas de ellas el maltrato de los empleadores les parezca incluso menor que el sufrido en su propio hogar, o que la cama con un colchón viejo y la ducha de agua fría (mientras los empleadores se bañan con agua caliente) se agradezcan frente al pellejo de carnero sobre el que dormían en su hogar, mortificadas por las pulgas. Además, una vez fuera de su entorno original, corren el riesgo de cortar todo contacto con su familia: Muchas trabajadoras del hogar recién llegadas a la gran ciudad, guardan en una bolsita o monedero, una nota con el número de teléfono en Lima para ubicar a un pariente; es muy posible que lo pierdan y queden aisladas en la ciudad. Si uno les pregunta la dirección de la casa de su empleadora probablemente la dirán de manera incorrecta y tampoco sabrán llenar los datos para mandar una carta a sus padres .
Este tipo de trabajadoras, generalmente niñas o adolescentes, son las que siguen llegando a las ciudades. No sólo a Lima sino también a Cusco, Arequipa, Cajamarca y otras. Generalmente pasan por un largo periodo de aislamiento (los padres suelen pedir a los empleadores "enganchadores" que no dejen salir a la calle a su hija porque piensan que así la protegen de los peligros de la ciudad). Esos empleadores de enlace, los primeros a los que llega la trabajadora, son muchas veces personas de la misma zona de origen que ella. Los padres entregan a su hija al enganchador con la esperanza de quien es pobre y no ve otra salida, con la confianza en la buena fe de las palabras de los empleadores, con la ilusión alimentada por las trabajadoras que volvieron de visita al terruño, con regalitos y contando maravillas de la ciudad (las que no pueden hacerlo así, sencillamente no vuelven).
Esas trabajadoras, las "serranitas" generalmente llegan a los distritos pobres, a empleadores que comparten los mismos gustos en comida, que prefieren decir que ya olvidaron el quechua y que, en cambio, han aprendido muy bien a explotar a alguien más débil. En los asentamientos humanos de la periferia de Lima hay miles de "chicas" sirviendo a sus paisanos. Éstas son las "chicas" que suelen pasar dos o tres años antes de pisar una escuela, las que duermen en un colchón en el suelo, o comparten la cama con otra persona, o su "cuarto" es un espacio debajo de una escalera.
Parte de la ceguera frente al trabajo infantil doméstico y el trabajo doméstico en general es no visibilizarlo como una práctica prácticamente nacional, donde sólo los muy pobres no cuentan con alguien que haga las tareas domésticas.
Así, no existe un perfil único de trabajadora del hogar. Tenemos a niñitas nacidas en Lima que trabajan en los barrios pobres donde ellas viven; a migrantes quechua-hablantes de la sierra; a jóvenes de raza negra que provienen del sur de Lima y que suelen preferir como niñeras algunas familias acomodadas ; a expertas cocineras que ganan más que un maestro; a mujeres mayores que, después de décadas de trabajar en el servicio doméstico, son despedidas sin tener donde ir. Incluimos en la lista a las que migran para trabajar en servicio doméstico a Chile, Argentina, Estados unidos e Italia, donde se insertan también universitarias y profesionales.
Lo que se mantiene como constante, sin embargo, es la tendencia de los empleadores de querer conseguir más por menos. Esto es, por ejemplo: ofrecer un sueldo mensual equivalente a unos $100 dólares ¡por atender los quehaceres domésticos y cuidar tres niños menores de 6 años en jornadas que superan con largueza las ocho horas diarias!
¿Existen leyes? Por supuesto. La primera norma data de 1901. De las sucesivas, destaca un decreto del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MINTRA) de 1970 (ignorado por la mayoría) y la Ley 27986, Ley de los Trabajadores del Hogar, del 2003. Dicha ley agrega tan sólo tres derechos al decreto de 1970, pero tuvo de inmediato cierta difusión e impacto: una ola de despidos luego de su promulgación, para evitar el pago de beneficios sociales.
Incluso con la ley del 2003, las trabajadoras del hogar no tienen los mismos derechos que otros trabajadores. Tal vez el problema más serio es que, con relación a los derechos que sí se les reconocen, no cuentan con mecanismos eficaces que aseguren su cumplimiento o la sanción para quienes no los respeten. Las leyes pueden ser buenas -"bonitas", podría decirse- pero las trabajadoras saben que, si reclaman sus derechos, lo más probable es que pierdan el trabajo.
Por otro lado, las trabajadoras no valoran la ocupación que desempeñan; en general, no sienten orgullo por su trabajo. Así, evitan decir que trabajan en servicio doméstico. Más aún, aquellas que se encuentran con una "madrina" prefieren muchas veces aceptar condiciones de explotación pero aparentar que se encuentran en un ambiente familiar, como "ahijadas". En el caso de las niñas, la mayoría ni siquiera se da cuenta de que está trabajando.
En este tipo de trabajo se encuentra todo tipo de abusos. Empleadores que maltratan, violan o secuestran a trabajadoras del hogar bajo su techo. Empleadores que le piden prestado dinero a la trabajadora y no se lo devuelven; o que le ofrecen guardarle sus escasos ahorros hasta que ella viaje a provincia pero, llegada la hora, no entregan nada. Empleadores que no reconocen su derecho al descanso, a vacaciones, a gratificaciones, ni compensación por tiempo de servicios. Y, con relación a lo anterior, las sanciones son muy escasas. Ni siquiera para empleadores que hayan asesinado a una trabajadora del hogar.
Por lo general el clima laboral es de incomunicación entre las partes. Por ejemplo, los empleadores muchas veces desconocen el apellido de la trabajadora, la llaman por otro nombre si no les agrada el que tienen, les dirigen la palabra para dar órdenes no para una conversación que muestre algún interés por otro ser humano. Algunos comportamientos de los empleadores fomentan resentimientos en la trabajadora, como el hecho que le quede para comer lo que sobre de la mesa. Otros, pueden acentuar la discriminación, como el uso de un mandil obligatorio (¿contribuye a la higiene o a marcar el status diferente?).
En cuanto a las trabajadoras, también ocurre que efectúen pequeñas venganzas, como los adornos más preciados rotos "sin querer". También se encuentra irresponsabilidad laboral, como cuando toman un permiso de varios días y regresan al mes, o faltan al trabajo sin avisar. Más grave es el caso de robos efectuados por las trabajadoras del hogar, generalmente por montos no significativos a nivel económico pero que no sólo hieren a la familia afectada sino que contribuyen a extender la creencia de que las trabajadoras del hogar no son confiables.
Cabe señalar que cuando se habla de los abusos de los empleadores, la tendencia es a pensar que se trata de casos aislados (cuando es lo contrario) y cuando se habla de las faltas graves de las trabajadoras se sugiere que ocurre en la mayoría de los casos (cuando tampoco es así).
Hasta hace algunas décadas era frecuente encontrar en Lima, pegados en puertas y ventanas de las casas, letreros en los que se leía: "SE NECESITA MUCHACHA". En el caso de no haber encontrado una trabajadora a través del "boca a boca" o recomendaciones de conocidos, ésa solía ser la manera de solicitar una trabajadora del hogar. Los letreros, a través de los cuales cualquiera podía tocar una puerta y ofrecer sus servicios han caído en desuso. ¿Razones? El clima de desconfianza producido durante los años de la guerra interna a fines del siglo pasado, (algunas mujeres fingieron ser trabajadoras del hogar para así informar de las actividades de sus empleadores y facilitar atentados contra éstos), la proliferación de titulares sensacionalistas sobre casos en los que los robos de residencias habían sido planificados en coordinación con la trabajadora de hogar, así como rumores sobre abusos de niños de parte de sus niñeras.
En reemplazo de esa forma de oferta, han ido teniendo más aceptación en Lima las agencias de empleo en servicio doméstico, aunque la mayoría de ellas funcionan como informales, esto es, no cumplen los requisitos de ley. Se les encuentra en la mayoría de distritos; algunas veces se trata simplemente del espacio de un garaje. El MINTRA todavía no realiza una labor de supervisión de este tipo de agencias de empleo por lo que se suelen cometer muchos abusos. Por ejemplo: la práctica de retener el documento nacional de identidad (DNI) de la trabajadora o entregarlo a los empleadores; como la trabajadora ignora que le bastaría declarar la pérdida de su DNI para gestionar la emisión de una copia, cree que no podrá abandonar un empleo porque se encontraría indocumentada.
Las agencias de empleo, con relación a las trabajadoras, suelen no explicarles sus derechos y las envían a cualquier casa (en el Perú no se cuestiona la honorabilidad del empleador). En cuanto a los empleadores, las agencias les envían en respuesta a su solicitud a cualquier mujer que se haya presentado en su local, se ajuste o no a lo requerido por los empleadores. Por sus servicios, las agencias suelen cobrar a ambas partes; muchas veces el monto equivale al 50% de lo que sería un sueldo mensual.

En 1998, la Asociación Grupo de Trabajo Redes (AGTR) inauguró su local La Casa de Panchita , en respuesta al pedido de las trabajadoras del hogar y, en enero 2007, implementó formalmente una agencia de empleos en servicio doméstico LA CASA DE PANCHITA S.A.C. (sociedad anónima cerrada).
La AGTR apuesta, en primer lugar, porque el trabajo en servicio doméstico deje de ser ejercido por niñas y niños que no tienen la edad permitida por la ley . En su agencia de empleos se busca que tanto las trabajadoras como las empleadoras encuentren un espacio de negociación apropiado, porque de eso se trata, de negociar un empleo en ciertas condiciones y de acuerdo a determinadas normas vigentes.
En esta agencia las trabajadoras del hogar no pagan por el servicio de colocación pero deben presentar una copia de sus documentos personales (DNI, declaración jurada de domicilio, certificado de salud y recomendaciones, si las tuviera) y asistir a un taller de capacitación . Dicho taller tiene una duración de 14 horas durante sólo dos días y aborda diversos ángulos del trabajo doméstico: La importancia de la propia autoestima, información sobre la ley 27986, las maneras de contestar el teléfono, qué hacer en una emergencia, nociones de nutrición, orden e higiene, etc.
Los empleadores deben presentar copia de su DNI, un recibo de servicios de su domicilio y abonar el equivalente a unos $30 dólares. Pueden entrevistar a tres trabajadoras. Se les informa desde cuándo se conoce a la trabajadora y sobre el comportamiento de la trabajadora durante el taller.
Se da el caso empleadores que preguntan si se realiza una evaluación psicológica de la trabajadora del hogar, si ha comprobado que sus documentos no son falsificados, y si se ha verificado el domicilio de la trabajadora. Estas expectativas de los empleadores no guardan relación son el pago que entregan a la agencia. Esto muestra como se minusvalora no sólo a las trabajadoras sino también a quienes trabajan en este rubro.
En el caso de la AGTR la agencia de empleos es dirigida por una ex trabajadora del hogar. Ocurre que se presentan empleadoras que gritan, insultan y hasta (literalmente) se introducen por diversos ambientes del local. También han sucedido algunos casos de trabajadoras que han robado en su trabajo o que han dado información falsa. Otras se muestran desilusionadas porque esperaban una atención de caridad, sin esfuerzo de su parte.
¿Desde qué lado del cristal se debe mirar? Evidentemente, desde ambos. Lo anterior simplemente muestra que se trata de dar atención a un público usuario complejo. El trabajo en servicio doméstico debe ser un trabajo que se considere digno, en el que ambas partes respeten sus obligaciones y cumplan con sus derechos.
De llegar a un acuerdo, se firma un contrato escrito. La ley peruana indica que basta un contrato verbal pero eso perjudica a la trabajadora porque, en caso de reclamo, es una palabra contra otra de una persona con mayor poder social. Además, una persona de la agencia firma como testigo. Ambas partes son informadas sobre la ley 27986 y se les entrega un ejemplar de la misma.
En el primer semestre del 2007, se recibieron 813 solicitudes de empleadores y 461 de trabajadoras del hogar, que aceptaron las condiciones de la agencia. Se lograron 162 contratos de trabajo. Luego del primer mes del contrato se realizaron 80 llamadas de seguimiento y 55 al terminar el tercer mes, para averiguar sobre el grado de satisfacción de ambas partes.
Ricardo Pacheco, responsable de la capacitación de las trabajadoras, expresa acerca del seguimiento:
Las empleadoras se sienten satisfechas y manifiestan su satisfacción por el acercamiento propiciado. En algunas oportunidades, luego de la llamada de seguimiento, piden el número telefónico y la dirección de La Casa de Panchita, para "recomendar a familiares y amigos" . Por lo general dicen estar conformes con el desempeño de la trabajadora.
Asimismo, cuando se presentan dificultades en la labor realizada por la trabajadora, la llamada de seguimiento facilita la resolución del conflicto, orientando a la empleada en la negociación o brindando alternativas de solución. Con el fin de que las TH se sientan fortalecidas al ser capaces de conseguir soluciones por sí mismas, dejamos nuestra intervención como última alternativa, para evitar que la relación laboral se rompa.
Las llamadas de seguimiento permiten resolver dudas sobre el cumplimiento de la ley: "¿Cómo es para que pueda inscribirme en el seguro?" , pregunta una trabajadora. Aunque no sea durante los seguimientos, las llamadas consultando el cumplimiento correcto de la ley son constantes: "¿Le toca descansar este jueves y viernes de semana santa"? , pregunta una empleadora.
Las trabajadoras del hogar manifiestan estar a gusto con las llamadas de seguimiento que reciben en sus respectivos trabajos . "¡Ah! de Panchita, gracias por llamar, ¿puedo preguntar algo?, mañana que es feriado ¿nosotras podemos salir?, ¡Gracias por acordarte de mí y llamarme!, antes nunca han hecho eso cuando salí de otras agencias a trabajar y ¿cómo están por ahí?, ya vendré a visitarlas uno de estos días no he tenido tiempo por mis estudios.
Los seguimientos permiten conocer a los empleadores y trabajadoras y de este modo registramos empleadores "no gratos", aquellos que no tienen ninguna intención de mejorar el trato "yo pago para que hagan el trabajo, no es suficiente con todo lo que tienen en la casa, además tengo que pagar beneficios sociales, yo no estoy para rogar, si quieren nomás, si no me voy a otra agencia donde no me exigen esas cosas" nos dijo uno de ellos. Con las trabajadoras también hacemos lo mismo, si muestran irresponsabilidad y no ponen interés por mejorar su trabajo, no les conseguiremos otro empleo" .
En la agencia de empleos se procura responder a las demandas de ambas partes. Por ejemplo, hay trabajadoras del hogar que desean trabajar "cama adentro" porque no tienen familia en Lima; otras, insisten en un trabajo que les permita regresar a dormir en su hogar. Los empleadores, por su parte, suelen ofrecer trabajos "cama adentro" porque, entre otras cosas, así no tienen en cuenta la jornada de 8 horas.
Ricardo Pacheco explica:
La demanda constante de los empleadores es que las trabajadoras contratadas se mantengan en el trabajo de manera estable y puedan tener confianza en ellas. "Yo necesito una persona responsable y honesta, ella se quedará sola en la casa" , "Ella será la responsable de la casa" , " confío en ustedes porque conozco a una persona que contrató de allí y les va muy bien " " necesito una trabajadora para que cuide a mi hijo, estoy muy contenta con la trabajadora que contraté para todo servicio" dicen las empleadoras al momento de realizar la solicitud".
De parte de las trabajadoras el "buen trato" es tal vez lo más valorado y luego, la oportunidad de asistir a un centro de estudios, que les permita alguna vez trabajar en otra ocupación.
En LA CASA DE PANCHITA SAC, quien se acerca a contratar es generalmente una mujer, la mayoría de las veces alguien que trabaja fuera de su casa y que junta sus ingresos con los de la pareja para alcanzar ciertas metas para la familia. La trabajadora, aunque a menudo es una joven soltera, usualmente tiene responsabilidades que atender con la familia que dejó en el lugar de origen, o tiene sueños de una mejor calidad de vida.
Tanto la empleada como la empleadora podrían ser, de alguna manera, aliadas. Sin embargo, no suelen serlo. Con frecuencia comparten los gustos por las mismas telenovelas y la trabajadora, consciente o inconscientemente, va imitando a la empleadora. Si bien ésta no se acerca a las costumbres de la trabajadora, los niños de la empleadora -si son pequeños- serán "tocados" por la cultura de la trabajadora (las expresiones cotidianas, las formas de reír, de vestirle o acompañarles en la escuela) que los dueños de casa no saben apreciar. Es notable ver cómo la trabajadora del hogar tiene una fuerte presencia en muchas novelas de destacados escritores peruanos, expresando en sus obras los especiales vínculos de afecto con quienes realizaban el servicio doméstico .

En la vida real, las trabajadoras del hogar necesitan no sólo el respeto de sus derechos de parte de los empleadores (mientras ellas cumplen eficientemente con sus obligaciones) sino también que el Estado se preocupe verdaderamente por brindarles servicios adecuados en educación, salud, acceso a la recreación y otros. Y sobre todo que las instituciones del Estado las defiendan frente a los abusos y maltratos de los empleadores , que se resuelvan apropiadamente sus justos reclamos y que sus oportunidades sean reales. La trabajadora del hogar no tiene por qué serlo hasta el resto de sus días.
Muchas empleadoras con bastante y sincera bonhomía suelen decir acerca de su trabajadora del hogar "Es como de la familia". Eso no es cierto. La trabajadora del hogar tiene su propia familia : en algún lugar, con padre o sin él, con buenos o malos recuerdos. El Perú cambiará el día en que el paternalismo benévolo sea sustituido por un trato respetuoso donde empleadores y trabajadoras del hogar se miren unos a otros como iguales, como sujetos de derechos y deberes. Algo todavía muy difícil de alcanzar, hoy en día, en nuestro país.
Blanca Figueroa
Septiembre, 2007
De preferencia utilizaremos el género femenino porque la gran mayoría de quienes trabajan en servicio doméstico pertenecen a este género.
Los empleadores suelen decir que quieren una "chica". Antes, llamadas "sirvientas", "servilletas" o "natachas". Luego "muchachas" y posteriormente se pasó a "trabajadoras domésticas". A partir de 1970 se les llama por ley "trabajadoras del hogar". Asimismo, las "amas" son ahora "niñeras". Algunos empleadores prefieren usar el término anglosajón "nanny". En todo caso, son nuevos nombres que no significan mayor respeto por quienes hacen este trabajo.
Hace pocos años la AGTR pidió a más de 400 trabajadoras del hogar, estudiantes en colegios de la noche, que escribieran la dirección de su familia en provincias. La AGTR prometió enviar sus cartas; no hubo ni diez direcciones que pudieran servir. Otro ejemplo: se dio el caso que una trabajadora decía que laboraba "en la Avenida de la Marina " a secas, sin saber que dicha avenida tiene más de cincuenta cuadras.
Es costumbre generalizada en los ambientes de altos ingresos contratar a afro-peruanos como porteros y miembros de seguridad en discotecas y hoteles, así como de cargadores del cajón con el difunto (por ejemplo, en el caso de los últimos dos presidentes de la república fallecidos) lo que no hace sino confirmar el racismo que impera en nuestra sociedad.
Para mayor información, visitar el sitio Web www.gruporedes.org
El Código del Niño y del Adolescente señala que las niñas y los niños menores de 14 años están prohibidos de trabajar en servicio doméstico.
Taller "Hogar, una atención eficiente"
La agencia está planificando el establecimiento de pagos diferenciados, para brindar más servicios a los empleadores dispuestos a abonar su costo.
Por ejemplo en Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa o en Un mundo para Julius de Alfredo Bryce Echenique.
En las comisarías o juzgados, por ejemplo, cuando denuncian una violación sexual se les dice que tienen un "himen complaciente". 
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¿Es como de la familia?
Trabajo en servicio doméstico en el Perú
Blanca Figueroa
En la vida real, las trabajadoras del hogar necesitan no sólo el respeto de sus derechos de parte de los empleadores (mientras ellas cumplen eficientemente con sus obligaciones) sino también que el Estado se preocupe verdaderamente por brindarles servicios adecuados en educación, salud, acceso a la recreación y otros. Y sobre todo que las instituciones del Estado las defiendan frente a los abusos y maltratos de los empleadores, que se resuelvan apropiadamente sus justos reclamos y que sus oportunidades sean reales. La trabajadora del hogar no tiene por qué serlo hasta el resto de sus días. [leer más]
Exposición fotográfica
El reto de la educación para las trabajadoras del hogar
Asociación Grupo de Trabajo Redes
Aquí algunas imágenes de nuestras actividades de promoción de la lectura y la escritura en los centros educativos, con las trabajadoras del hogar y los trabajadores infantiles domésticos. [ver las fotos]
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