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Artículo
Los hostales de Lima, el Punto G de la ciudad

Laura Soria

En Lima, los hostales se han incrementado, algunos vienen de a dos por lado de cuadra, están cerca de colegios, institutos, fábricas, en la zona industrial, en la residencial, frente a hospitales y la morgue. Los hay con estrellas iluminadas, pintaditas, de colores, con lucecitas, negras, grandes o chiquitas, pero también los hay sin estrellas, aquellas valientes que se quedan como soldaditas firmes a la espera de los clientes aún persistentes que quieren amarse aún en las condiciones más desoladoras.

 

A Tracey le impresionó algo que los demás no vieron, o hicieron como que no veían, pero que a ella la paralizó y le dejó, para siempre, una señal en la memoria: ante el fuego, ante el peligro, las hormigas se separaban en parejas, y de a dos, bien juntas, bien pegaditas, esperaban la muerte.

Las Hormigas. Eduardo Galeano.

 

El castigador, La ingenua, 5 mentarios, La reconquista, 40°, Detalles, el refugio de los infieles, El tiburón,... son algunos de los lugares donde los cuerpos se juntan, bien pegaditos, para encontrar el goce, el dominio del placer sobre los sentidos, aunque para algunos ello los lleva directamente a la muerte.

 

Los cuerpos -dos, tres o cualquier número preferido- en su búsqueda por el encuentro con el otro , por el aruño , por el gozo, inventarán el mejor espacio que les permita preservar cierta intimidad, lo que dependerá, como todo, del dinero con que se cuente, antes que de las ganas que se tengan. Así la oscuridad de un parque, la soledad de la calle o las cuatro perillas de la una cama, si es confortable mejor, serán algunos de los lugares que los amantes elijan para seducirse.

 

En Lima, los hostales se han incrementado, algunos vienen de a dos por lado de cuadra, están cerca de colegios, institutos, fábricas, en la zona industrial, en la residencial, frente a hospitales y la morgue. Los hay con estrellas iluminadas, pintaditas, de colores, con lucecitas, negras, grandes o chiquitas, pero también los hay sin estrellas, aquellas valientes que se quedan como soldaditas firmes a la espera de los clientes aún persistentes que quieren amarse aún en las condiciones más desoladoras. Los hay también con televisor, con canal para adultos jadeantes todo el tiempo, con jacuzzi, con columpios, con luces de neón, con juguetes para adultos, con agua caliente, con baño, "calientitas", con espejitos a la altura de la cama, en el techo, con camas redonditas, con música seleccionada a gusto del cliente.

 

También los hay oscuros, de escaleras angostas, de pasadizos sombríos, de lugares con olores a orine, con pisos mojados por los fluidos corporales que no logran llegar al drenaje a tiempo, de paredes sucias, de sábanas oscuras, de colchones donde se ha dejado destilar más que el sudor de los cuerpos, de puertas abiertas donde los límites de las habitaciones se diluyen, de iluminación proveída a escondidas desde la calle, de personas que nos escuchan y observan y que dejan que los observemos.

 

Igualmente los hay de quienes reciben en el día a las parejitas furtivas, amantes adultos que descubren en el sigilo el acicate para alimentar sus cuerpos con ganas y deseo, llegan temprano, como quien marca tarjeta. Éstas no esperan a la noche para amarse, el peligro de la oscuridad y las demandas de las firmes , las catedrales , pondrían en riesgo esta aventura vivida por más de cinco años.

 

Lo mismo ingresan las parejitas jóvenes, nuevos amantes para este mundo de encuentros y desencuentros, a esta tortuosa manera de hallarse y hallar al otro. Ilusionados con el primer amor, todo llama su atención, quieren saberlo todo, conocerlo todo, animados con dejar sus documentos en la recepción como símbolo de adultez, encuentran el derecho gozoso de la ciudadanía, antes que haber votado ya encontraron un mejor uso al DNI. Estos jóvenes ilusos aún creen en la permanencia del amor fiel y auténtico. Besándose con ansias como cuando se besan unos labios nuevos, apagando y encendiendo la llama sagrada, jurándose estar juntos mientras que cada minuto que pasen separados sea para sufrir. Deja que diga que no te pediré que me quieras mientras vivas, pero palabra de amor no diré , como lo suscribe El Último de la Fila.

 

Llegan también aquellos que prefieren amar de noche, amparados en la oscuridad escogen a la pareja en la calle, asumiendo que esos cuerpos son naturales, entregados a la ilusión de que nadie vea que sus preferencias son otras, que optan por las mujeres con pene.

 

Los hay de veinte soles con baño propio -aunque el amante de esa ocasión no sea tan propio- con televisor y sábanas blancas, lavaditas con lejía y desinfectante, cambiadas apenas el "pasajero" deja la habitación. Pero también los hay de tres soles con camas de cemento y espuma morada para amortiguar el golpe que los apasionamientos nos imprimen y ya no vemos escenas jadeantes en la caja boba sino que somos observados por quienes quieren hacerlo a cambio de dejar unas monedas en esa vieja caja de madera.

Los hay de dormitorios de diez metros cuadrados donde existe espacio suficiente para bailarse una marinera conche perla, con indumentaria y todo, antes del acto final. Pero también los hay de cuartos de menos de seis metros cuadrados con baño común, donde las posibilidades del salto del tigre con patada al foco se vuelven menos reales.

 

Los hay cuyos dueños heredaron una vieja propiedad en una zona de la ciudad donde los demás familiares no querían mudarse. De aquellos que guardaron sus ahorros, resultado de varios años de trabajo en la fábrica donde hombres de ojos rasgados hacían señas para dirigir sus labores. También de aquellas familias que escogieron como estrategia de supervivencia el arriesgarse por poner un negocio de este tipo. Y en muchos de estos casos las historias propias empiezan a formar parte de las que discurren entre esas paredes. Como aquel dueño cuya pareja terminó yéndose con uno de los clientes que demostró que lo asiduo de su asistencia al lugar no era precisamente por los servicios que el hostal proveía. O como el caso de aquel sujeto lleno de cadenas de oro que dejó que el calor de las amigas de la calle pasara del carro en el que las paseaba hacia el de la cama que sus trabajadores acababan de limpiar.

 

Pero en ninguno de esos casos la inversión en dinero ha sido poca, para algunos se ha traducido en no menos de 150 mil dólares. La otra inversión, la anímica es mayor, saber de tantas y tantas historias, de juramentos de amor, de fidelidades rotas, de fantasías poco "normales", de peleas con cuchillos, de angustias de otros, desgasta. Llega un momento en el que ya no se quiere saber más, que es preferible poner su aviso de no disponible para cualquier pasajero que pase por el hostal.

 

Igualmente los hay de aquellos que dejan una entrada mensual, libre de impuestos, de cerca de cuatro mil dólares contantes y sonantes, netos y bien netos. O como de aquellos que con las justas alcanzan los quinientos dólares mensuales, pero en todo caso nunca nada despreciables.

 

La edificación de estos lugares amatorios está normada por el reglamento de construcción , claro que en él sólo se hace referencia al servicio de alojamiento no permanente, al efecto que sus huéspedes o usuarios pernocten en dicho local, a condición del pago de una prestación previamente convenida , velando el verdadero uso de estos espacios. Así por el albergue temporal o permanente se otorga una contraprestación monetaria y con la sola inscripción y firma de la tarjeta de registro se establece una relación jurídica entre el huésped y el establecimiento. El pacto está sellado y lo que pase entre esas cuatro paredes quedará a riesgo del cliente.

 

No pueden ser construidos en cualquier zona. En las áreas urbanas deben estar en R1-S, R1, R2, R3, R4, R5, R6, R7, R8, C2, C3, C4, C5, C6, C7, C8, C9 y otras nomenclaturas que se pierden a la vista de los amantes. Deben contar con retiros -y no precisamente los espirituales-, con coeficientes de edificación o área libre reglamentaria, debiendo la Comisión Técnica Municipal exigir proyectos tales que guarden armonía con las construcciones vecinas, y éstas no sean afectadas por este uso .

 

Deben contar con áreas de entrada de pasajeros, carga, descarga, abastecimiento, servicios, eliminación de basuras. Con espacio de estacionamiento de una por cada diez camas, con un área de comedor de un metro cuadrado por cama y nunca menor de los treinta metros cuadrados y con un área de cocina de sesenta centímetros cuadrados por habitación.

 

Los dormitorios dobles -dependiendo de las estrellitas- deben tener como área mínima los doce metros cuadrados y aquellos que quieren estar solitos en habitaciones simples deben contar con un área suficiente de tan solo ocho metros cuadrados. El closet debe tener como mínimo sus dos metros cuarenta, aunque la ropa que se saque para tal ocasión nunca se pretenda colgar en las perchas ya que el deseo y las ganas de desvestirse siempre será apremiantes.

 

Los baños no deben ser nunca menos de tres metros cuadrados. Se exige mínimo un lavatorio e inodoro; la tina o la ducha ya es un añadido a gusto del dueño y de la cantidad de dinero que arriesgue en este nuevo negocio que se expresará en la tarifa que quiera cobrar. Los de una sola estrellita contarán con baños comunes. La iluminación será eléctrica -las velas y la media luz van por cuenta de los usuarios- un tomacorriente y un espacio para el espejo destinado a tocador. Se exige que las paredes sean revestidas con material impermeable y dependiendo de las estrellitas tendrá más de dos metros o con las justas llegará al metro ochenta.

 

La recepción debe ser suficientemente espaciosa para permitir la presencia de no menos de 10% de la capacidad instalada de los huéspedes del establecimiento, claro que cuando uno ingresa lo que menos quiere es medir estos espacios y el huir de sus miradas será un elemento esencial. Nada de juicios morales, nada que retrase la decisión tomada.

 

En el registro de huéspedes nuestros nombres quedarán inscritos, nuestro sexo, nuestra nacionalidad, nuestro número de identidad, nuestra dirección habitual, la fecha de ingreso y la fecha probable de salida, el medio de transporte utilizado, el número de la habitación asignada y la tarifa correspondiente con indicación de los impuestos y sobrecargos que se cobrarán adicionalmente. Claro que en el caso de los sin estrellita dejaremos sólo nuestro sobrenombre.

 

El MITINCI será quien clasifique y coloque la categoría del hostal. Supervisará el estado de conservación de los establecimientos, condiciones y calidad de los servicios y aplicará sanciones. Evaluará la actividad hotelera a través de la información estadística que les será remitida por los establecimientos cuando se les solicite. Lo cierto es que este personal sólo mirará una vez al mes que el libro de registro cuente con todos los datos y se dará la media vuelta y se irá con el sol cuando muera la tarde.

 

En un contrato de hospedaje, el establecimiento puede reservarse el derecho de permitir el ingreso de los huéspedes y de sus invitados por razones de seguridad y salubridad, o porque se contravengan las normas de orden público y buenas costumbres . De hecho ellos lo hacen, definen cuál es el perfil de usuario(a) que deben ingresar y cuál de sus invitados(as) y las buenas costumbres quedan a juicio de quien se encuentre en recepción.

 

Los servicios generales obligatorios para todos, con una o tres estrellitas, será el agua fría y caliente -aunque nos demoremos en identificar si H es "helado" o "hot" y si C es "caliente" o "cold"-, el cambio regular de sábanas y toallas -aunque regular no sea tan regular que se diga-, una limpieza diaria de la habitación, aunque el uso de la misma sea de más de una vez por día. Debe tener un teléfono público, aunque se supone que el MITINCI no ha pensado que el uso del mismo sea para ubicar a los amiguitos o amiguitas que brindan sus servicios delivery.

 

Cumplidas las reglas descritas sólo falta el permiso de la municipalidad para dar rienda suelta a las más bajas pasiones. Sin embargo, estos hostales pueden funcionar, después de introducidos los documentos respectivos, sin haber obtenido en sus ocho años la tan ansiada licencia de funcionamiento sin ningún problema. Los municipales pasarán cada seis meses para verificar que la fumigación del local se haya realizado y regresará a los seis meses siguientes, un poco más viejo, cansado, triste y sin ilusiones, total su sueldo lo paga el polvo ajeno.

 

Los de Defensa Civil verificará que los elementos de seguridad estén presentes en la construcción -escaleras anchas, vías de acceso y salida señaladas, entre otras- y después de ello no volverá por el local, salvo que como cliente asiduo.

 

No perturbar la tranquilidad de los pasajeros resulta ser el principal elemento que distingue un hostal y es que para hacerlo se necesita de mucha concentración. La discreción y el proveer de privacidad a los pasajeros se convierte en los elementos más importantes para lograr la fidelidad de los mismos.

 

Los vecinos de las zonas de uso residencial se sienten medio incómodos cuando el placer se coloca delante de sus ojos. Se molestan, se inquietan, temen que las parejas se discutan en la calle, que se provoquen peleas, pero en el fondo a lo que temen es la sexualidad activa a toda hora puesta al frente de ellos y ellas, expresándose, inquietando los cuerpos de quienes viven cerca, cuestionando nuestro derecho al gozo. Calma la angustia cuando aparecen algunos beneficios en la cuadra nunca antes tenidos: la seguridad, el guachimán que nos cuida mientras los cuerpos se relajan. Aunque ingresar a robar la caja del hostal no se vuelve un problema para los delincuentes y así de fácil resulta también asaltar a los pasajeros , es el precio que se paga por momentos de calor y sudor.

 

Un toque de claxon es el "ábrete, sésamo!" moderno, el cuarto de las sorpresas se presenta ante sus ojos, con la rapidez suficiente para que el cliente no se angustie en la puerta o la pareja no siga reclinada en el asiento para no ser vista. La cochera es básica en estos locales, cuando no existe este espacio, los dueños compran forros de autos para que éstos no sean reconocidos por infidentes

 

Aunque ambos pasajeros debieran dejar sus documentos en la recepción, junto al billete que cierra el trato, serán los hombres quienes por lo general dejarán registrados sus datos en los libros de huéspedes. Total una raya más al tigre no importa, pero sí le importa a la dama que lo acompaña. Ella ocultará la cara a quienes le miren de frente y su nombre jamás será anotado.

 

Los empleados -elegidos varones por el esfuerzo de las labores: subir y bajar escaleras- deben mostrar un trato atento, ser discretos, no preguntar mucho ni mantener la mirada por mucho tiempo, la "normalidad" en el trato se vuelve sustancial. Los rostros deben expresar esa normalidad e invitar a los pasajeros a ingresar.

 

Los clientes habituales van dos o tres veces por semana. Gastan unos sesenta soles por algunas horas de dejarse aruñar . Las edades no importan, siempre y cuando el varón cuente con los documentos de mayoría de edad, las mujeres pueden sólo aparentarlo.

 

El local se reserva el derecho de admisión, preferentemente los de estrellitas, y eso funciona para con los homosexuales, principalmente varones, las mujeres pasan piola porque como son mujeres no pasa nada. Tampoco pasan en grupos (más de dos) principalmente porque maltratan la habitación. Pero si pueden pasar varones con prostitutas, chiquillas levantadas en la calle que vienen acompañadas por mujeres mayores que esperan tranquilitas los cuarenta minutos reglamentarios en recepción y cuando su amiga baja, se van juntas a buscar nuevos clientes. Pero jamás se permitirá que los varones hagan cola por alguna de las niñas en la habitación, es un hostal no un prostíbulo.

 

Las mujeres son también de diversas edades y ocupaciones: amas de casa, estudiantes, profesionales, artistas, policías,... Algunas llevan a su hijo(a) y a veces los dejan en recepción viendo televisión o alquilan el cuarto con televisor y suben al niño(a). Aunque estos casos son pocos en el año, existen.

 

Los escándalos se dan. Las esposas que no tienen un pelo de tonta, siguen a sus maridos hasta los hostales y piden salgan éstos. Muchos se esconden o salen en el auto a toda velocidad, huyendo hasta que la esposa los encuentre. Ellos se encargarán de convencerlas de que nada de lo que vieron era real y regresarán a la siguiente semana o al mes, como si nada hubiera pasado.

 

Vienen de todo lado, de cualquier distrito de Lima, para éstos cuanto más lejos de sus casas mejor. Pero la mayor parte, 80%, son vecinos(as) del distrito, amigos del colegio, del barrio, amigas de la parroquia, primas, tías, el panadero, el policía, conocidos cuyos secretos serán bien guardados.

 

La limpieza en las habitaciones es algo que las mujeres reclaman más que los hombres. Las habitaciones con línea blanca es el gancho del servicio: sábanas limpias, toallas no percudidas, papel higiénico y jabón nuevo, en promedio se tiene cuatro juego de sábanas por habitación. Las sábanas de colores o floreadas generan desconfianza. De 10 pasajeros, 8 se bañan en la habitación antes de salir, dejando atrás cualquier seña que genere suspicacias en la otra vida.

 

El pago de las habitaciones la hace el hombre, raras veces la mujer. Algunas de ellas se ven en la obligación de hacerlo cuando su pareja finge buscar en los bolsillos y dice: "ya pe cholita!!" y ellas sacan el dinero de su monederito renegando del hecho. Las parejas jóvenes de estudiantes sacan el dinero de sus propinas en el mostrador y ambos asumen en igualdad de condiciones los gastos de la pasión, juntando de una en una sus moneditas.

 

Las parejas diurnas no siempre son muy cuidadosas al mezclar sus fluidos, más de dos tercios de los pasajeros no usan preservativos. Algunos traen sus propias marcas y otros lo compran en el hostal, claro que siempre pedirán una rebajita en el precio o que sólo le vendan ¡unito, sólo unito! . En recepción siempre se encontrarán a la venta preservativos, casi nunca óvulos o la píldora del día siguiente.

 

Las expresiones de las mujeres son las que más retumban en el hostal, las hay gritonas, escandalosas, bulliciosas, las que suspiran, las de ¡ay, Dios! , ¡Dale, papi! . Los de recepción tocan la puerta y piden bajen el volumen de sus pasiones. También los hay mandones, indicando en voz alta y confundiendo a las parejas las posiciones a adoptar o despertando curiosidad y cierto vouyerismo en quienes se encuentran al lado.

 

Los tiempos que demoran los pasajeros en la habitación es variado, desde 15 minutos -dejando a los de recepción con cara de sorpresa y es que el viagra no siempre funciona- a sus cuatro horas firmes en días de semana. En los fines de semana el tiempo y el relajo es mayor, pueden quedarse sus doce horas como manda el medio servicio de hotelería.

 

Los viernes y sábados son los días más movidos, en una hostal de nueve habitaciones pueden ingresar más de treinta pasajeros . Hay meses donde la pasión baja a niveles ínfimos, como marzo por ejemplo y ello guarda relación con los gastos de la familia en el colegio de los hijos. Esos meses los padres asumen una paternidad responsable. En los meses de verano, el sol, las playas, los bikinis, los torsos desnudos, la cervecita, pone calentona a la gente y los cuartos se llenan incluso en los días menos concurridos: los domingos, donde se alcanza un 300% adicional del uso de las habitaciones. El frío y la humedad de nuestra Lima apaciguan el deseo de las y los limeños, la llovizna encierra a las personas en sus casas y con las catedrales , el número puede bajar hasta el 20% de lo normal.

 

El día siguiente de pago en los trabajos, los 16 de cada mes, los usuarios están presentes retomando las actividades, fieles al castigo. En el día de la madre, los adultos dejan de asistir y sólo se ven en los hostales a los estudiantes afanosos dándole duro a la cama. El día de los enamorados y de la secretaria, se va desde temprano. Estos días no se incrementa la tarifa, sube sí en Año Nuevo y más si vienen con serpentina amarilla y con ganas de abrazar al de recepción que los recibe con cara de pocos amigos, porque éste tendrá que recoger los globos y apagar los muñecos quemados en la calle que la gente encendió en la madrugada.

 

Siempre que ingresan nuevos pasajeros al hostal se está pendiente de sus preferencias y al tanto de sus costumbres por si éstas incomodan con el perfil del hostal. En los últimos años se ha incrementado el número de mujeres mayores que pagan las habitaciones y tienen como invitados a varones menores que ellas.

 

Con las trampas , las capillitas , tampoco se es fiel, es posible que los asiduos soliciten una habitación y dejen pasar a una invitada que no es la usual ni mucho menos la firme . Pero también están los amantes perseverantes que mantienen una relación de encuentros interdiarios por más de cinco años. Aunque la casa no fía, los asiduos consiguen esos beneficios y cuando regresan a los dos o tres días cancelan dos al hilo.

 

Los pasajeros entran con su gaseosita, su cervecita, su pollito, su frutita, para calmar el hambre y la sed previo y post del desgaste de energía.

 

Aunque la limpieza de la habitación es algo que nos hace sentir cómodos, porque nos hace olvidar que antes estuvieron otros donde recostaremos nuestro cuerpo, a algunos el exceso de la misma genera desconfianza, recelo, malestar. El plástico que forra las cosas que ingresan a nuestro cuerpo o que tiene contacto con el mismo -los colchones, los vasos, los preservativos-, nos remiten a un espacio ascético que nos traen a la mente nuevamente las imágenes de otros en la misma habitación.

 

Los colchones para estas actividades no son de cualquier tipo, son los denominados hoteleros. Resistentes, duritos, preparados para la gran actividad. Se recomienda voltearlos a los tres meses, para que duren más de sus diez años. Las tarimas deben ser de madera antes que de fierro, con refuerzo, así se evita el exceso de contaminación sonora, para ello basta y sobra con los pasajeros.

 

Los encuentros nocturnos corresponden mas bien a transacciones comerciales, los levantes en la calle, los servicios delivery, donde el encuentro entre los cuerpos es ocasional y en el que se pretende vivir fantasías por cuarenta minutos reglamentarios.

 

Siempre existen fantasías insólitas. Un pasajero cuyo único afán es pasearse por los pasadizos en minifalda y con tacones o dejar la puerta de su habitación entre abierta para ser observado recostado en la cama. Por no ser del gusto de los clientes, en la siguiente ocasión no es bien recibido.

 

No todos se libran de muertes en el hostal. Como de aquella pareja de adultos de más de setenta años, fogosos ellos, dispuestos a robarle el último hálito a la vida, pero donde la mujer no resistió el encuentro con el deseo. Hombres de rojo y amarillo ingresaron por los pasadizos y bajaron el cuerpo desde el cuarto piso, mientras el amante la despedía desde la acera del frente, escondido entre la gente.

 

O aquel joven que en su afán por evitar que su pareja se aparte para siempre, termina ahorcándose con la sábana de florecitas amarillas del hotel, la misma que aún mantenía el olor de ella. Él prefirió un final definitivo antes que el cuerpo marcado por el dolor, en el que se imprimen los recuerdos de amores no correspondidos. En este caso, la pareja no esperó junta la muerte, más sí la vieron juntos.

 

Como a Tracey, me impresiona lo que los demás no ven o hacen como que no ven, las ganas de los cuerpos amantes por permitirse el gozo en los lugares que la ciudad nos ofrece, dándonos el marco espacial donde hallaremos al otro y a nosotros mismos. Una mirada acuciosa nos muestra que no hay lugar en la ciudad que no esté dispuesta a los rebusques del placer. Luego de este recorrido no queda más que prender el cigarro que se encuentra sobre el velador y calmadamente hacer los anillos de humo, observando como llegan al techo de la habitación, respirando lento, bien lento, calmando el agitado boom, boom, boom del corazón.

 

"A que te aruño, papi!" estribillo de Gata Fiera del grupo de reggaetón Trébol Clan.

Anexo N°1 al Título III del Reglamento Nacional de Construcciones. D.S.N° 107-72-VI. Edificaciones de hospedaje .

 

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Interculturalidad Nº 4
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