Encuentros y Desencuentros
[Versión PDF]  Carta al ex presidente Fujimori
Ud. defraudó a miles de paisanos Juan Tokeshi G.S. Nos cobija un pequeño auditorio con quince jóvenes venidos de distintos lugares del mundo e integrantes del Barco de la Paz. El dolor se repitirá siete días después, a bordo del barco; nuestros interlocutores son ahora ancianos y adultos japoneses que no logran entender, sus rostros adquieren un matiz de indignación e incredulidad.
Volver el tiempo sin ajustar manecillas, sólo cerrar los ojos y abrir la memoria, imágenes como las contaron o lo recordamos de nuestros padres.
...«había viajado con su shamisen (instrumento de cuerda) que tocaba en ocasiones festivas, después bailaba su huaylas y se jaraneaba» (señor huancaíno)...«para que un plato sea japonés lo importante es el sillau y que sea sencillo... la comida japonesa se acriolla cuando se le agrega un poco de ají» (señora Rosa, Lima)...«cuando voy a la catedral rezo, a Buda también le rezo, y al kamisama (deidad shintoísta) también» (obachan/abuela limeña).
Querer retrasar el reloj de la historia y tener la posibilidad de corregir los errores que se acumulan geométricamente. Usted tercamente pretende continuar, por segunda y tercera vez, hasta finalizar huyendo. Se cruza el umbral de la razón y del bien. Nos espera una gran sombra, que empaña cien años de acercamiento, de amores y desamores, de construir un puente. Tejido social, urdimbre de culturas que tiene hoy un gran vacío.
1990
Con el lapicero en mano me tienta tocar el destino de los próximos cinco años. El aspa que señale en el recuadro abrirá -todos esperamos que esta vez sí- la posibilidad de un gobierno más representativo y nuestro. La advertencia del presidente de Mesa me devolverá al 10 de junio, en una antigua aula de un colegio victoriano.
Ninguno de mis mayores pensó que los surcos que marcaban en los cañaverales de hacienda costeña señalarían el norte de alguno de sus descendientes. Allí había que pensar más en ser creativos para poder sobrevivir, en ahorrar para la «vuelta a casa» y el reencuentro con padres y hermanos.
«Lo que se quiere es que él como hijo de japoneses, quede bien y como paisano hay que ayudarlo. Existe simpatía y orgullo que un hijo de japoneses sea presidente, aunque no se quiera decir. Pero también estamos temerosos de que no resulte su gobierno y luego nos ataquen a nosotros» (oyichan/abuelo cusqueño)
Usted defraudó a miles de paisanos.
28 DE JULIO DE 1928
De pie en la cubierta del barco, se dispone a recorrer por última vez el pasillo que lo conduce a su litera. Recoge el baúl donde guarda sus recuerdos y sentimientos de la tierra lejana, y sus sueños y esperanzas por la nueva tierra. Su frágil cuerpo de catorce años engañaba la apariencia de sus años oficiales -en sus documentos constaba nacido en 1913, pues 15 era la edad mínima para viajar-. Al descender la escalinata que lo conduce a tierra firme, casi no podía contener todo el peso, no sólo físico sino el de construir una vida. «Bolitas de arroz con miso para el viaje y el puerto embanderado fueron mis últimas imágenes de Okinawa. Muy parecido al día en que llegué al puerto del Callao: bandera -de rojo y blanco también- en todas las casas de la ciudad y música de banda en la plaza pública. No era sólo el día de la independencia sino también el anuncio del porvenir».
Historia de padres, como Katoku o Naoichi.
1990/1991
Que días los que siguieron, contradicciones de esos países distintos que es nuestra patria. Estar en el trabajo, en los barrios populares -El Agustino especialmente-, era sentir la identificación del «voto popular», el saludo y el reconocimiento por el paisano, por «el chinito». Victoria por un lado y derrota en los otros paisajes limeños. El miércoles 11 me enteraron de actitudes hostiles, de agresiones físicas y de insultos verbales en los barrios mesocráticos, contra personas de origen japonés y asiático en general. ¿Qué impulsó aquellas actitudes y comportamientos extremos?
Con los meses, entre marchas y contramarchas políticas, recorro las provincias andinas desarrollando un programa social de cooperación peruano japonesa. Más de una vez, para evitar la confusión de «japonés importado», apelaré al humor criollo. Prestidigitación de palabras, lograr la aceptación de campesinos generosos y ser parte de ellos. Ser «chinito» era una fuente de credibilidad y aceptación.
Usted decepcionó a millones de peruanos pobres y provincianos.
1950
Lo primero, voltear la página de la guerra. Muy adentro quedan las imágenes: escapando del saqueo, las persecuciones, guarecerse en casa de parientes protegidos por amigos peruanos, y el terremoto de mayo de 1940, justo como anuncio del final.
Y como muchos, como todos. el reconstruir y edificar una nueva vida. Como me contaron: «será el matrimonio, los primeros hijos establecer el negocio: un pequeño restaurante con frente al mercado central». Algunos años después tomarse al pie de la letra el refrán «que cada niño viene con su pan bajo el brazo», por eso la panadería a mediados de los cincuenta. Doce mil setecientos setenta y cinco madrugadas, mañanas y tardes de bolear masas de pan y endulzar el paladar con dulces de pascua, de octubre y de todas las temporadas. «Inventando» y recreando sabores como la suma de la canela y el kión.
Como cuenta Jochamowitz: «la pequeñez de la sastrería, la guerra y la pérdida de la vulcanizadora, el negocio de las flores, habían privado a Naoichi de realizar ese sueño hasta que llegó a la vejez. Solamente al final lo cumpliría al comprar una granja en Vitarte».
Inmigrantes de mil oficios, adaptaron idioma, y costumbre, expresiones y rostros, acercándose a un nuevo país.
1996
Tan cercano que intentamos tomar distancia. ¡Ra, ta, ta, ta¡; golpe al corazón en la casa del Embajador del Japón. Parece que fue ayer, es como una espiral en la memoria, se pierden datos pero los recuerdos que consideramos más personales se fijan y permanecen, se muestran dando rienda suelta a nuestro espíritu. Mis percepciones son del «pequeño mundo» que creamos en nuestro cautiverio: la solidaridad, los valores humanos, saber compartir sin distinciones. Un mundo donde lo importante lo contabilizábamos con los dedos de la mano, me pregunto si no habrá sido así en el comienzo de la historia. Esperar por siempre y compartir la LIBERTAD , ese bien tan deseado.
Cada vez que rememoro aquellos días me suscitan sentimientos encontrados, pero sobre todo no dejo de pensar, ¿por qué fueron dieciséis los peruanos muertos?
1971-1956
Lunes de garúa limeña en el Patio de Honor, miles de escolares de uniforme comando color caqui y en posición marcial saludan el paso de la bandera patria. Luego de los discursos de rigor y entonando «Adelante, ugartino valiente» nos vamos retirando a nuestras aulas.
Una cita con la historia, de un posible encuentro aprendiendo el lema que en un momento sonó a letanía: ¡Voluntad, disciplina y acción! Para más coincidencia, la banda de brigadier y el dominio de la matemática sembraron los vínculos con los compañeros.
En el segundo piso del pabellón principal del colegio dos placas en bronce, distantes treinta metros, dan cuenta de nuestro paso por las mismas aulas, separados por quince promociones.
Usted no cumplió con el legado de Alfonso Ugarte, de sacrificarse por el pendón bicolor .
1989-1999
Algunas noches de cielo estrellado -del quizás a la realidad de años futuros- rememoraremos las imágenes de los pioneros: agricultores de haciendas costeñas que dejaban en cada surco la semilla de una cultura que con el tiempo se enraizará en el nuevo país. Algunos años después, aquellos viejos braceros y sus descendientes se ubicarán como comerciantes e industriales y los hijos de éstos incursionarán como profesionales y en mil oficios, en casi todos los confines de la patria, intentando sobre todo ser buenos peruanos.
Una dirigente mayor , en el Pueblo joven Ancieta Alta en El Agustino, tan cerca de Palacio de Gobierno pero tan alejada por la pobreza y abandono de sus familias. Me contó de las épocas de hacienda, cuando su padre, inmigrante japonés, era un antiguo yanacona y sus vecinos también paisanos. Mujer sencilla, líderesa y reconocida por su barrio.
Niños y jóvenes en el alejado Puerto Maldonado, que conservan el apellido de antiguos patriarcas japoneses -ellos «huían de los cañaverales costeños buscando refugio en la selva»-. La nueva estirpe ha heredado la capacidad de luchar, como sus abuelos, frente a la indiferencia de la capital.
Universitarios, que cumpliendo el ciclo de sus abuelos van como dekaseguis y hoy regresan de trabajar en el Japón, con la fuerza por recuperar sus estudios y apostar nuevamente por su patria.
Gente como uno, como millones de peruanos, de trabajo y honestidad que usted abandonó señor expresidente.
DICIEMBRE DEL 2000
Lágrimas que corren por los rostros frente a un televisor. Una voz apagada que pide pausa para continuar traduciendo las terribles imágenes. Disparos de fuego a discreción y voces entrecortadas de testigos e inocentes se proyectan del video. «Lo que más extraño es a mi hijo, me siento sola, extraño a mi esposo.» Nadie puede permanecer indiferente frente a los crímenes perpetrados en los Barrios Altos. Nos cobija un pequeño auditorio con quince jóvenes venidos de distintos lugares del mundo e integrantes del Barco de la Paz. El dolor se repitirá siete días después, a bordo del barco; nuestros interlocutores son ahora ancianos y adultos japoneses que no logran entender, sus rostros adquieren un matiz de indignación e incredulidad. «Soy sobreviviente de la masacre de Barrios Altos, tengo 27 balas en mi cuerpo». Algunos no pueden reprimir las lágrimas y antes de las preguntas, un profundo silencio y vacío expresa los sentimientos de los presentes.
Usted decepcionó a los jóvenes y ancianos japoneses que conocí .
2000-2001
Como si el reloj de arena se quebrara, desperdigando su valioso contenido de sentimientos comunes y la historia reciente cubriera con un velo de tristeza una relación de ciento un años.
Sentir en las calles miradas sigilosas que calzan en la rasgadura de los ojos, descerrajando broncas contenidas, «todos son iguales», o ser agredidos verbalmente en las plazas por anónimos transeúntes «por qué ustedes también no se van del país».
Como una gran bola de nieve en pleno verano, se percibe el desmoronamiento de su gobierno. Como el principio del fin, arrecian las críticas, se evidencian los malos manejos y un ambiente de fraude recorre el país. Mal momento para los «chinos» de otros tiempos.
Cómo decirle al resto del auditorio en la Plaza San Martín, que representamos la fuerza de oposición al gobierno y que esperamos reivindicar el derecho del: No al pago de la deuda externa. Es julio del 2000 y en pleno ensayo, los abucheos de una minoría de los presentes me llegan al alma. Como la reunión del Grupo de los 8 países más desarrollados del mundo, será en Okinawa (prefectura sureña japonesa), la presencia de danzantes de arte tradicional okinawense, reclamando por los derechos de todos los peruanos resultaba una metáfora. Felizmente, nuestra frente alta y el aplauso solidario de la mayoría de los presentes en la fiesta final nos reconfortan. Nos saben compatriotas.
FINAL
Tenga presente señor ex-presidente que:
Usted defraudó a miles de paisanos.
Usted decepcionó a millones de peruanos pobres y provincianos.
Usted no cumplió con el legado de Alfonso Ugarte, de sacrificarse por el pendón bicolor.
Usted decepcionó a los jóvenes y ancianos japoneses que conocí.
Usted no podrá quebrar 100 años y miles de japoneses y sus descendientes que dejaron sus vidas y sus huesos en tierras peruanas.
Usted, ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, tiene que ponerse a Derecho en el Perú, patria que lo eligió como presidente.
Juan Tokeshi
Ciudadano peruano
Nota. Los textos se nutren de viejos papeles, de cómo me contaron mis padres, de lo que leí en los libros de Mary Fukumoto Hacia un nuevo sol y Luis Jochamowitz Ciudadano Fujimori , y de lo visto en un documental de la Coordinadora Nacional de DDHH.
(N.E.: Escrito antes que Chile decidiera repatriar a Fujimori al Perú). |