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Arquitectura chicha

David Pezo Cobarrubias

Adornos y otros delitos

Un aspecto interesante, y ya clásico, dentro del tema de la Arquitectura Chicha es el de la ornamentación. La amplia gama de adornos empleados en las fachadas de la vivienda popular han constituido una iconografía que de lejos es su característica más visible y representativa.

La necesidad de cubrir desnudeces, ese horror al vacío presente en todas las culturas es el mismo que motiva al ciudadano promedio a tratar de ornamentar su vivienda con el objeto de darle vida a la fachada, tratando de disimular las carencias de nuestra realidad, reflejadas en la monotonía de una pared desnuda.

Dentro de la iconografía chicha el adorno escarchado, bastante común en las fachadas, es el más representativo. Esta ornamentación es básicamente un tarrajeo escarchado al cual se le da diversas formas, de acuerdo al deseo del propietario de la vivienda. Este artilugio fue bastante popular, dado su bajo costo y el escaso mantenimiento que se le da. La arquitectura popular limeña es bastante generosa al proporcionarnos un amplio espectro de ejemplos de todo tipo: los hay con forma de plantas (árboles. hojas, flores, etc.), antropomorfas, objetos manufacturados y los geométricos que son los más empleados y sencillos de elaborar.

Son éstos últimos los que encierran mayor interés. Podemos encontrar una amplia variedad de ellos, desde las figuras más sencillas hasta formas de mayor complejidad, producto de yuxtaponer dos o más de las primeras. Es interesante destacar el hecho de que estas figuras se emplearon en una mucha mayor proporción en distritos tradicionalmente populares. De esta manera es mucho más frecuente encontrar estos ornamentos en barrios de Villa El Salvador, Comas, Independencia o Santa Anita que en San Borja, Santiago de Surco o La Molina. Ello podría atribuirse a que existe una asociación entre el adorno escarchado y la vivienda de barrio popular, la cual no tiene lugar en una urbanización o zona residencial. De alguna forma se trata de definir la diferencia y hacer una marcada distinción entre la vivienda residencial construida dentro de una urbanización y la vivienda popular ubicada en una asociación o cooperativa. Pero no por ello la vivienda residencial deja de compartir coincidencias con la popular, ya que siguen el mismo patrón. Muchas familias residentes en zonas residenciales son de origen provinciano y en muchos casos vivían anteriormente en barrios populares. Esto en respuesta a que conforme el migrante va mejorando su posición económica desea también progresar en su posición social. Durante ese proceso en algunos casos se despojarán de los signos con los que se pueda identificar su procedencia y en otros, los menos, los conservarán.

Las formas más populares son las del rombo y el rectángulo ochavado, tanto que llegaron a constituir un ícono de lo popular e imagen representativa de la arquitectura chicha, a pesar de que en los últimos años su uso ha ido menguando. Pero, surgen algunas interrogantes, ¿Por qué éstas figuras precisamente?, ¿Cuál es el origen de esta iconografía?, todas estas figuras no son gratuitas, es decir su presencia en la arquitectura chicha responde a una simbología y tienen un origen específico. Ello nos lleva, por un momento, a dirigir la mirada los balcones limeños y a la ornamentación colonial y republicana.

BALCONES "CHICHA"

El centro de Lima es un muestrario de todas las expresiones arquitectónicas llegadas al Perú. Desde el barroco hasta la arquitectura moderna, todas se encuentran representadas dentro del damero de Pizarro y reflejan ciertos aspectos de la vida en la capital en diferentes etapas de su existencia. Habría q añadir que Lima siempre ha sido símbolo del pasado colonial, no en vano Lima fue el centro del dominio español en Sudamérica. La arquitectura de la época son huella de ese pasado y sinónimo de abolengo. Las casonas, y sus especialmente sus balcones, que alguna vez albergaron a la élite de la sociedad limeña, son el rostro tradicional de Lima.

Existen diferentes tipos, en cuanto a su conformación y su período de procedencia. Específicamente nos interesan los republicanos dadas las características que presentan. Su configuración es de dos o tres cuerpos. El inferior o antepecho esta dividido por pilastras que le otorgan ritmo a la composición. Entre las pilastras se encuentran los tableros, los cuales se solían adornar por diferentes figuras. Aquí es donde se puede establecer un nexo y encontrar un origen para la ornamentación chicha.

La ornamentación que presentan los tableros es bastante variada, pero siempre recurrente a una figura en particular: el rectángulo. Barroca en ocasiones, o elegantemente simple, el rectangular adorno presente en los balcones recuerda irremediablemente al adorno chicha. Existen numerosos ejemplos e incluso muchos de ellos son literalmente idénticos a sus homólogos chicha. Asimismo encontramos la presencia del clásico rombo, el cual se utilizaba frecuentemente para adornar el cuerpo superior del balcón. Encontramos entonces, las mismas figuras decorativas en estilos arquitectónicos que distan más de un siglo en el tiempo. Este tipo de ornamentación se utilizó bastante durante la colonia y el período republicano, y no solo en los balcones. Su procedencia es netamente europea, y como todo, fue importado y empleado en nuestro medio.

Estos mismos balcones son los que recibieron a los migrantes recién llegados a la capital. Estas figuras pasan a convertirse en símbolos, los cuales el migrante emplea con la idea de integrarse mejor a su nuevo hogar.

Esta aseveración parte de la hipótesis de que Lima es un paradigma de progreso. Dada las dificultades de reproducir un balcón [1] , lo que hace es reproducir sus características más figurativas. La motivación principal no es otorgar una connotación señorial o de riqueza sino de legitimidad. El balcón es propiedad de lo que los migrantes en un tiempo consideraron limeños reales, por lo que el migrante considera que es una forma de legitimar su propiedad y de asegurar su permanencia en una ciudad que permanentemente los margina.

Es importante hacer notar que en un principio esta fue la motivación para el uso de estos elementos. Posteriormente esta connotación no es tan importante; lo que prima es la apariencia, por lo que se puede decir que lo imitado es copiado. Jorge Burga lo expresa diciendo que la arquitectura chicha termina siendo una copia de sí misma, una caricatura.

Un detalle interesante se encuentra en que también es posible identificar el rombo con algunas figuras geométricas de corte prehispánico. El interés radica en que el rombo habría podido tener una doble lectura, hispanista e indígena, que potenciara su valor simbólico y que nos permite plantear el problema desde el punto de vista sincrético. Es curioso que justamente el rombo sea un ícono muy poderoso que trasciende la arquitectura y ha conseguido sobrevivir en la ornamentación popular a pesar de que el adorno escarchado en sí "ya pasó de moda".

El origen del uso de esta ornamentación entraría dentro de la lógica chicha. Podemos decir que es una imitación hecha al menor costo posible, es ostentoso, es decir se privilegia la apariencia y la funcionalidad queda en un segundo plano.

La pragmaticidad esta presente en el sentido de que sirve para ostentar, demostrar que uno ya está instalado allí. Es una urgencia de convertirse en limeño, de ser aceptado, siendo la "casa" la mejor manera de lograrlo.

Es un hecho que la arquitectura chicha está en pleno proceso evolutivo. Uno de los objetivos trazados en este trabajo es explicar porque se dan ciertos pasos en este proceso. Las interrogantes giran alrededor de cuestiones como ¿Qué lleva a desarrollar ciertas tendencias o qué factores las suprimen?

[imagen cuadro de tres]

La doble valencia simbólica del rombo nos plantea un interesante tema.

Cuando el símbolo no simboliza lo que debe

Hemos mencionado ya como es que el adorno escarchado fue profusamente utilizado durante la década de los ochenta y parte de los noventa, y también como es que su uso ha ido decayendo visiblemente.

Tal iconografía encuentra su origen en la arcadia colonial tal y como ya se explicó. Para el migrante eran motivos decorativos de edificios y estructuras representativas de la Lima tradicional por lo que comenzaron a emplearlos como decoración de sus propias viviendas. Estos elementos se constituían como sucedáneos de los balcones coloniales, y de la tradición que inspiran éstos, siendo utilizados por el migrante en un intento por legitimarse en la ciudad. La figura escarchada, entonces, se constituye en un indicio intencional, según el esquema de Bonta. [2]

Con el tiempo tales elementos empiezan a desarrollarse y cambiar dentro de la fachada. Surgen diferentes variantes en sus formas y aplicaciones. Tal evolución lleva a integrar la estética de la figura a la función. Se intenta otorgar a la figura simbólica un uso. Es de esta manera que vemos como empiezan a aparecer puertas y ventanas que imitan las formas de las figuras escarchadas e incluso otras de mayor complejidad.

Inconscientemente el propietario de la vivienda ejecuta aquel postulado que afirma que el funcionalismo puede actuar como antikitsch. La figura escarchada no resulta tan gratuita al adquirir una función. Esta variante de diseño nos parece que pudo haber llevado a la arquitectura chicha por caminos bastante interesantes. Lamentablemente tal rama evolutiva quedó trunca, el porque es lo que ha continuación se va a explicar.

Si bien es cierto que en un principio la carga simbólica del ícono buscaba representar la tradición colonial limeña, es durante el proceso que tal significado va perdiendo vigencia y termina siendo reemplazado por otro.

Su uso en la decoración de las fachadas fue abundante y exuberante, siendo ese el motivo por el que caería en desuso. Un detalle importante a mencionar es que tal abundancia se constata solo en las zonas populares de la ciudad. El adorno se desarrollo y diversifico de manera notable en las viviendas pertenecientes a distritos tradicionalmente populares. Su uso en los sectores socio económicos medio y alto es mucho más restringido, siendo en algunos lugares inexistente. En conclusión, cuanto más popular sea la zona urbana es de esperar encontrar un mayor uso del adorno escarchado.

El ícono, entonces, empieza a perder su significado. Más exacto sería decir que el ícono va cambiando su significado. Ya no encarna el espíritu señorial de la Colonia; en su lugar vemos como simboliza al nuevo limeño y a la Lima Popular.

La figura escarchada se convierte en una señal, pero con un significado distinto del que en un comienzo se le quiso dar. En realidad, dentro del esquema de Bonta, el adorno adquiere la categoría de pseudo señal. No existe la intención de tal significado, pero el público en general así lo asume.

La masificación del uso del adorno lo llevó a su desuso. Las palabras de Juan Pablo Bonta son bastante explicativas: "el uso repetido de una señal puede conducir finalmente a su obsolescencia. Cuando una forma se torna obsoleta puede desemantizarse, es decir perder su significado y abandonarse su uso". [3]

Si bien resulta cierto que el adorno escarchado cayó en la obsolescencia también se destaca que el rombo, como figura decorativa en sí, ha reaparecido con nuevos bríos en el enchape cerámico. Es posible observar la presencia del rombo en las rejas, tanto de aluminio como de fierro, en las puertas de madera además del escarchado, pero al igual que éste, no son muy utilizadas en estos últimos años. Es en el uso de la loseta cerámica que el rombo abre nuevas posibilidades, pero ello nos lleva a una pregunta ¿Por qué el rombo, y no otra figura, resulta ser un ícono tan poderoso que ha trascendido dentro del espacio popular?, es decir, tanto el rombo como el rectángulo de esquinas rebajadas son figuras que fueron tomadas de la arquitectura colonial y republicana, sin embargo el rectángulo al igual que otros elementos, gradualmente, ha pasado de "moda".

En líneas anteriores se mencionó que el rombo quizás podía tener un doble significado simbólico. Uno que representa a la Lima tradicional, hispanista y dominante, y la otra que podría recordar ciertas figuras y elementos de procedencia prehispánica. Es posible que esta ambivalencia haya potenciado la carga simbólica del ícono y le haya otorgado un valor más allá de la simple decoración.

El proceso se interrumpió, lo cual se demuestra en el hecho de cómo ha ido menguando el uso de tales elementos en las fachadas. Un proceso lleno de posibilidades que gradualmente enriquecía esta iconografía, con la incorporación de variantes y combinaciones de una o más formas y que desembocaron a una conjunción con un elemento de carácter funcional como es el vano, y que finalmente demostró ser un camino cerrado.

Evolución en la ornamentación


Mencionamos en un párrafo anterior que estos elementos fueron bastante utilizados en la década de los ochenta, mientras en la de los noventa decae notoriamente. A finales de los ochenta se empezó a observar ciertos cambios en los detalles de este tipo de ornamentación.

Al principio el adorno creció en dimensiones llegando a abarcar incluso toda la extensión del muro que lo albergaba. Paralelamente empezó a extenderse el uso del adorno encerrando al vano, es decir empieza a haber una integración entre dos elementos totalmente diferentes, y cuya conclusión es el vano que adopta la forma del adorno. El vano se convierte en el adorno; de esta manera podemos ver ejemplos de puertas y ventanas que toman las formas clásicas del adorno escarchado y otros de índole mucho más exótico.

La integración no sólo es a nivel compositivo sino funcional. Un elemento meramente decorativo y bidimensional se une a otro de carácter claramente funcional y tridimensional. El adorno, cuyo papel se reducía a estar "pegada" a la fachada y otorgarle "vida y gracia" a un muro, que de otra manera sería aburrido, se transforma en la ventana misma, un elemento cuya función es clara. La gratuidad y arbitrariedad de la forma del adorno se ve compensada por el hecho de que ya es posible ver o pasar a través de ese adorno. El carácter estético decorativo del adorno se ve reemplazado por el funcional del vano.

Estos cambios se produjeron a finales de los ochenta, pero en todo caso puede considerarse como un camino trunco. Esta alternativa fue dejada de lado para mediados de los noventa. Se puede especular sobre los motivos; creemos que el principal se constituye en lo complicado que resulta ser el trabajo de la carpintería, que obviamente encarecería el costo en relación a algo más convencional. La innovación tuvo aspectos interesantes, tales como el reunir características de distinta índole en un elemento nuevo. El adorno, al adquirir profundidad, le otorgaba a la composición de la fachada una percepción completamente nueva.

Estos detalles nos dan una visión de mayor amplitud: la Arquitectura Chicha abre caminos y los cierra para abrir otros. Ese pareciera ser su derrotero y en ello radica su complejidad


Fotos:

Foto A: La figura del rombo llegó a convertirse en el ícono de la Arquitectura Chicha.

Foto B: El uso del adorno se popularizó dado que era una manera barata de recrear lo que se consideraba una aburrida pared desnuda.

Foto C: En muchos casos el adorno llego a extenderse por todo el muro.

Foto D: La ventana irrumpe en medio del vano. Esta variante desembocaría en la ventana hecha adorno.

Foto E: El adorno se hace ventana. El vano adopta la forma del adorno para constituirse como tal dentro de la fachada.

Foto F: La variedad de adornos en cuanto a su forma es muy amplia.

Foto G: Dada la popularidad del rombo era inevitable que experimentara los mismos cambios. Aquí vemos el rombo "escarchado" compartiendo fachada con el robo hecho ventana.

Foto H: Las formas de las ventanas llegaron a cobrar gran complejidad.

Fotos I, J, K: Si bien es cierto el rombo se popularizó durante la década de los ochenta, durante los noventa su uso fue haciéndose más escaso. Pero desde que se comenzó a emplear el cerámico en la fachada el rombo ha reaparecido "dibujado" con las losetas.

Fotos L, M: La figura del rombo como elemento decorativo de la fachada fue expresado mediante diversas aplicaciones y materiales.

Fotos N, O: Es posible encontrar el origen de la ornamentación de la Arquitectura Chicha en la decoración de objetos arquitectónicos tan tradicionales como el balcón limeño.

 

[1]

En realidad es posible observar ejemplos de reproducciones de balcones en viviendas, pero su cantidad es reducida.

 

   

Arquitectura chicha
David Pezo Cobarrubias

Globalización y cultura en contextos nacionales y/o locales: De la música chicha a la tecnocumbia
Arturo Quispe Lázaro

 
   

Interculturalidad Nº 3
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