| > Portada > Encuentros y Des-encuentros Particularismo cultural, exclusión social y género en Francia Ruth Maria Timaná La Rosa [1] Violencia, género y secularidad en la ciudad Luz. El ejemplo francés nos muestra los límites y el revés de la medalla del particularismo cultural. La diferencia sexual es un dato biológico que no predestina roles ni funciones sociales. No existe una psicología masculina o una psicología femenina impenetrables. Los avances logrados por las mujeres en la sociedad francesa (la independencia económica, el derecho de decidir sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad, así como la autonomía social, es decir, la “respetabilidad”, el hecho de ser respetada y hacerse respetar sin necesariamente tener el status de esposa de...., o hija de...) han contribuido a cuestionar estereotipos supremos y todopoderosos, así como a abrir múltiples posibilidades de identificación a los géneros. Estos avances han sido y son aún cuestionados por el islam difundido en ciertas “banlieus” (barrios ubicados en la periferia de las ciudades), una doctrina, que considera a la mujer como inferior al hombre y por la cual el hombre le debe protección. Bajo el lema del respeto de la diferencia cultural, y debido a las condiciones económicas y sociales en las que viven los inmigrantes traídos después de la segunda guerra mundial, una situación particular de violencia contra las mujeres se ha desarrollado en los barrios populares de Francia. En este contexto surge “Ni Putas ni sumisas”, un lema alternativo enarbolado por un nuevo feminismo que defiende tres valores: la igualdad de derechos y de oportunidades, los espacios mixtos en las escuelas e instituciones del Estado, y la secularidad. La torre Eiffel, el Louvre, Notre Dame de París y otras representaciones forman parte del imaginario colectivo cuando hablamos de Francia. Menos representativas son las imagenes del SDF (sin domicilio fijo), la ruptura escolar, la tasa del desempleo (9.9%), o las cifras de la violencia conyugal (10% de mujeres son victimas).
En efecto, después de los avances jurídicos, sociales y políticos (en 1967, la ley autorizando la anticoncepción y en 1975, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo) obtenidos en la década del 70, marcando la predominancia de la cultura sobre la naturaleza, se observa una situación de regresión en las condiciónes sociales y ecónomicas de las mujeres. Representamos aproximadamente el 46% de la población económicamente activa (80% de 25 y 49 años) y continúamos siendo las más expuestas al desempleo y a los empleos precarios. De los 4 millones de puestos de trabajo a medio tiempo, 83% de ellos, están ocupados por mujeres. Algunas veces este trabajo es libremente escogido debido a que se puede conciliar con la vida del hogar, y otras es resignadamente aceptado porque no se encuentra otro mejor. Por el mismo puesto, una mujer gana 25% menos que un hombre. Altamente representadas en los servicios administrativos, y en los servicios ofrecidos a las personas y a las empresas, las mujeres nos mostramos más discretas en la industria del automóvil, en la construcción de obras públicas, en la ingeniería informática, o en la investigación científica. Somos rarísimas en la cima de la piramide: solamente 30% ocupan los puestos de dirección (paradojalmente, representamos el 55% del conjunto de diplomados), 3% son PDG (Présidentas Directoras y Gerentas) de empresas con más de 500 empleados y somos también sub representadas en los organos de decición de las grandes sociedades, en la administración pública y en los sindicatos.
Del total de personas beneficiarias de la renta mínima vital (RMI), 80% son mujeres y la tasa de desempleo femenino es más elevada que la tasa de desempleo masculino. Más difícil de enumerar y observar estadísticamente es la degradación de las relaciones sociales entre los jovenes y las jovenes, particularmente en las zonas desfavorecidas. ¿Qué condiciones sociales pueden explicar esta situación inédita en el ámbito francés? ¿Qué es lo que en la sociedad francesa genera las condiciones sociales que favorecen estas conductas y diferencias?
El malestar de la “banlieu”y la fracción social:
La situación de precariedad económica y guetto social que se ha ido constituyendo desde varias décadas en ciertas “banlieus” (barrios compuestos de conjuntos habitacionales situados en la períferia de las ciudades), es una de las principales causas. En efecto, es en éstas zonas que se encuentrán las tasas más altas de analfabetísmo, de ruptura escolar, de desempleo, y en general de bajos níveles de vida. En estas zonas el porcentaje de inmigrantes provenientes principalmente del Africa del Norte, y de las ex-colonias francesas es importante. Anotemos que la inmigración de la primera generación fue considerada como temporal, mano de obra barata y sumisa, y no fue organizada como una inmigración de instalación. Los migrantes de la primera generación fueron traídos para cubrir la necesidad de mano de obra para la reconstrucción del país terminada la segunda gerra mundial. Así, hasta los años 1970, los inmigrantes fueron más bien de sexo masculino, analfabetos, de origen rural y de confesión musulmana. El choqué pretolero del 1974 cambió brutalmente el modo de concebir la migración tanto por parte de los inmigrantes como del Estad francés. De una parte, los inmigrantes no realizaron la migración de regreso, a pesar de los incentivos económicos propuestos por el Estado francés. Al contrario, los trabajadores extranjeros hicieron migrar a familias enteras y se instalaron en el territorio. De otra parte, el gobierno, a consecuencia de la falta de una política de inmigración y de un proyecto de largo plazo con las poblaciones inmigrantes provenientes de las ex-colonias, debió improvisar una política de instalación. La construcción de grandes torres habitacionales permitió así instalar estas familias en un habitat decente, y a los obreros dejar “el cuarto de hotel”.
Pero estos conjuntos habitacionales alojaron también en sus inicios a una clase media en ascenso, la cual abandonó estas zonas conforme lograba acceder a la propiedad privada y a medida que estos barrios se pauperizaban. La crisis económica se produndiza, el Estado [2] , los empresarios y la clase media fueron dejando estos barrios. La ecuación “banlieu” igual “barrio difícil” iba ganando terreno. Las políticas de la ciudad para restaurar la arquitectura de estas zonas, y con ello, intervenir en el tejido social, se suceden sin mayores resultados. La discriminación social y la crisis económica han alimentado un sentimiento de abandono. La tercera generación de inmigrantes, franceses y escolarizados, manifiestan un profundo sentimiento de abandono.
En los ultimos años, ciertas banlieus (Maintes la Jolie , Basseau), concentran una población en situación de pobreza extrema (beneficiarios de la renta mínima, refugiados políticios, etc.) y que atraviesa diversas situaciones de ruptura, sea de orden psicológico, económico y/o social. En estos barrios, los servicios publicos han sido reducidos a lo mínimo, y los comercios son inexistentes. La fractura social de la sociedad francesa (los de arriba y los de abajo), mencionada por Jacques Chirac durante su campaña presidencial, y a la cual debía atacarse, no deja de afirmarse. ¡Y ella es más reveladora aún cuando se analiza la condición actual de vida de las mujeres!
Cuando las leyes se vuelven relativas:
La tolerancia de la poligamia o la poca indignación que causaba la cliterectomía de las niñas venidas de África, entre otras razones, permitieron espacios para el mantenimiento de prácticas culturales y sociales del país de origen. Estas prácticas cuestionaban la igualdad entre los sexos y la predominancia de la cultura sobre la naturaleza. La república fue sorda a los gritos de las niñas, adolescentes y mujeres, que pedían que las mismas leyes les fueran aplicadas. La universalidad de los derechos humanos fue relativizada. Bajo el lema del respeto de las diferencias, las leyes de la república fueron aplicadas en función de la cultura, frenando así el proceso de “integración” de las generaciones siguientes, que a pesar de acceder a la educación y diferentes modos de ver el mundo, enfrentan en el espacio privado la cultura patriarcal y tienen que enfrentar aún en el espacio público las representaciones sociales sobre sus ascendientes (analfabetos, campesinos...) que pesa aún sobre ellos.
A esta cultura patriarcal, se suma el repliegue sobre la tradición religiosa, que transmite una concepción desigualitaria de los géneros y que asigna a hombres y mujeres UN DESTINO en función de su sexo. El discurso de la anticoncepción o de la interrupción voluntaria del embarazo, del poder de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos, largamente difundido en otras esferas de la sociedad, esta lejos de estos barrios. Vemos entonces adolescentes usar el velo islámico en los colegios públicos, esconder sus cabellos y su femeneidad, para no ser objeto de deseo. Sin el velo islámico, la mujer es provocadora, por ende, responsable de la provocación y de sus consecuencias. La mujer es culpable de despertar deseos impuros mientras que el hombre es inocente de sentirlos. El cuerpo de la mujer es una amenaza que hay que asexuar y convertir en inofensivo. Para un porcentaje de estas adolescentes, usar el velo islámico, es una manera de responder a la discriminación étnica, cultural, social y política de la cual son victimas. Ya que la república nos asigna los ultimos lugares, el retorno a la herencia cultural y la religión aparece como una manera de apropiarse de una identidad positiva, valorizante y valorizada por el Otro. Para otras adolescentes, el velo islámico les permite negociar espacios de libertad para obtener una autonomia.
El débate público sobre el uso del velo islámico, se enfocó sobre el ángulo del islam conquistador, y se quedó indiferente frente a las injusticias sociales, económicas y culturales que vivían estas jóvenes en las zonas prioritarias [3]. Se dejó germinar en este período y en estos espacios un concepto esencialista, particularista del género, la aplicación de las leyes se volvieron relativas, legitimando así la violencia y las discriminaciones, excluyendo a una parte
de franceses, y en particular a las mujeres, de los derechos ciudadanos.
La discriminación:
Ocultada durante muchas décadas, la discriminación es parte de la vida cotidiana. Para los jovenes extranjeros o de origen extranjero, las discriminaciones se realizan en lo que concerne al acceso a los alquileres, al trabajo, el acceso a las discotecas, y en los servicios públicos. A causa del color de la piel, del acento extranjero y prticularmente arabe, de los apellidos, o del barrio donde viven, se ven excluídos del acceso a los derechos más fundamentales.
Las cifras del desempleo ilustran esta situación [4] . Según Michèle Tribalat, la tasa de desempleo entre los jovenes de origen argelino que tienen entre 20 y 29 años de edad es de 31% ¡Mientras que para el conjunto de jóvenes de de este mismo grupo de edad, la tasa de desempleo es del 15%! Además, 34% de jovenes de origen argelino que poseen el bachillerato [5] e incluso niveles educativos superiores, no tienen empleo, contra 9% en el conjunto de jóvenes en Francia.
Constatamos a través de estas cifras, el grado de las discriminaciones, y en particular la manera en que afectan a los jovenes del sexo masculino. El trabajo, que en la sociedad occidental constituye, como lo señala Gorz, el pilar de la identidad, esta ausente. ¿Cómo se estructura la identidad en estas condiciones? La cultura y el islam que valorizan el “ser hombre”, el “tener un sexo masculino”, es decir, “la naturaleza”, el dato biológico, aparecen como referencias que les conceden una mirada positiva. “Sostener los muros”, “calentar las lozetas”, “controlar a las jóvenes del barrio” (guardianas del honor de la familia y del barrio), se convierten en actividades cotidianas. Lo que pertenecía antes a una gestión del pater familias, pasó a ser una gestión del conjunto de jóvenes del barrio, de los imanes autoproclamados, y del más fuerte. El control que se ejerce sobre las jóvenes vía la reputación busca influenciarlas en sus modos de vestir; dos representaciones sociales totalmente maniqueas aparecen en circulación: las jóvenes que no usan el velo islámico son consideradas como putas, impuras, occidentales, afrancesadas y libertinas. Las jóvenes que usan el velo serán respetadas y elevadas al rango de “intocables y sagradas”. Así mismo, se pretende despojarlas de sus derechos a decidir sobre sus cuerpos y sus destinos, así como de sus derechos de participación ciudadana en el espacio público (en la escuela, en el trabajo). Este control constituye una forma de violencia. Violencia psicológica, que se puede convertir en violencia física si las jovenes rechazan someterse y rebelarse frente a la “autoridad”.
El cierre de los servicios públicos en estas zonas, la partida de la clase media y el cierre de los comercios existentes en estos barrios, han creado las condiciones y favorecido la libre difusión des discursos racistas, sexistas y de exclusión. Frente al abandono del Estado, se dejó un libre uso de las leyes. La ley del silencio se erige como medio regulator de la vida social en el barrio. Como lo señala Dider Lapeyronnie, “en estas zonas, no se puede hablar de communautarisme, ya que no existe lazos de solidaridad, es un espacio de vacio social”.
Quedan como preguntas, el rol jugado por los representates del Estado, los trabajadores sociales, los educadores populares o los mediadores de proximidad, supuestos agentes de modernización y de construcción del tejido social en estos espacios.
La violencia sexista se desarrolla también en las sociedades occidentales. En el año 2003, Sohane, una adolescente de 17 años, fue quemada viva por un grupo de jóvenes de su barrio (entre ellos su enamorado) en un local de basura en el subterraneo de su edificio. ¿La razón? Haber dicho ¡“no”!, negándose a continuar una relación en la cual ella no se satisfacía más. ¿Hay que esperar estos hechos para que el Estado y las feministas seán conscientes de la decepción que vive la juventud (varones y mujeres) de los barrios populares, quienes se sienten relegados y desprotegidos por el Estado? Un grupo de jovenes (tres mujeres y dos varones) van a recorrer Francia para sensibilizar a la opinión pública sobre esta situación. Bajo el lema “Ni putas ni sumisas” una parte de la población de estos barrios dice “no a la violencia, no a la ley del silencio”, y manifiesta un rechazo al particularismo cultural, que bajo el leiv motif del respeto de la diferencia, tolera relaciones sociales desiguales entre los sexos, las nacionalidades, las culturas, y las religiones. Este nuevo feminismo defiende tres valores: la igualdad de derechos y de oportunidades, los espacios mixtos en las escuelas e instituciones del Estado, y la secularidad.
La secularidad es una de las condiciones de la emancipación de las mujeres. Recordemos que en Francia, hasta el año 1905, la educación de las mujeres estuvo en manos de la Iglesia Católica. El fin de este monopolio permitió, a las mujeres proyectarse en el futuro más allá de los roles tradicionales de madre y esposa. La secularidad es también una cultura, un ethos que permite liberarnos de todo “dogmatismo”, y de todo discurso que nos encierre en destinos preestablecidos en función de nuestro sexo. El principio de secularidad es para este feminismo un aliado de la emancipación de mujeres y de varones. Es también, un modo específico de encarnar valores comunes, y de responder a la violencia sexista y a la discriminación social. Ya que si bien las mujeres inmigrantes sufrimos la doble discriminación, en tanto que mujeres y en tanto que inmigrantes, esta situación no nos da a nosotras mismas, el derecho de convertirnos en verdugos.
Como señala Elisabeth Badinter, no debemos abandonar el poder de decidir sobre nuestros destinos, y es nuestro derecho rechazar toda idea de un destino prefabricado y de la existencia de roles exclusivos y excluyentes para las mujeres y los varones. Bibliografía
AMARA Fadela. Ni putes ni soumises. Edit. La Découverte. Paris. 2003.
BADINTER Elisabeth. Fausse Route. Odile Jacob. Paris. 2003. 218 p.
BLIER Jean Michel y Solenn de ROYER. Discriminations raciales, pour en finir. Edit. Jacob-Duvernet. 2001 : 127.
GORZ André. Métamorphose du travail. Quête du sens : critique de la raison économique. Ed. Galilée. Paris.1988.
TRIBALAT Michelle. Faire France. Edit. La Découverte. Paris. 1995. |
Notas:
[1] Socióloga peruana, reside actualmente en Francia.
[2] Los servicios públicos: correos, comisarias, escuelas, son cerradas.
[3] ZONA PRIORITARIA es una categoría conceptual creada por las diversas políticas francesas para clasificar las
zonas a las que el Estado debe dar prioridad, ya que son zonas en las que se encuentran las tasas más altas de
precariedad económica, alto nivel de delincuencia, ruptura escolar, etc.
[4] Si bien la segunda generación ha podido aprovechar de las repercusiones de los treinta gloriosos años de la
economía francesa, así como de la pluralidad y la mezcla de clases en sus barrios en los años de instalación, la
tercera generación, al contrario, ha sido afectada masivamente por la crisis económica.
[5] El bachillerato equivale a lo que en Perú es el final de los estudios secundarios más los dos primeros años de
universidad. |
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