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Pedagogía del encuentro.
El sujeto, la convivencia y el conocimiento *

Juan Carlos Godenzzi

AI relacionarse con otro, el ser humano corre el riesgo de reducir sus vínculos a lo meramente instrumental. Si así fuera el caso, se daría un contacto tangencial o un choque, pero de ningún modo un encuentro. EI encuentro supone un ir y venir entre los seres que interactúan: una interpelación. Cuando uno habla y no hay respuesta, o cuando uno habla para acallar al otro, no hay encuentro. Sí lo hay, en cambio, cuando se crea una atmósfera en la que fluyen las preguntas y las respuestas. Como lo expresa Alfonso López Quintas:

"Toda relación de encuentro implica apelaciones y respuestas: me invitas a dar un paseo por un determinado lugar y yo accedo a ello, pero indico que sería preferible hacerlo en otro sitio. Mi respuesta es, por tanto, una apelación que te dirijo. El esquema que vértebra el encuentro no es 'lineal' (acción-pasión) sino 'reversible' (apelación-respuesta). Apelar significa invitar a asumir activamente un valor y realizarlo en la propia vida. De aquí se desprende que el encuentro no se da de un modo automático al anular las distancias y fundar una relación de vecindad. Exige un intercambio de posibilidades, y este no se da cuando los objetos se yuxtaponen sino cuando dos o más ámbitos de realidad se 'entreveran', es decir, toman iniciativas conjuntamente y colaboran a una misma tarea. Esa forma de vinculación ha de ser creada libre y esforzadamente, porque plantea determinadas condiciones. Si dos o más personas no las cumplen, pueden convivir durante largo tiempo sin encontrarse ni una sola vez" (López Quintas, 1996: 48).

Puesto que la clave del encuentro es la apelación y la respuesta, no puede darse sino dentro del lenguaje. El lenguaje es el medio en el que se dan los encuentros: consigo mismo, con el otro y con el mundo. EI ser humano existe en su "operar en el lenguaje" (Maturana & Varela, 1992: 139). El lenguaje no es un utensilio o instrumento externo que uno posee para crear uniones o divisiones: el lenguaje "es el medio en el cual se crean relaciones de encuentro [...] el hombre no tiene el don del lenguaje; es locuente [...] el hombre es un ser que puede ser apelado y responder, apelar y ser respondido; que esta llamado a moverse entre ámbitos, no solo entre objetos, y fundar modos elevados de unidad. Por eso, lenguaje autentico es solo el que es dicho con amor, con voluntad de crear relaciones de convivencia" (López Quintas, 1996: 49).

Esta concepción del encuentro como lenguaje, o del lenguaje como encuentro, tiene profundas repercusiones para la educación. La lingüisticidad del ser humano es un "ya pero todavía no", es una potencialidad que puede perderse, un germen que necesita ser cultivado. Alcanzar la autenticidad propia, la corresponsabilidad ética y la objetivación del mundo son tareas que se realizan en medio del lenguaje y que, en consecuencia, requieren una pedagogía centrada en desplegar las posibilidades ya presentes en el lenguaje de cada ser humano. Puede hablarse entonces de una pedagogía del encuentro y definirla como aquel proceso de desarrollo de las capacidades humanas gobernado por ese mecanismo reversible, simple y fundamental: la pregunta y la respuesta; es decir, la conversación, el dialogo.

El Paradigma Conversacional

La pedagogía del encuentro se rige por lo que podría llamarse un paradigma conversacional. Se hace alusión a este, de un modo más explícito, desde el "giro lingüístico" que se da en el campo de la filosofía: mas allá de las restricciones de la razón proposicional, se presta atención a la dimensión pragmática del lenguaje y se descubre que todo lenguaje es dialogo, que su matriz es conversacional.

La conversación es una actividad de uno-con-otro; es entenderse-con-alguien-sobre-algo; es un decir y dejarse-decir; es una actividad reversible de apelaciones y respuestas, que transforma a los interlocutores:

"¿Que es una conversación? Todos pensamos sin duda en un proceso que se da entre dos personas y que, pese a su amplitud y su posible inconclusión, posee no obstante su propia unidad y armonía. La conversación deja siempre una huella en nosotros. Lo que hace que algo sea una conversación no es el hecho de habernos enseñado algo nuevo, sino que hayamos encontrado en el otro algo que no habíamos encontrado aún en nuestra experiencia del mundo. Lo que movió a los filósofos en su crítica al pensamiento monológico lo siente el individuo en sí mismo. La conversación posee una fuerza transformadora. Cuando una conversación se logra, nos queda algo, y algo queda en nosotros que nos transforma. Por eso la conversación ofrece una afinidad peculiar con la amistad. Solo en la conversación (y en la risa común, que es como un consenso desbordante sin palabras) pueden encontrarse los amigos y crear ese genero de comunidad en la que cada cual es el mismo para el otro porque ambos encuentran al otro y se encuentran a sí mismos en el otro" (Gadamer, 1992: 206-7).

La realidad del lenguaje es el encuentro conversacional. Uno deja la esfera del yo para ingresar en la del nosotros e instaurar un intercambio entre el yo y el tú (Gadamer, 1992: 150) que discurre como un fluir de coordinaciones consensuales de acción, tal como sucede en el juego:

". la forma efectiva del dialogo se puede describir partiendo del juego... la fascinación del juego para la conciencia ludente reside justamente en ese salir fuera de sí para entrar en un contexto de movimiento que desarrolla su propia dinámica. Mi idea es que la naturaleza del juego, consistente en estar impregnado de su espíritu -espíritu de ligereza, de libertad, de la felicidad del logro- y en impregnar al jugador, es estructuralmente afín a la naturaleza del dialogo, que es el lenguaje realizado. El modo de entrar en conversación y de dejarse llevar por ella no depende sustancialmente de la voluntad reservada o abierta del individuo, sino de la ley de la cosa misma que rige esa conversación, provoca el habla y la replica y en el fondo conjuga ambas. Por eso, cuando ha habido dialogo, nos sentimos llenos" (Gadamer, 1992:150-151).

La reflexión sobre la experiencia del conversar es susceptible de fundar una "filosofía de la conversación". Todo puede ser percibido como interacción dialógica: la relación con la tradición y la sociedad contemporánea, así como la relación con el mundo y con nuestros propios pensamientos. El paradigma conversacional sustenta una nueva racionalidad:

". la conversación con el otro, sus objeciones o su aprobación, su comprensión y también sus malentendidos son una especie de ampliación de nuestra individualidad y una piedra de toque del posible acuerdo al que la razón nos invita. Se puede concebir toda una filosofía de la conversación partiendo de estas experiencias: el punta de vista intransferible del individuo, en el que se refleja el mundo entero, y este mismo mundo que se ofrece en los distintos puntos de vista individuales como un mismo e idéntico mundo. Según la grandiosa concepción metafísica de Leibniz, admirada por Goethe, los múltiples espejos del universo que son los individuos componen en su conjunto el único universo. Este universo se podría configurar en un universo del dialogo" (Gadamer, 1992: 206).

En el dominio educativo, el paradigma conversacional contribuye a cultivar la capacidad de entenderse con los otros para comprender el mundo, para organizar la convivencia, para expresar las propias emociones-razones y someterlas a la crítica de los demás.

La pedagogía del encuentro es, en buena cuenta, un educarse en todas las posibilidades del lenguaje. En definitiva, uno se educa en la calidad de sus interacciones mediadas por el lenguaje. El funcionamiento de ese mecanismo alcanza todos los ámbitos de la experiencia humana, los cuales pueden ordenarse en tomo a los factores que intervienen en toda comunicación: el interpelante (hablante), el interpelado (oyente) y todo lo demás (el mundo).

El Eencuentro Consigo Mismo

EI ser humano articula su conciencia y forma su personalidad en medio del lenguaje. La actividad creativa tiene que ver con la experiencia y su expresión, con la suficiencia e insuficiencia del decir (Gatti, 1999: 19). La autenticidad de la persona se despliega en la autenticidad de su lenguaje, y esa es una meta por lograr en toda acción educativa. Se trata de aprender a ser, lo cual puede traducirse como la búsqueda de la coherencia entre el mundo interior y su manifestación discursiva, como el desarrollo creador del potencial expresivo, como la construcción armoniosa de una identidad o como el conocimiento de sí mismo, posibilitado por ese discurrir interior que no es otra cosa que hablar consigo mismo: "EI juego de habla y replica prosigue en el dialogo interior del alma consigo misma, como definió Platón bellamente al pensamiento" (Gadamer, 1992: 151).

Se hace necesario repensar o profundizar una pedagogía del encuentro consigo mismo: forjar la voluntad y el carácter, ejercer la libertad creativa, fortalecer la autoestima. Se trata de encontrar los medios de aumentar la capacidad de los individuos para ser sujetos y formar su personalidad (Touraine, 1977: 281).

El Encuentro con el otro

Al crear el ámbito de lo intersubjetivo, el lenguaje hace posible el encuentro con el otro. Y el ser humano no es sí mismo sino en el encuentro con el otro: "el lenguaje es manifestación de una dimensión esencial de lo humano: la dimensión de la alteridad. Somos con los otros. La condición de ser hombre es siempre la del ser-con-los otros" (Gatti, 1999: 23).

Un encuentro autentico con el otro crea vínculos de reconocimiento, respeto, solidaridad y amistad. Se deja de usar instrumentalmente al otro o de considerarlo como objeto. Se instaura la modalidad dialógica de la interlocución, en la que los participantes, por igual, se enriquecen y transforman. Una pedagogía del encuentro con e/ otro significa aprender a vivir juntos, en la escuela y en la sociedad. A eso mismo alude Alain Touraine cuando habla de "la escuela de la comunicación", en la que las relaciones entre docentes y alumnos se hacen dialógicas y en la que tienen cabida los encuentros interculturales:

". de la misma forma que una ciudad sólo esta viva si en ella se codean y comunican poblaciones diferentes, la escuela debe ser un lugar privilegiado de comunicaciones interculturales, en parte porque los niños o los j6venes adultos no categorizan a sus interlocutores de manera tan estricta como la mayoría de los adultos y dan a los atributos individuales tanta o más importancia que a los signos de pertenencia social o cultural" (Touraine, 1997: 284 y 285).

Una pedagogía del encuentro intercultural exige un cambio de nuestra cultura Lingüística. Se entiende por cultura lingüística el conjunto de comportamientos, suposiciones, formas culturales, prejuicios, creencias, actitudes, estereotipos, opiniones sobre el lenguaje en general y sobre las lenguas en particular (Schiffman, 1998: 5). Arrastramos, desde muy antiguo, una cultura lingüística monológica y etnocéntrica, cuando no racista y excluyente. Va en el mito de la Torre de Babel se presenta la diversidad de lenguas como un "castigo".

La cultura lingüística opera en la vida cotidiana. Si se presta atención a la fraseología de todos los días, se advertiría la carga discriminatoria de expresiones aparentemente inofensivas como: "es negro, pero buena gente"; "pobrecito, es rubio y de ojos azules, y sin embargo es taxista"; "yo soy indio, pero tu eres mas indio que yo"; "ahora, a una secretaria la tratan como si fuera un conserje". Podríamos examinar también las formas de tratamiento: la asimetría en el trato: tu / usted; oye, tu / sí, señor, las injurias: india bruta, cholo de mierda, etc.

Frente a un "sentido común" que separa y desprecia a quien es diferente, la escuela tiene la tarea de contribuir a crear una cultura conversacional y a generar una modalidad intercultural en la interacción. Y eso significa desaprender y reaprender, cambiar hábitos, prejuicios y actitudes; en suma, educarse en una nueva cultura lingüística, gobernada por una emoción o espíritu: el encuentro intercultural.

Encuentro con el mundo

El lenguaje hace posible nuestra relación con el mundo material y cultural. EI mundo es objetivado por medio de los signos del lenguaje: "el mundo que conocemos, el mundo separado en tales y cuales objetos, solo existe como tal a partir de la estructuración de la experiencia propuesta por el lenguaje" (Gatti, 1999: 15). Sobre esa base de conocimiento primario, es posible construir el conocimiento más riguroso de la ciencia (Gatti, 1999: 18). El conocimiento es también un discurrir en el lenguaje, sobre la base de preguntas y respuestas, de hipótesis y verificaciones.

La relación del ser humano en su transformación del mundo esta marcada por una razón instrumental muchas veces destructora. EI mundo-objeto es un espacio que garantiza la supervivencia y los encuentros humanos. En consecuencia, la preservación y cuidado del medio ambiente es una responsabilidad frente al universo del cual somos parte constitutiva, frente a nuestros semejantes y frente alas generaciones futuras que tienen el derecho de vivir en un mundo sane y bello.

Una pedagogía del encuentro con el mundo significa un desarrollo crítico y responsable de la ciencia y la tecnología. Se trata de aprender a conocer y aprender a hacer. Y este aprendizaje se inscribe en el proceso de democratización del conocimiento:

"Nuestra sociedad de la información tendrá que experimentar una revolución del conocimiento que lo coloque de manera firme en las manos de la gente: convirtiéndola en ciudadanos que piensen y decidan por sí mismos, y vean las diferentes culturas y enfoques, no como una amenaza, sino como una oportunidad grata para el encuentro de las mentes. [...] necesitamos una revolución del conocimiento, sin la cual la llamada revolución digital de la nueva tecnología de la información solo puede afianzar la desigualdad, la injusticia y la exclusión" (Mayor, 1998: 4).

Conclusión

Lo dicho anteriormente implica el encuentro con el lenguaje y todas sus posibilidades. La educación esta llamada a desplegar todas las virtualidades de la linguisticidad del ser humano. La escuela recibe niños débil e incipientemente locuentes que, al final de los años básicos de escolaridad, debieran egresar como sujetos poderosa y auténticamente locuentes. Sobre esa base de "soberanía personal" podrá construirse una cultura de paz y dialogo (Mayor, 1998: 5).

Diversos modelos o propuestas han ido surgiendo a lo largo del tiempo para responder a necesidades coyunturales o proyectos particulares; de ahí que, en la historia de este siglo en América Latina, hayan aparecido distintas pedagogías: la de orientación positivista, empresarial o funcional; la de las elites; la del oprimido; la de la homogeneidad y la cultura universal; la utilitarista, para la vida, la socialización o el trabajo; la moralista, con su propuesta de higiene corporal y social.

Frente a los vaivenes, cambios y desorientaciones que ha sufrido en décadas recientes, la educación puede reencontrar su centro asumiendo el esquema conversacional como paradigma. Desde ese punto de apoyo, una pedagogía del encuentro abarca la totalidad de la experiencia humana y es capaz de sorprendernos al formular apelaciones novedosas para instaurar un dialogo continuo con uno mismo, con los otros y con el mundo. EI sujeto podrá transfigurarse en el intercambio; la convivencia se hará intercultural y equitativa; la construcción del conocimiento será más intersubjetiva y plena de sentido.

Biblografia

Gadamer, Hans-Georg. (1992) Verdad y Método, tomo II. Salamanca: Ediciones Sígueme.

Gatti, Carlos (1999). Algunas reflexiones sobre el lenguaje. in C. Gatti y J. Wiesse, EI lenguaje. Dos aproximaciones: 11-26; Lima: Universidad del Pacifico.

López Quintas, A. (1996). C6mo lograr una formaci6n integral. Madrid: San Pablo.

Maturana, H. & Varela, F. (1992). EI árbol del conocimiento. Las bases biol6gicas del entendimiento humano. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1992.

Mayor, Federico (1998). La educación superior y los retos del nuevo milenio". Dialogo 25: 3-5; México: Oficina de Información al público para América Latina y el Caribe, OPI/LACUNESCO.

Schiffman, H. (1998). Linguistic Culture and Language Policy. London and New York : Routledge.

Touraine, Alain (1997). ¿Podremos vivir juntos? Iguales y diferentes. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica

Notas

* Aparecido en el Bulletin de I'Institut Francais d'Etudes Andines, 1999, 28 (3): 323-328. Lima: Instituto Frances de Estudios Andinos

   

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