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1. Presentación
Aceptando la invitación para debatir en torno
a la música popular peruana es que el presente
artículo aparece como una primera entrega, con
las limitaciones propias de espacio y contenido, que
pretende dar una mirada en extenso y con algo de profundidad
al folclore tanto de costa y de sierra, de chicha y
de tecnocumbia. Dejando para una siguiente entrega un
análisis detallado de los discursos que se elaboran
y se desprenden de las mismas.
Por donde uno camine en esta extensa ciudad capital,
aún queriendo cerrar los ojos y dejar de escuchar,
ese sonido de la calle nos dice que existe una cultura
andina viva y que goza de muy buena salud. De Dina Páucar
a las Agua Bella, de Tony Rosado a los Jinetes del Amor,
desde los criollos de Los Ecos a un modosito William
Luna, desde los telúricos alaridos de Yolanda
Pinares hasta la disforzada y bien intencionada búsqueda
de Manuelcha Prado, la natural y arrebatadora mezcla
de los Uchpa, o para intuir por donde vendrá
el revolucionario canto huarochirano desde la Revelación
5:40 o si por el contrario será desde los ritmos
de la apabullante promotora PEGOPA. Todo parece indicar
que aún nos deparan muchas sorpresas de ese ande
que no se resigna a morir.
Y es que desde estos caóticos años que
nos toco vivir, entre los finales de los años
setenta a estos primeros días del milenio, como
sociedad hemos tenido que enfrentar miedos, violencias,
anomias y desmadres pero que en ningún momento
nos llevó a dejar de bailar la neurótica
danza de la realidad nacional.
2. ¿De qué hablamos
cuando decimos tecnocumbia?
Seria oportuno señalar, antes de continuar,
algunas particularidades de este escenario. En el mercado
musical denominado tecnocumbia, tropicumbia o chicha
se hallan adscritos diferentes ritmos con particularidades
determinadas que desde una mirada desde fuera del ambiente
musical muchos no atinan a reconocer. Así al
país podríamos dividirlo por tendencias
musicales que están dominados por ritmos y por
tanto por grupos musicales.
"Onda Norteña"
Así denominaremos al ritmo que comprende geográficamente
desde Tumbes hasta la entrada a Lima, específicamente
Puente Piedra. Y por el este hasta los contrafuertes
andinos sin cruzar la cordillera ni bajar a la llanura
selvática.
Compuesta por dos ramas importantes. La primera de
ellas, la Cumbia Norteña propiamente dicha. Dominada
por grupos piuranos, quienes elaboran su ritmo y melodía
con una fuerte influencia de la cumbia colombiana abolerada,
reciclada sobre lo que podríamos denominar aires
yungas o sonidos que nos recuerdan armonías folclóricas
tales como la marinera y el tondero. Sobre este ritmo
se elaboran letras de fuerte contenido romántico
en que el tema de la ruptura, el abandono y el engaño
amoroso siempre es protagonizado por mujeres que maltratan
terriblemente a los varones.
Representativos de esta vertiente están los
consagrados "Agua Marina" de Sechura (Piura)
con más de 25 años en el escenario musical
del norte. Así mismo, "Cantaritos de Oro"
y "Armonía 10". Este último
marca un estilo propio al incluir instrumentos de vientos
en sus interpretaciones, característica tomada
de las orquestas de salsa colombianas, y por contar
con un estilo llorón de sus temas, con el cual
todos se identifican.
Aquí es importante señalar algunas características
que individualizan aun más este estilo. La cercanía
al mar y su ligazón laboral con éste.
Varios de los dueños de estos grupos son pescadores
artesanales, capitanes de lancha o propietarios de bolicheras
como es el caso de los Quiroga de "Agua Marina"
o del grupo "La Unica Tropical" de la familia
Chunga también de Sechura.
Grupos familiares en los que prevalece una imagen paterna
dominante. Es por ello también que les permite
una mejor apropiación con el imaginario norteño
del pescador, bohemio, cantante y enamorador(1)
además ciertamente de sufrido y perdedor.
Paralelamente podemos señalar un interesante
filón de religiosidad popular centrado en las
fiestas patronales. Como es el caso con su patrono San
Jacinto Forastero que lo imaginan unos como forajido
y otros como forastero.
La siguiente rama seria la compuesta por los grupos
que tocan el ritmo denominado San Juanito Cumbianbero
o Cumbia Sanjuanera y que es un ritmo que mezcla el
sonido de la cumbia con los pasillos ecuatorianos, que
por característica propia ya tiene un ingrediente
folclórico, y el swing piurano tiene el ritmo
liderado por grupos como los "Hermanos Bure",
"Corazón Serrano" o "Integración
Norteña" provenientes de la sierra piurana
como es el caso de Huancabamba o Pacaypampa, punto de
origen de varios de ellos. Aquí es interesante
resaltar la temática denominada el "agua
del olvido" y la fuerte presencia de hechizos y
otros embrujos del amor, no en vano estamos hablando
de tierras de brujos y chamanes.
En términos generales puede decirse de los grupos
norteños que son orquestas con escuadra de cuatro
a cinco cantantes, donde resulta difícil individualizar
a la voz por el riesgo que implica su posible deserción,
siempre alentada por la mano de la competencia(2).
Entremos un momento al discurso que caracteriza al género
norteño frente a los otros sonidos nacionales.
Señalado por todos como llorón. Narran
historias donde los varones son los que siempre pierden
en el amor. Historia reiterativa, cantada una y mil
veces, donde se fortalece el despecho masculino. La
cantata del abandono sea esto por cuernos, o por ultimo,
por muerte es el continuum del género(3).
Otra característica a tener en cuenta es que
el mercado norteño es muy cerrado a otros sonidos.
No con mucha facilidad otros ritmos nacionales pueden
ser consumidos en la misma proporción que la
música regional. Lo cual ha limitado que artistas
provenientes del sur o el centro del país y aún
del oriente puedan imponer sus sonidos y sus canciones.
Lo mismo sucede con los grupos ecuatorianos o colombianos,
cuyas producciones sufren apropiación y recreación
por los grupos regionales en función de sus propios
estilos y ritmos.
Sigamos bajando por la amplia y extensa geografía
del norte, para llegar a los grupos regionales de Chiclayo
y Trujillo. Apabullados por las dos fuertes corrientes
piuranas, bregan por hacerse de un lugar para su sonido
particular. Aunque de manera regional si llega a ser
reconocidos, como es el caso de grupos "Cuarteto
Continental", "Grupo 5", "Orquesta
Karibe", entre otras. Pero no logran romper con
el espacio regional y entrar al ámbito nacional
como es el caso de los primeros.
"Onda Sureña"
Comprende geográficamente los departamentos
de Puno, Tacna, Moquegua, Madre de Dios y Cuzco. De
menor manera los departamentos del trapecio andino:
Ayacucho, Apurímac, Huancavelica. Del mismo modo
ocurre con la zona del Mantaro donde deben compartir
espacios con la hegemonía Huanca, que impone
su ritmo folclórico (huaylarsh), y de Chankas,
Pockras y otras etnias menores. Esta onda esta compuesta
por grupos como "Sabor Menta", "Néctar",
"Sociedad de Juliaca" o como solistas como
"Rossy War" o "Ada y la Nueva Pasión".
Este ritmo se identifica rápidamente por el
característico sonido andino, movido, fuerte,
vital y pegajoso. Alimentada principalmente por cumbia
boliviana mezclada con ritmos autóctonos como
saya y la tuntuna, el taquirari y la morenada de Bolivia.
Además, el huayno cuzqueño o quechua que
colisiona frontalmente con el arrebato aymará
para producir un ritmo más rápido, cortadito
como lo denominan los puneños y cuzqueños
pero que nos remite a un sonido achichado(4).
Para entender las particularidades de la "Onda
Sureña" debemos reconocer que el influjo
boliviano es mayor que en el caso norteño con
los sonidos de Ecuador y Colombia. Probablemente esto
sea explicado por las características propias
del mismo mercado musical boliviano. Éste ha
logrado desarrollar una escena propia con muchos grupos
de calidad donde se distingue el uso de letras muy trabajadas,
de amor o desamor, con imágenes muy pastoriles
o rurales, dulces figuras y adjetivos provenientes del
quechua o del aymara pero que a su vez no dejan de ser
citadinas, apropiadas para las urbes serranas en donde
el paisaje telúrico de su geografía o
lo colorido de su cielo no deja indiferente a nadie.
Unido a esa armonía contagiante y vital, del
ritmo celebratorio, logra a su vez empalmar y deglutir
con el sonido norteño argentino también
quechua y aymará que como corriente musical irrumpe
con fuerza en la escena boliviana.
Es oportuno señalar que "lo argentino"
tiene un particular desarrollo porque en principio fue
un ritmo construido, desarrollado y consumido mayormente
por peruanos que migraron hacia el país del sur
en los años ochenta. Nuestros paisanos, no solo
llevaron su fuerza de trabajo sino también su
música, comida, costumbres y formas de vida.
Cuando se ubicaron y se establecieron hicieron uso de
sus maneras. Este sonido elaborado por músicos
y productores peruanos migrantes y que dominan esta
escena musical en Argentina, es tributario de los ritmos
chicheros que en la época que escaparon de nuestra
pobreza eran furor en Lima.
Así encontramos en esta chicha argentina el
sonido de "Los Shapis", "Vico",
"Maravilla", "Karicia", entre otros.
Inclusive estos dos últimos, continúa
existiendo como grupos en Argentina aunque para nuestros
oídos y para nuestro mercado, sus tonadas suenan
viejas.
Si bien es cierto que los grupos argentinos gozan de
un buen empaque, presentación y una buena grabación,
adolecen por el contrario de calidad musical. El músico
argentino no cuenta con el "swing" o "pegada
chichera", de ahí el continuo plagio de
temas peruanos, que después nos devuelven de
la Argentina como éxitos. Estos grupos argentinos
manejan muy bien el marketing de sus productos, el concepto
de espectáculo, es así que nuestros "chichodromos",
llamadas "bailantas" por ellos, están
de moda y en pleno apogeo en la Argentina.
El desarrollo de la "chicha" en la Argentina
ha logrado escapar a su cariz netamente cholo -que siempre
ha limitado su desarrollo en nuestro país- porque
al margen de ser una música consumida, en un
principio por la colonia de migrantes peruanos o bolivianos
sea esta grande o pequeña, finalmente esta música
ha escapado a sus referentes y publico originario.
Actualmente se ha desarrollado fuertemente en un sector
popular digamos proletario, entre obreros y asalariados
argentinos que han generado un circuito de consumo denominado
"bailantas", grandes discotecas donde solo
se consume este ritmo, con chicas contratadas vestidas
en llamativos y cortos trajes desarrollando coreografías
en lo alto de los locales y con bandas tocando en vivo.
Para señalar como un hito consagratorio de este
ritmo como popular, una serie de programas televisivos,
radiales y revistas especializadas además de
eventos masivos con presentaciones de grupos en vivo,
entrevistas, juegos y demás pero lo particularmente
clave es la resignificación simbólica
como espacio socialmente valido y políticamente
correcto, es a través de varias telenovelas (ejemplo
de ello es "Muñeca Brava" que se transmitió
por una televisora de nuestro país) en donde
los sectores medios y altos se ven representados compartiendo
con chicas de estratos bajos, muy en la línea
de la Cenicienta que es norma del genero del folletín
y todos arrullados por el pegajoso ritmo del momento
que es la chicha.
Pero lo novedoso a nuestros ojos, es que los intríngulis
amorosos de estas historias no sólo se desarrollan
en los decorados burgueses, propios y acostumbrados
del genero, sino dentro de estos novedosos espacios
de esparcimiento y que en ella interactúen personajes
de distintas clases pero sobretodo de diferentes etnias,
clanes o castas, juntos y revueltos, casi iguales bajo
el inclemente castigo sonoro, sometidos todos ellos
a la irrefutable ley de la atracción de los cuerpos
y la dictadura de la piel, el deseo y el sudor, induciéndonos
a pensar que son posibles canales de ascenso social.
Modernidad deliciosamente kitch pero totalmente impensable
entre nosotros.
"Onda del Oriente"
Comprende todo el departamento de Loreto, Ucayali,
Amazonas, San Martín, Huanuco y algo de Pasco.
Esta caracterizada principalmente por ser música
altamente bailable y de diversión, como es el
espíritu del charapa, que de preferencia todo
lo ve baile o diversión. Cierto también
es que están fuertemente influenciado por ritmos
venidos del Brasil, como la lambada en su momento, las
toadas o últimamente el ritmo Kenyi.
Algo que llama la atención, es que estos grupos
charapas a diferencia de los de las otras regiones del
país, han hecho de su regionalismo y lo exótico
que esto conlleva, su marca industrial. Lo cual puede
ser visto como mérito ya que tras tantos siglos
de indiferencia, el país con solo dos canciones
de tres minutos y medio cada una, ha despertado y reconocido
que tiene selva, que tiene habitantes y estas, bailan,
son alegres y están rebuenotas. Lo cual marca
toda una revolución en el inconsciente colectivo
nacional.
Grupos bandera de esta onda podemos citar a "Euforia"
y "Ruth Karina", la que fuera su cantante
hasta formar su banda propia, entre los mas conocidos
comercialmente desde Lima. Pero viendo con más
detalle están grupos como "Sonido 2000"de
Tarapoto, "Los Mirlos" de Moyobamba o "Los
Cuervos" de Rioja, con cerca de 20 años
en el panorama musical de nuestra amazonía.
Pero quien fuera el pionero y verdadero padre de toda
esta movida, el gestor de este popular "look amazónico",
es "Juaneco y su Combo". Grupo paradigmático
y visionario, que tiene su mejor momento a mediados
de los años setenta. Período que coincide
con los logros y éxitos de la campaña
petrolera amazónica peruana. Temas como "Vamos
a Trompeteros" eran las elegías de la modernidad
y el desarrollo; canciones que han sabido resistir el
paso del tiempo sin perder vigencia ni calidad. Así
se tienen canciones como: Mujer Hilandera, Un Shipibo
en España, El llanto de Ayay Ame, o el soberbio
Vacilando con Ayahuasca.
"Juaneco y su Combo", adelantado a su época,
fue incomprendido en su momento. Fue el primero en reivindicar
los verdaderos trajes autóctonos de la zona y
de escribir temas que hablaban de sus mitos, leyendas
y personajes propios del oriente. A diferencia de los
trajes y coreografías que hoy nos vende Euforia
o la misma Ruth Karina, que son trasgresiones en el
ropaje, más polinesio que amazónico pero
muy efectistas, los arrebatos de los "juanecos"
no fueron aceptados por el mercado nacional, quedando
para el solaz y clandestino disfrute de sus paisanos.
Muchos han querido encontrar en el sonido de la selva
el inicio de la movida tecnocumbiera y asumirla como
su principal gestora. Vista en el tiempo uno encuentra
que su desarrollo y posterior influencia a la movida
musical fueron puntuales y circunscritos a un momento
particular y esta limita acción probablemente
sea resultado de las propias características
que el ritmo oriental sustenta en sus notas.
La principal razón para entender su limitado
influjo y perseverancia en el tiempo es la funcional
hechura para la diversión. La mayoría
de las canciones basaban su éxito en el tópico
de lo divertido que eran sus coreografías grupales,
en el desenfado de sus bailes, lo sugerente de sus letras
pero ahí quedaba la cosa. Y también su
mayor limitación, la música debe permitirnos
ciertamente alegrarnos, celebrar, bailar pero también
debe permitirnos llorar, enamorar, seducir, alimentar
la nostalgia, beber el olvido o cantar la desilusion
y es ahí donde el género presentó
sus mayores limitaciones no supo salir del encasillamiento
que ellos mismos propiciaron y sea tal vez eso lo que
les abrió las puertas de la capital, su particular
sintonía para el disfrute y la pachanga, nada
más.
"Onda Limeña"
Disímil, variopinto y contradictorio. Empecemos
por citar a los generadores de la movida tropical andina,
los gestores, los padres de esta suerte de Olimpo musical.
Mas que los fundadores diremos correctamente, los principales
difusores de la chicha: "Los Shapis", el difunto
"Chacalón y la Nueva Crema", "Vico
y su Grupo Karicia", "Pintura Roja",
"Tongo y su grupo Imaginación", el
"Pumita Andy" y "Los Geniales",
"Celeste", el "Grupo Guinda", entre
muchos otros.
Esta "onda" cuenta con diversas corrientes.
La más fuerte es la tropical andina, liderada
en su momento por "Los Shapis". Grupo proveniente
de otras experiencias musicales anteriores de sus integrantes
como Santa Martha desarrollada en Lima o con el grupo
Los Ovnis de la incontrastable ciudad de Huancayo.
Los Shapis tomaron su nombre aquella danza guerrera
de Chupaca. Simeón Sorogastua, mas conocido como
"Chapulín el dulce" y su fiel compañero,
Julio Moreyra proveniente de Juliaca, cual dúo
dinámico de historietas, llegaron a la capital
con su huaylarsh autóctono, alimentado de los
ritmos puneños de la saya y la tuntuna acuesta,
-algunos tradicionales, algunos naif y otros ingenuamente
esperanzadores- reciclados con ritmos cumbiamberos y
guitarras eléctricas, una vistosa coreografía,
-su ya legendario saltito con vueltita-, sus trajes
con los colores del arco iris o del incario, -según
el gusto de quien lo vea- e hicieron historia.
Segregados por ser serranos, cholos o indios, llamaron
la atención de propios y extraños, al
lograr congregar conciertos con más de diez mil
almas, -no solo en Lima sino en cualquier lugar donde
se presentaban-. Viajaron al exterior, se presentaron
en Paris, Francia. Llegaron a filmar una película
e hicieron el primer video-clip. Tuvieron su "shapimovil"(5),
la "shapimovida"(6),
llegando a grabar más de 20 discos e incursionando
en la televisión; la cantidad de sus fans les
obligaban a firmar miles de autógrafos. Y cambiaron
la mentalidad de nuestro país en donde ningún
grupo cholo hizo tanto en tan poco tiempo.
Pero esta revolución no fue sólo musical,
detrás de sus canciones y su imagen, para los
limeños y "blancos" del país,
se escondían los "otros": Los migrantes,
los invasores, los ambulantes, los cholos y por esas
épocas los recién aparecidos, los tan
temidos terrucos. Sin proponérselo, sin cargo
ni culpa, fracturaron el mundo académico, dividieron
las ciencias sociales con lo que se denomino "fenómeno
chicha".
Así es como fueron los representantes del tan
mentado y tan temido desborde popular. Hoy, cuando la
violencia ya fue disuelta, cuando nuestro país
ha cambiado tanto para no cambiar nada, sepamos que
la movida de la tecnocumbia tiene a uno de sus gestores
en este grupo huancaíno. Los mismos que hasta
el día de hoy, veintitantos años después
de su llegada a Lima, siguen siendo fuertes en su bastión
de la carretera central, dominio de los huancas, muy
a pesar que su sonido se ha hecho viejo y su cuarto
de hora ya paso, ellos siguen adelante.
Lo siguiente en la lista, como representantes de un
sonido limeño, esto dicho no por el patronímico
de lugar sino por el hecho de ser urbano o nacido en
calles, callejones, solares o pampones de esta ciudad,
podriamos señalar al mítico "Chacalón".
Lorenzo Palacios y su grupo La Nueva Crema, cuyo publico
proveniente de los cerros que rodean a "La Parada",
el mercado mayorista de la ciudad, siempre lo reclamó
como uno de los suyos. "Cuando Chacalon canta,
los cerros bajan" así sonaba por radio las
cuñas que anunciaban sus conciertos, con un ritmo
ahuaynado, más llorón y dirigido a una
población más urbana, a los migrantes
marginales de la ciudad, el lumpen, los reos, las prostitutas,
los pájaros fruteros, cargadores, etc. Todos
aquellos que de una u otra manera perdieron y se perdieron
por sus locas ilusiones que los arrancaron de sus pueblos,
bailaban y lloraban desaforadamente al calor de "Joven
Provinciano" himno de batalla de quienes detrás
de una dura costra de dolor guardaban un corazón
que añoraba su terruño y su heredad.
Mas para los que de fuera miran y no se conduelen del
dolor ajeno, solo veían un publico feo, mal oliente
y peligroso. Que posteriormente estas lenguas prejuiciosas,
temerosas y timoratas lo asociaran por siempre a la
onda chichera bajo la sumatoria siguiente: chicha igual
lumpen. Pero no es más que el resultado de estos
desencuentros, uno más que suele tener nuestro
país frente a lo que no es conveniente entender.
Párrafo aparte merece un grupo que visto a la
distancia y a la luz de la actualidad no podemos dejar
pasar por lo interesante del caso: "Pintura Roja".
Grupo que en su momento se diferencio totalmente dentro
del escenario chichero por ser el primer grupo en tener
una vocalista mujer, la siempre recordada y jamás
superada "Princesita Mily".
Una limeña de Barrios Altos, hija de migrantes
que escapándose de su casa hizo carrera descollante
en el medio chichero acaparado únicamente por
voces masculinas. Aparecía en el escenario enfundando
sus piernas en unas largas botas, unas falditas cortas
que recordaban al traje de las bailarinas de saya, pero
toda de blanco y con el cabello suelto al viento. Ella
rompió esquemas y abrió una senda que
muchos años mas tarde, ocuparía Rossy
War, Ada y posteriormente las Aguas Bellas.
Es momento de hacerle espacio a los grupos históricamente
importantes porque fueron el basamento sobre el cual
se construyo el mundo de la chicha pero que generacionalmente
era anterior. Grupos como "Los Yungas", "Los
Girasoles", "Los Ecos", "Los Destellos",
"Los Beta 5", "Los Hijos del Sol",
"Pedro Miguel y sus Maracaibos", entre otros.
Grupos que originalmente eran tropicales, de música
cubana o colombiana, de cumbia en estricto termino,
pero que supieron prestar oídos a sonidos que
el publico quería escuchar, experimentar con
ritmos, salidos de nuestro folclore y sin proponérselo
fueron los que prepararon el terreno de una movida musical
con aires propios, bien a la peruana.
Ese fue su mérito y su limite, porque en mucho
de los casos se quedaron en la difícil frontera
de no ser ni lo uno ni lo otro y a muchos, el tiempo
se los llevo de encuentro. Hoy aupados en una moda retro
tratan de mantenerse en actividad pero compiten por
su espacio en la nostalgia y el recuerdo, sin poder
salir de ahí.
Para ir terminando, no podemos dejar este espacio sin
citar un brazo mas dentro de esta onda limeña
y es el caso del sonido de Huarochiri, provincia de
la sierra de Lima que siendo alejada de la ciudad emana
una fuerte presencia en el mercado musical. Dentro de
ella, "Revelación 5:40" como principal
exponente de esta corriente es la suma de todas las
virtudes. Dentro de un embalaje de huayno, con una impresionante
estructura de vientos, trompetas y saxo, como en las
orquestas huancas pero a diferencia de estas, con una
coloratura y vitalidad avasallante, y unas letras que
siempre van de la mano de un regionalismo, de un aire
rural que contrasta con lo moderno de su ritmo, rompe
los esquemas de lo anteriormente escuchado. Aun nos
depara una sonora sorpresa mas adelante.
Ahora tratemos de armar el momento en que la tropicumbia
salió del anonimato irreal de la Capital. Este
era el panorama musical en los comienzos del 98. Primero
los grupos lideres que sonaban según cada región
y como se hallaban en relación con Lima. Teníamos
por la movida sureña: "Enlace" y "Rossy
War". Por la movida norteña recién
destacaba "Agua Marina" que había logrado
desplazar del cariño de los norteños en
Lima al grupo "Cantaritos de Oro" que era
el grupo estrella en ese momento, con el tema Paloma
del Alma Mía mucho antes de su mega éxito:
Siempre pierdo en el amor. Esa canción fue la
que les permitió romper su limite imaginario
que era Puente Piedra para llegar a las puertas de la
capital con singular éxito. En el local, que
años después adquirirían por ser
el primer local que llenaron en Lima, el Huaralino de
la carretera Panamericana Norte.
Pero quien realmente acaparaba la atención era
Rossy War, que surgió a la luz publica limeña
cuando un programa dominical hacia mención entre
sorprendida e incrédula el descubrir a una cantante
peruana que era un éxito de ventas y de presentaciones
en el vecino país del sur. Rossy War era un éxito
total en Chile y Bolivia y nadie tenía la menor
idea entre nosotros de quiera esta chica con tan singular
nombre.
Para explicar este hecho y llenar los vacíos
de la ignorancia limeña se tuvo que recurrir
a explicaciones forzadas a través de cantantes
extranjeros. Así aparecieron los paradigmas de
Selena y el tex mex por el norte, reivindicada de manera
forzada por Rossy War y por el sur, nos enterábamos
del rutilante éxito de Gilda, esta ultima muerta
también como la norteña pero que tenia
la particularidad, que su productor y creador fuese
el Cholo Olaya, un productor chichero peruano de larga
trayectoria e historia radicado en la Argentina. También
empezaba a sonar con fuerza Karla producto también
del Cholo Olaya en Argentino y una Laura León
en Méjico. Muy aparte fue lo sucedido con los
chicos de Euforia, que provenían del oriente
y que también fueron descubiertos por las cámaras
de otro programa limeño que circunstancialmente
salían de la capital, encontrándose que
eran un furor en plazas y discotecas de Pucallpa a Iquitos.
Un mismo corazón, un distinto ritmo: el Folclore.
Empecemos por nombrar a Dina Paucar, desde el género
del huayno con arpa, que representa una mujer migrante
que contrasta con el imaginario urbano al encontrar
una provinciana con buenas maneras, el tono bajito y
suavecito para decir las cosas pero que no ha renegado
de su origen provinciano ni humilde. Que reivindica
su pasado de trabajadora del hogar y vendedora ambulante,
pero que ha tenido el pudor y el temor de dar un paso
mas adelante, asumiendo un liderazgo y sintiéndose
una líder de opinión para señalar
las ausencias y reivindicar un futuro justo para todos
los provincianos.
Pero también tenemos el rostro menos sereno
de una Abenzia Meza, la otra popular cantante del genero
del huayno con arpa, que es reducida a la manida imagen
de la mujer achorada, mas liza, mas campechana pero
que por las mismas características su voz es
desmerecida por su actitud incordiante y probablemente
denigrada por asumírsele populachera, cayendo
en el estereotipo que se espera del migrante provinciano.
Mas alejada de la preferencia popular pero siempre
tenida en cuenta y respeto esta Amanda Portales que
se le recuerda con la imagen de profesionalismo, calidad,
la mejor representante del canto huanca pero que por
mantener esta imagen de "señora" ha
castrado su voz contestataria a una voz más reinvidicativa
del "ser huanca" como un cumulo de tradiciones,
de vestido y maneras pero no de su raíz de lucha,
su carácter independiente, comercial, pujante
y combativo, es decir conservadora de una tradición
pero que ella no es instrumento de renacimiento andino.
En el cantar ayacuchano Saywa sigue apostando por la
imagen de postal, para el folclore de exportación,
homogenizado y pasteurizado dejándonos lo andino
como formas y maneras pero sin luchas ni consignas,
sin pobreza impuesta, sin dolor ni rabia solo nostalgia
y buenas intensiones.
Las viejas glorias que identificaron el nuevo canto
ayacuchano tales como Cristina Portocarrero, Nelly Murguía
y las hermanas Julia y Sila Illanes fueron devoradas
por la democracia autoritaria, por el cansancio de la
violencia subversiva, por el justo reclamo de paz social
y por su propio desencanto, perdida de ruta y falta
de claridad, para advertir que las razones de la rabia
y frustración de generaciones de provincianos
aun sigue incólume ante tanta injusticia y desigualdad
y que por tanto las razones de seguir luchando por una
patria nueva aun están ahí.
Como una mezcla del rezago dejado por estas cantantes
o por razones propias, por ahí despunta Yolanda
Pinares, con fuerza y con rabia pero perdida en un mar
de dudas y vanidades, sin un "norte claro porque
luchar" aun cuando la bandera que enarbola sea
justa y necesaria.
Siendo estas las voces femeninas que acaparan el mercado
de la música folclórica y teniendo como
fondo todo una mar variado de cantantes regionales que
luchan por levantar la cabeza entre tanta uniformidad,
conformismo, falta de oportunidades, facilismos y limitaciones
podemos advertir que existe espacio para una cantante
que reclame para sí la oportunidad de ser exitosa,
con orgullo y presencia, con heredad y futuro, con discurso
y con propuesta para estos viejos nuevos tiempos.
Dentro del mercado del folclore del centro reconocemos
diferentes corrientes, como la denominada huaylas tradicional
que esta representada por las viejas glorias del género
que van desde la epigonal Flor Pileña a Flor
de la Oroya en voces femeninas y en voz de varón
la variopinta variedad de solistas como Picaflor de
los Andes a los formidables tríos ayacuchanos
que van desde los Campesinos, los Sureños, el
Trío Ayacucho, que entre la década del
60 a los 70 supieron forjar un espacio para el trovador
elegante y romántico, quienes marcaron un lugar
de esplendor dentro del canto andino.
Esta corriente clásica que va de los años
1930 a 1970, entra en decadencia producto de los cambios
impuestos en el ande producto de la ruptura de la tenencia
de la tierra y un proceso violento de modernización
que trajo consigo también el inicio de las migraciones
masivas a la capital donde las poblaciones mas campesinas
encarnaron la bandera de la modernidad, la movilidad
social y el cambio, lo cual hizo que las viejas canciones
cantadas por los viejos señores no sintonizaran
con los nuevos aires y los nuevos tiempos, fue el tiempo
del recambio.
Paralelamente en la ciudad de Lima se iba dando a finales
de los 70 y producto de esa impronta nacionalista del
velascato una marcada etapa dominada por corrientes
de la Nueva Música Latinoamericana que fuera
consumido masivamente por estudiantes universitarios
de San Marcos y de la Católica. De origen clase
media que sin conocer su patria adhirieron ritmos tradicionales
de los diversos países latinoamericanos producto
de una supuesta fraternidad latinoamericana impulsada
por los cambios políticos y movimientos populares
que desde los finales de los 50s recorrieron Brasil
con su Bossa Nova y su galaxia propia con Tom Jobim,
Vinicius de Moraies, Caetano Veloso, Gal Costa; Cuba
y el canto de la Nueva Trova de Silvio Rodríguez
y Pablo Milanes; Chile que a través de grupos
como Inti Illimani, Quillapayun, solistas como Victor
Jara y Violeta, Isabel y Angel Parra; los Kjarkas y
los Savia Andina, los Uros, en Bolivia o las eternas
voces de Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, Atahualpa Yupanqui
y Víctor Heredia en Argentina, Ernesto Zitarrosa
y Daniel Viglietti en Uruguay, marcaron toda una generación
limeña y provinciana que a su vez eran remecidos
por la politización en las composiciones y las
letras.
Tenemos entonces toda esa hornada de jóvenes
que descubrieron el ritmo latinoamericano y su destino
provinciano descubriéndose políticamente
activos asumiendo a su vez su raíz andina debajo
de ese poncho y detrás del bombo que aporreaban
mientras se hacían a la idea de una patria grande.
De esta manera surgieron Tiempo Nuevo, Alturas, Vientos
del Pueblo y otros que en gran medida eran conformados
por jóvenes de clase media limeña y muchos
provenientes de las capas medias provincianas, periféricos
a los grupos políticos de izquierda que los convocan,
así en muchos de estos casos van de la mano militancia
política y ejercicio musical de un género
que les permitía de un lado insuflarse el latido
andino y las apabullantes contradicciones de nuestra
realidad nacional.
El género creció por un tiempo hasta
declinar junto de la mano del ocaso de la izquierda
legal que se perdió en los vericuetos de la formalidad
y las múltiples fracciones en que se debatió
la izquierda peruana hasta caer derrotada ante la aplanadora
fujimorista. Fue así que la siguiente generación
de jóvenes que heredaron el poncho y el bombo,
dejó de lado a los sicuris para pertrecharse
y apropiarse de la música latinoamericana para
convertirla en algo así como el "romance
andino" que lo libero de cualquier atisbo de critica
social, discurso incordiante que se convirtió
en una mirada critica a los usos y costumbres de los
citadinos frente a los rurales y provincianos, a lo
más insuflado por la nostalgia y las buenas intenciones.
De ese colectivo sobreviven grupos como Yawar, Chopkas,
Alpamayo, Allpa Wallpa, Canto Sur, o han surgido nuevos
como Pueblo Andino del Cuzco, Orígenes de Huancayo,
las Chicas Daya, Mestizas, etc. Pero todos estos luchan
por encontrar una identidad propia que les dé
una razón para crecer, vivir y hacer de esto
un negocio rentable que no languidezca de un pasado
oropel.
Es decir, muchos no han logrado crecer dentro de la
música latinoamericana buscando un sonido propio
o una propuesta musical, cultural, o ideológica
que los personalice de los demás, de ahí
que son pocos los grupos nacionales que lograron remontar
o escapar a la ilusión de la repetición
de sonidos elaborados por los bolivianos de Kjarkas
o chilenos como Illapu, o cayendo en lugares comunes
de la balada andina o romance andino, mas allá
del uso de instrumentos eléctricos o efectos
digitales, adolecen en la elaboración de letras
en donde imágenes machistas algunas cursis o
melosas, en muchos casos, malos remedos de la lírica
propia del huayno o de la vieja canción andina,
sin lograr proponer nuevos aportes ni nuevas imágenes
a un ritmo que es ahora principalmente urbano de clase
media provinciana y con un gusto mas trabajado que los
temas que ellos implementan, en otras palabras, resultaron
siendo muy conservadores mas que su propio publico.
Por ultimo, el híbrido en que musicalmente se
desenvuelven no ha logrado madurar principalmente porque
ellos mismos no se han exigido en su renovación
y búsquedas propias y por el otro lado, el espacio
común no ha crecido tampoco porque no les gusta
pensarse como un colectivo y de luchar de manera organizada
por construir un espacio para todos ellos, son muy individualistas.
Síntoma de esto es que la mayor parte de grupos
son disgregaciones de grupos anteriores, es decir, de
la separación de algunos integrantes para formar
su propia agrupación que termina siendo una replica
del cual provienen, no porque representen una nueva
alternativa musical o que signifiquen una apuesta por
un sonido distinto, sino otro grupo clonado más
para el disfrute de sus integrantes o por el vil negocio.
De ahí también la incomodidad para construirse
un nombre propio que los personalice de la movida de
la música latinoamericana, música andina
moderna, de protesta, neofolclore, folclore urbano o
cualquier otra denominación que tienden a usar
para nombrarse así mismos.
Pero volvamos un momento a los finales de los años
60s en que todo este momento de cambios y nuevos aires
populares que trajeron la revolución cubana o
el triunfo de Allende y la Unidad Popular en Chile,
esta apertura en la búsqueda de un sonido propio
en nuestro medio se replico con una serie de autores
y grupos en el mundo criollo costeño, es interesante
el "Cardo o Ceniza" de la compositora Chabuca
Granda, casi en dialogo en correlato de un Perú
Negro y los logros obtenidos por Nicomedes y Victoria
Santa Cruz para la construcción de un "orgullo
negro".
Ya para los ochenta estos vientos de cambio son entonados
en la sierra con la aparición de diversos grupos
y cantantes como Cristina Portocarrero, Nelly Murguía,
Julia y Sila Illanes, luego les seguirían los
hermanos Humala con el Dúo Arguedas, y una larga
lista de cantantes que partiendo de la impronta política
del Nuevo Canto Ayacuchano, conocido vulgarmente como
el Huayno de Protesta Ayacuchano, que tuvo su cenit
en el concurso nacional de Nuevo Canto Ayacuchano emprendido
bajo el empuje ganado de los SICLAS y de los Festivales
de la Nueva Canción Latinoamericana, organizados
e impulsados durante el gobierno APRA para reforzar
su imaginario de partido de izquierdas, progresista
latinoamericano y desde el llano, con cantantes como
Manuelcha Prado, Kiko Rebatta o por los noventa con
las tiernas voces de niños como Max Castro que
empezaron por alivianar la propuesta en posturas esteticista
o disforzados discursos populistas.
Para aligerar todo este denso paquete musical de los
ochenta, el recambio en la música mestiza criolla
de sierra vino con la aparición, por un lado
con las voces juveniles de los hermanos Gaytan Castro,
quienes introduciendo instrumentos modernos a los viejos
temas cantados por sus mayores, trataron de vitalizar
el canto de los "señores ayacuchanos",
chocando con la critica e incomprensión de los
tradicionales pero que en un primer momento convocó
a la juventud huamangina para luego vencer la abulia
y el desdén del resto del país. Ya estabamos
en tiempos de pólvora y dinamita.
Pronto sin embargo, producto de innumerables acercamientos
con los criollos de costa y cobardías propias
por su afán de ser aceptados por la capital,
los Gaytan, incurrieron en la distorsión imaginaria
de "blanquearse" abdicando su sonido de voces
frescas por conceder en un producto blando y rutinario,
dentro de lo esperado, al final, terminando siendo una
cansada voz que ahora suena a viejo.
Todo lo anterior es una breve descripción del
mundo mestizo criollo de sierra pero también
hubo novedades producto que los nuevos tiempos y discursos
permitieron la apertura y la aparición de nuevos
protagonistas del lado de las músicas y voces
campesinas.
Es también en los ochenta que la más
importante variante fue la aparición de un producto
totalmente desenfadado y comercial, hecho para el disfrute
del baile y la fiesta reinventado la picardía
andina que consigue el éxito masivo de la mano
del folclorista y productor Eusebio "Chato"
Grados creador de las Chicas Mañaneras y de manera
putativa de toda esa recatafila de copias que surgieron
como cancha que fueron las Chicas Caramelo, Las Súper
Caramelo, etc, etc, en donde el esquema es el siguiente:
Potente conjunto huanca con saxos y demás vientos
que ponen marco musical a los dos dúos femeninos
que armadas de agudas voces campesinas disparan un discurso
pícaro y juguetón que reivindican el orgullo
huanca desde la voz, gracia y maneras de esa mujer huanca
campesina. Más allá de que existieran
llamativos atributos en las cantantes, probablemente
su éxito se debió a que los temas elegidos
hacen uso de una marcada feminidad que jugando con el
coqueteo, el reto y la gracia del habla popular hecha
canción, Santiago o huaylash.
No podemos negar que aquí, en este vehículo
musical también hay espacio para los estereotipos
habituales gestados dentro de la burla y el desprecio,
el machismo y la imposición, todos los lugares
comunes que suelen habitar en los discursos populares.
Su éxito en el tiempo y su significativa recepción
del mercado, es que ha doce años de lanzado el
formato, a un hoy siguen apareciendo nuevos grupos que
se agregan a una ya larga lista de agrupaciones clonadas
del mismo concepto, para señalar un ejemplo:
las mas recientemente conocidas "Chicas Sonrisa"
o las "Terremoto del Folclore".
Otro es el caso del "norte chico" que comprende
la región que va de la sierra de Lima hasta el
departamento de Ancash por el norte y Huanuco por el
oriente, donde se desarrollo el huayno con arpa. Ahí
podemos encontrar, que por el contrario al caso ayacuchano
o del Mantaro, la preferencia va mas por el lado de
las voces femeninas singulares que van en contrapunto
con el ritmo marcado por el arpa siendo estas mas bailables,
con letras que guardan similitud con las demás
regiones al inclinarse también por el género
de lo romántico pero con predominancia por el
despecho y también marcando su espacio femenino
sin sometimiento.
Los primeros grandes representantes del huayno con
arpa fueron artistas justamente de estas zonas como
los hermanos Lucio y Tomás Pacheco(Chancay),
Ángel Dámazo(Oyón) y la singular
Mina González y Totito Santa Cruz y la celebre
Alicia Delgado. Ellos acompañaban el arpa con
palmadas, huiro y a veces cajón. Para los años
ochenta ingresan innovaciones como la inclusión
de instrumentos como timbales, impulsado en el 1985
por Elmer de la Cruz (Huaral) animaciones salseras efectuadas
por Sócimo Sacramento(Sayán) en sus canciones.
En la década siguiente, aparecen otros intérpretes,
pero no olvidemos que todo esto se mueve teniendo como
sustrato bandas regionales imponentes y potentes como
la Banda Orquesta Selección Chiquián,
Banda Juventud Poquian de Cajatambo, Banda Santa Cecilia
de Cátac, y otras que apuestan por salidas más
agresivas en ritmo como en instrumentalizaciones que
devoran todo tipo de sonidos a su paso como Los Matadores
del Arpa de Julián Yaachi o mujeres con voces
y canciones campesinas como Dina Paúcar (Huánuco),
Sonia Morales (Ancash) o Abencia Meza(Ancash), que terminaron
de moldear lo que hoy es el huayno con arpa.
De esta forma, las principales voces femeninas del
"norte chico" han tenido un espacio propicio
para desarrollarse con nombre propio seguidas de su
grupo, tal es el caso de Alicia Delgado, la iniciadora
de la popularización del genero con arpa en voz
de mujer, proveniente de Ancash, quien canta música
más campesina que mestiza, de la mano de la apuesta
del productor musical ancashino Samuel Dolorier y su
caravana musical PRODISAR que es a su vez el sello para
el cual ella grava sus principales éxitos y temas.
Producto del inicio exitoso surgió amparados
en el estilo de Alicia, voces que extremaron su sonido
e impronta campesina con las "yauyinitas",
Doris Ferrer: la Yauyinita de Oro y Anita Santibáñez:
la Muñequita de Yauyos. Dos cantantes surgidas
en la sierra de Lima, Yauyos que con un tono más
agudo y un peso preponderante del arpa lograron ocupar
y desplazar de la memoria del publico el espacio dejado
por Alicia quien dejó el país para establecerse
permanentemente en los Estados Unidos.
A diferencia del desarrollo de la música campesina
en el valle del Mantaro y sus pares huancas en que no
logramos reconocer a la cantante o las cantantes por
su nombre propio sino de sus agrupaciones como vimos
anteriormente, es en este género que destacan
las individualidades. Todas estas cantantes logran hacerse
un espacio con su nombre propio pero debemos tener en
cuneta que es en este espacio que la anterior generación
de cantantes tenían la diferenciación
con su mundo personal, la hechura de su nombre artístico.
Así podemos recordar a viejas glorias como Pastorita
Huarasina, el Jilguero de los Andes, y otros celebres
cantantes de la región que fueron conocidos y
hoy son recordados así, casi desconociendo sus
verdaderos nombres.
Tengamos en cuenta que aquellos momentos de la música
popular imponía el uso de los nombres artísticos
que en muchos casos permitía ocultar los orígenes
o muy populares o en muchos casos más pudientes
que escondían en el anonimato, los apellidos
de familias que veían como un demérito
imperdonable, el hecho de ser gente decente dedicada
a usos y costumbres vergonzosas.
Otro punto también es que muchos de estos artistas
se hicieron populares interpretando música de
salón, la música andina de los señores,
de los "mistis", construcción musical
que replicaba en alguna manera a la música criolla
costeña en la que también puede diferenciar
la música de salón con la denominada de
callejón. En fin, las deformaciones que nos devuelven
una mirada a nuestra sociedad insular de castas y etnias.
En el caso de la sierra, se interpretó durante
muchos años hasta llegar al gobierno de Velasco,
temas de la usanza mestiza y cuando se interpretaba
algún tema del cancionero indígena se
travestía de la "galanura" o "finesa"
de una interpretación virtuosa que adecentaba
el tema para los oídos de los señores
y las señoras de salón. Parte de ese proceso
de amputación eran las voces agudas propias de
la interpretación indígena, así
como la eliminación de todo uso de instrumentos
indígenas como pututos, quenas, vientos e instrumentos
que remarcaban en notas muy agudas o altas el improntus
indígena de su canto, basta con escuchar los
sonidos de un violín de un danzante de tijeras
o el arpa en las comparsas de las pallas en toda la
zona del Callejón de Huaylas. Mil ejemplos para
entender de lo que estamos hablando, marginación
e indiferencia para llamar al racismo mas desembozado
y castrador.
Volviendo a este nuevo siglo, heredera del canto indígena
campesino del genero del huayno con arpa, Dina Paúcar,
debe su singular éxito a una larga serie de circunstancias
singulares y de situaciones aleatorias que confluyeron
en su momento para invocar el éxito: un caso
fue la circunstancia que las principales cantantes del
genero abandonaron súbitamente el escenario nacional,
Alicia Delgado, en su mejor momento viajando a los Estados
Unidos por un futuro mejor y Doris Ferrer, la sucesora
triunfante sufre un accidente automovilístico
que la saca del negocio por dos años, dejándole
libre la cancha para ganarse la atención del
publico.
Pero no es menos cierto de otro lado, que su forma
de interpretar, la forma de encarar los temas, lograron
granjearse la simpatía y complacer al auditorio,
sea tal vez ese guiño al oyente que despierta
una atracción tan fuerte y pegajosa al recurrir
a un sonido doloroso y dolido. Pero si bien, más
que por las virtudes de su canto, es probable que esté
perdurando en el mercado por sus características
personales como ser modosita, suavecita y siendo la
más clara de tez que las anteriores, lo que le
ha valido ganarse un espacio de tolerancia dentro del
esquivo mundo de la clase media limeña, más
aun cuando su música sea paradójicamente
señalada por este mismo sector de repetitiva,
simplona y sin contenido, características que
se resumen en el concepto de música campesina.
No podemos dejar de señalar que el huayno con
arpa tiene una fuerza propia por lo pegajoso de los
ritmos donde el contrapunto de la voz del arpa con una
percusión agresiva sirve de marco para composiciones
en que interpretadas por voces lloronas hay contrariamente
una fuerte presencia de tesón y lucha en las
resoluciones de los temas. Así, aun cuando duela,
no es lo suficiente para derrotarnos o abandonarnos,
duele pero se aprende.
Llegados a este punto abramos otras entradas y veamos
lo que sucedía en los otros géneros musicales
y hablemos de lo Criollo o del folclore de costa. Hasta
ese momento en la música criolla la lectura dominante
de la ciudad de Lima ha subordinado a espacios más
pequeños el resto del folclore de la costa imprimiendo
una distorsión producto de algunas cantantes.
Un primero momento esta hegemonizado por la imagen
de mujer representada por Lucia de la Cruz, Lucila Campos:
la reina de las Polladas, o una Bartola, que han hecho
despliegue de un estilo que podríamos denominar
como el "estilo callejón" en que principalmente
la actitud de una mujer con carácter, con aplomo
y desenvuelta tiene como instrumento para dominar a
su público, el uso de la replana popular y de
un lenguaje soez que en resumen lo convierte en un espectáculo
vulgar y grosero. Gusta del publico porque la mujer
cunda y sandunguera se impone a su manera, al imaginario
de un publico varonil que es guapeado y choteado. Probablemente
esto ultimo es lo que gusta, como demérito es
que para muchos, el género criollo es este único
estilo.
Luego la siguen, desde lo popular, la voz de Rosa Flor,
que también bebe de las mismas aguas, entre cunda,
aguerrida, chúcara, con una voz vibrante que
la acompaña y la apoya para este estilo particular.
Probablemente se desmarca de las anteriores por no ser
de procedencia negra sino más mestiza costeña
serrana que la hacen particular, también porque
se esmera en su atuendo y su garbo. Cabe señalar
que a diferencia de las anteriores que no dejan de preocuparse
por su indumentaria y su presencia tal vez marcada en
afeites como las pelucas postizas, las escarchas y los
brillos, en el caso de Rosa Luz va más tirado
a lo atildado formal, lo elegante pero desde los parámetros
de esa formalidad copiada mas en función del
lado más pudiente de la ciudad.
Más alejada de la preferencia popular y más
circunscrito al género criollo limeño
encontramos toda esa hornada de jóvenes promesas
de la música criolla, que van desde Carlos Jasso
a Claudia Aguirre, atrincherados en un espacio aun más
pequeño, ligada a una casi inexistente "Vieja
Guardia" y a la Lima que se fue. No podemos negar
que contaron con el apoyo de la televisión a
través de la primera etapa del único programa
especializado en televisión "Mediodía
Criollo" pero encorsetados entre el discurso del
joven criollo decente pero pícaro o ligado al
"valsesito del ayer", han visto pasar los
calendarios y digamos que, también su oportunidad.
Están ahí pero no han pasado mas allá
de lo que ya tuvieron.
Luego tenemos el espacio de la generación intermedia
de los 60s, ahora viejas glorias, que identificaron
la música criolla por décadas desde Los
Kipus a Polo Campos, aquella generación con glorias
como Cavagnaro, Jesús Morales: la reina de la
canción criolla, Maritza Rodríguez y otras,
que finalmente son parte de la historia musical de la
canción popular de costa.
Vale la pena rescatar en párrafo aparte el proceso
de cantantes como Cecilia Bracamonte o Edith Barr, que
iniciándose en el canto popular empezaron un
pragmático proceso de adecentar el canto y finalmente
las ubicó lejos del calor y el cariño
del público quedando replegadas en un nicho del
mercado pudiente pero casi pigmeo. Su sonido también
buscó sonidos más agradables a este sector
que suele denominar a sus experimentos como fusiones
con otros ritmos sean "jazzero" o "bossa
nova" pero que lejos de añadirles calor
expresivo las ha alejado de la vena popular que las
nutria de honestidad y sentimiento.
Producto de estos procesos se encuentra una hornada
distinta de jóvenes que proceden de estratos
más altos a lo habitual dentro del género
criollo. Estos nuevos "criollitos" no son
de callejón, menos de quinta, inclusive ni siquiera
tienen esquina y carentes de todo tópico de lo
criollo, tampoco tienen el menor referente en lo que
a la música criolla se refiere. Es desde ese
desconocimiento, o digámoslo que "casi de
oídas", han construido esta nueva vertiente
de "criollitos light": desde una Fabiola de
la Cuba llegando a una Julie Freundt. Hacen fusión
moderna de una música criolla que toma de aquí
de allá y lo sacude en la expectativa e ilusión
de captar el mercado juvenil citadino. Su pretensión
va de poder bailar un ritmo negro en las discotecas
y poner de moda un sonido con referentes conocidos por
todos y hacer música para bailar y para alegrar
el cuerpo.
Pues digamos que no lograron ni lo uno ni lo otro.
No porque sea impensable lograr una tarea como aquella
o por oponer una mirada tributaria de una tradición
anquilosada y estática, sino porque probablemente
el demérito venga de la mano de la falta del
conocimiento del género más que de falta
de cariño.
Teniendo a los tradicionalistas de un lado y los nuevos
vientos de la música criolla es momento de dedicarle
algunas líneas a la voz más importante
actualmente del género que viene siendo Eva Ayllón.
De un origen en donde bebió de las fuentes más
clásicas de la música en una carrera de
casi 30 años ha madurado una voz reconocida por
todos que la han llevado a ser la imagen reinvindicadora
de la mujer negra que es empresaria y cantante con un
proyecto limpio, desarrollado a base de buenos temas,
una impronta nacional, un discurso entre renovador y
tradicional pero con una indesmallable condición
de trabajo y más trabajo.
El otro lado de la medalla es que también en
ese largo trajinar y de construcción de una carrera
que le abra las puertas del mercado, no solo limeño
sino en el ámbito nacional en donde también
tiene una singular empatía y valoración,
le han llevado a buscar acercamientos con otras experiencias
con músicos y propuestas valorativas desde el
otro lado de la ciudad y es en ese acercamiento en que
ha tenido logros y méritos pero que también,
la han alejado de su publico y su apuesta original.
Claro que en este proceso se encuentra acogida por
la bandera del progreso, de la modernidad, de hacer
del sonido nacional asequible a mercados más
grandes y distantes a nuestros propios referentes. Es
en esa ambición de llegar a un publico no solo
peruano que hizo una larga serie de concesiones que
la han llevado a perder la brújula e inclusive
a concesiones contradictorias aun con el sector pudiente
que le abrió los brazos y que la acogieron con
cariño e ilusión, ejemplo de esto es el
mal paso dado con Alex Acuña en aras de participar
en los premios Grammi. Mas allá de lo anecdótico
probablemente nos permita percibir por donde van sus
apetencias y sus sueños, validos y reales, pero
que le nublan la mirada para encontrar el camino en
búsqueda de la tan ansiada internacionalización.
Hasta aquí hemos emprendido una mirada simultanea
y descriptiva de la historia musical en los últimos
treinta años desde el folclore de costa y de
sierra, la tan mentada chicha y la apabullante tecnocumbia.
Y estos múltiples sonidos nos han llevado a encontrar
similitudes y semejanzas bajo el manto de las aparentes
diferencias para ocultar un mismo sentir.
3. Fuga con huayno
A continuación quisiera resaltar algunos puntos
a manera de rápido rafeado para tenerlos en consideración
no creyendo que ni son los únicos ni los más
importantes pero que sí vale la pena tal vez
comenzar por ellos.
La gesta juvenil provinciana: ¡Escandalo,
Escandalo!
Lo que la tecnocumbia también trajo como novedad
en el imaginario colectivo de la gran ciudad fue la
irrupción de los grupos de adolescentes, levantados
por los medios de prensa como la gran revelación
del milenio.
Este significativo boom de grupos adolescentes surge
en el fértil espacio de la música sureña.
El estilo es colgarse de los temas ganadores de reconocidos
grupos bolivianos o argentinos. Así tenemos a
Escándalo, Tornado, Magnesio, Zona Franca, Extasis,
entre otros. Los que bajo el artificio de grupos prefabricados,
donde la parte estética y derroche de energía
cinética en sus bailes frenéticos desborda
sus capacidades como cantantes. En muchos casos incluso
ni cantan.
Aún así lograron ganarse un espacio importante
del mercado adolescente(7)
mas allá de la tecnocumbia inclusive captando
a las adolescentes de otros géneros tales como
la salsa, el pop que cayeron seducidas por la imagen
avasallante de estos chiquillos desenfadados y recontra
desenvueltos. No fue raro empezar a ver animadoras de
televisión, vedette, artistas de cine, que salían
con los mal llamados "chicheritos", formando
parte muy activa de la fauna del afamado y deseado mundo
de "Chollywood". Los breves minutos que duro
su reinado lograron abrir puertas y espacios en esta
cerrada sociedad estamental.
Pero también esta sobre exposición pública,
generó su ruptura y fracaso porque el envanecimiento
de estos frágiles egos les empezaba a exigir
la existencia personal e invidualizada, cegándolos
ante lo evidente, que primero su éxito no estaba
basado en la riqueza de sus voces sino en lo atractivo
del empaque, del enorme valor de andar en mancha y por
ultimo, su frágil, dependiente y terrible adicción
por los medios de comunicación.
Es así cuando cada uno de ellos intentaron el
camino individual con sus historia personales como sustentos
de sus expectativa pues se fueron de cara al no encontrar
ni las posibilidades para continuar ni de que colgarse
para sobrevivir al vértigo del vació existente
de descubrirse que no eran nada en solitario. De toda
esa hornada de muchachos no se produjo ningún
solista, ninguna voz ni rostro que sobrevivieran al
exagerado y duro impacto de esa vida loca.
Pero no seamos tan duros que esto no es un caso excepcional
o que fuese constitutivo y propio sino que forma parte
de lo ilusorio de mainstream cholo. Recordemos que el
mismo destino siguieron otras agrupaciones juveniles
en el mundo desde los resonados Parchis, Magneto, Menudo,
Backstreet boys, cuyos integrantes también conocieron
de la desazón y el fracaso de iniciar carreras
en solitario, pero son tan pocos los que lograron librarse
de su pasado. Es parte de la modernidad de la industria
musical, muchas voces no son más que piezas de
una maquinaria que devora, tritura y degluten. Así
es el business.
La choledad no significa soledad: Amigos traigan
cerveza!.
Marcando una distancia frente a las voces que, desde
finales del 2000, señalaron el agotamiento de
la fórmula de la tecnocumbia y otros más
radicales aún que ya firmaron la partida de defunción,
cabe señalar que el género aún
depara un período mayor al ofertado y entendido
por la clase media. La fortaleza del género esta
representado por un grupo boliviano que nos recuerda
lo vital del sonido andino haciendo énfasis en
el lado más popular y arraigado de los consumidores.
La carta de éxito se llamó Los Ronish,
quienes con su sonido abiertamente chichero, campesino
y netamente andino supo romper con la indiferencia que
empezaba a cerrarles el paso tanto en la radio y televisión
y sin gozar durante largo tiempo del apoyo de la prensa
fueron el boom de la tecnocumbia durante toda la transición
democrática y el establecimiento de una nueva
administración política que se presentaba
como renovadora y pragmática desde un imaginario
andino que iba mas allá del rostro del candidato
elegido. Esta confluencia de necesidades encuentra también
su correlato en apuestas sonoras como el de los Ronish
pasando por la impronta del folclore con arpa.
El impulso de Los Ronish fue impresionante: en escenario
donde se presentaban eran un reventón asegurado.
Su impresionante éxito generó una tardía
atención de los medios que quisieron colgarse
de ellos. Aún con estas importantes cartas de
presentación, estos siguen siendo marginales
al "mainstreem cholo" probablemente debido
a lo cargadamente andino de sus rostros. Valdría
la pena recordar la distancia que guardaron con el apoyo
recibido los argentinos de Ráfaga o Sultanes
que fueron la versión mas refinada de una movida
tecnocumbiera que se vestía parafraseándose
así mismos con colores, estilos, modos y afectaciones
aún más estridentes. Pero lo que nos quedo
totalmente claro que el país exige cada vez más
un sonido andino para su consumo y representación.
Será por todo esto que goza de muy buena salud.
Reconstruyendo roles: mujeres al ataque.
Debemos reconocer que una amalgama de mujeres ha surgido
con voz propia en el mundo de la música popular
peruana ya sea desde la chicha, la tecnocumbia o el
folclore. Todas ellas tendrán en común
reconocerse como mujeres surgidas de los más
profundo del país, herederas de una tradición
musical y de una estirpe de lucha, que sus cantos serán
un constante mensaje de esfuerzo y tesón a todas
las mujeres del país, que sin mucha educación,
sin dinero, sin apoyo de nadie, con hijos y sin marido
han sabido surgir y forjarse un destino propio y que
están muy orgullosas de ello.
La sumatoria que las resume será: de origen
humildes, tesón y fortalezas, madres y trabajadoras,
orgullosas y elegantes, irónicas y "cachozas",
con fuerte discurso reinvidicacionista, feminista y
"cacheteador", en el verbo y la ironía
esta su fuerza y apuesta.
Este inicio del nuevo milenio descubre una mujer más
activa, particularmente agresiva, decidida y con un
discurso altamente cuestionador del rol masculino en
el que contradictoriamente continua siendo machista
en el fondo. Modelos de esta corriente de opinión
vienen a ser personajes públicos, rezago de la
década autoritaria pasada como Laura Bozzo, Magaly
Medina o en la política, mujeres como Marta Chávez,
Marta Hildebrandt o la Cuculiza. Pero estas imágenes
ahora confrontadas con nuevos personajes como el caso
de Paulina Arpazi, mujer de polleras que llega a sentarse
en el Congreso de la República sin aceptar perder
su traje y menos renegar de sus orígenes por
ceñirse la banda de la institución y con
ello reivindicando su etnia y género.
Es así que estas imágenes nos permite
percibir que el imaginario femenino se ha desembozado
de falsos pudores y requiebres. Lo cierto es que en
nuestra sociedad conformada en una gran mayoría
de hogares donde los jefes de familia son las mujeres
quienes finalmente son las que sacan adelante las familias
tienen capacidad de trabajo, de acumulación,
facilidad para el comercio y el negocio como son las
pujantes mujeres huancas o puneñas que gozan
de una fuerte tradición aymará para la
acumulación y el negocio; descubrimos algo que
está en nuestras narices, las mujeres llevan
la caja de sus economías y son quienes finalmente
producen y desarrollan, siendo el basamento y el verdadero
rostro de este pujante capitalismo popular.
Digamos para compensar esta mirada superlativa y no
ser acusados de miopes, la contraparte de esta actitud
desenvuelta de género se encuentra en el rol
de madres sobre protectoras y castradoras que fomentan
y validan la mirada machista en sus hijos. Es increíble
verlas a estas mismas mujeres poner la cara por los
errores de sus hijos varones, apañándolos,
escondiéndolos, no permitiéndoles asumir
sus responsabilidades como adultos, formándoles
una personalidad vana y endeble que más adelante
no es de sorprender que cuando forman pareja, al primer
problema, quiten el cuerpo y se manden mudar con su
penar a otra parte. O incapacitados para el empeño
de levantarse luego de alguna caída o derrota
económica, lo habitual es verlos abandonando
la cancha derrotados y dedicándose al licor o
cualquier otra actividad escapista.
Estas líneas son una mirada general que no invalida
los casos particulares que siempre son diversos y más
divertidos pero lo que encontramos en un sin numero
de historias y que finalmente son recogidas y nuevamente
validados en los imaginarios populares por los mismos
temas de la música popular y en tan diversos
géneros como sonidos regionales tenemos es que
sea en costa, sierra o selva, las mujeres son las que
sacan adelante sus familias, paran la olla y finalmente,
chupan con su plata. Los hombres ya fueron.
Al último pero no lo último: de mistis
y runas.
Para ir terminando este breve esbozo y para no hacerla
larga debemos señalar un punto que es importante
explorar con más detenimiento en la próxima
entrega, la estructura y jerarquías que compone
él la sociedad nacional y en ella el mundo andino.
Para muchos el mundo de sierra es una unidad única
y homogénea, que no existen mayores distancias
entre los regionalismos existentes, que en general su
desarrollo ha sido mínimo y que la modernidad
no ha hecho nido en ella. Es desde ese desconocimiento
que entonces cuando se acercan a analizar los fenómenos
culturales carecen de una mirada desprejuiciada y veraz,
cosa que asistimos cuando leemos investigaciones acerca
del fenómeno musical, en donde no reparan en
las múltiples jerarquías que activas,
entran en juego bajo la forma de la música.
Solo para graficar y resumir queremos recurrir a dos
ejemplos: la música ayacuchana y el huayno con
arpa. Acerquémonos a través de la imagen
de dos músicos: Jaime Guardia, eximio charanguista
representante del señorial y dulce sonido de
las guitarras y charangos que caracterizan al huayno
ayacuchano. Pero esta construcción, el "señorial
huayno ayacuchano" es una apropiación de
la música campesina o indiana por los "mistis"
o gamonales quienes a partir del cancionero campesino
las reelaboran procediendo a estilizarlas aunque en
realidad la elitizan, la depuran, la embellecen pero
esta apropiación cultural es una construcción
que le arrebata la voz a un sector dando por sentado
que es esa la manera correcta y más representativa
forma de cantar el sentir ayacuchano.
En contraste está Máximo Damián,
que con su violín hace bailar a runas y elevarse
a danzas en las fiestas patronales fundiendo su agudo
sonido con las agudas voces campesinas que celebran
la vida y sus ritos propiciatorios de fertilidad y sanación.
Este sonido que desde la mirada del mestizo ve propio
de indios y nunca para ser escuchado en un salón
o bailado en una casa es una manera de segregar aun
más aquellos que corresponden a las castas inferiores
de esta sociedad estamental cerrada.
Sin embargo, lo renovador es cuando escuchamos la impronta
y la fuerza del huayno con arpa que rompiendo con sus
ligaduras de casta y de clase, esta música de
origen campesino se abre paso conquistando multitudes
y haciendo que los viejos patrones se perturben mas
viendo que el mundo que conocieron no volverá.
El tiempo de los gamonales. Cada día son más
tiempos idos, al ir perdiendo inclusive la hegemonía
cultural. Ese mérito de la música es la
consolidación simbólica de que los tiempos
de los runas esta por llegar, un pueblo que baila con
su insurgente sonido que lo desborda y los traspasa.
Estos tiempos ya no son de nostalgia provinciana sino
de cholas capitalinas. Los pasitos para bailar nos llevan
del "pasito tun tun" al "zapateadito,
zapateadito".
Pues bien, que estos primeros apuntes y alcances producto
del apuro y de la premura del tiempo se les presente
atractivo para el intercambio de ideas y opiniones y
sea un adelanto que genere expectativa para en la siguiente
entrega, viví seccionar la realidad hasta desmantelarla
y descubrir sus profundos mecanismos internos, sus constancias
en el tiempo y sus mutaciones, sus híbridas respuestas
y sus sublevantes aporte de una población que
reclama tras la insurgencia de sus ídolos populares,
la urgente necesidad de la reivindicación de
una ciudadanía real y participante, además
de la fuerza imparable de la identidad propia. Ojalá
el debate nos permita comprender de qué estamos
hablamos.
Notas:
- Recuérdese que las familias
norteñas son de descendencia extensa y las
uniones de parejas se establecen con diferentes mujeres,
en muchos casos de manera simultánea.
- Temor que no es infundado. Muchas
de las orquestas fueron partes de alguna más
grande. Algunos casos: "Guayacán",
quienes se separaron del grupo "La Verdad".
Esta a su vez, es una separación de "Agua
Marina". De "Armonía 10" sale
"Tony Rosado". Igual sucede con los grupos
femeninos: las "Bella Bella" frente a "Agua
Bella" y ésta a su vez con "Alma
Bella". Sin que esto sea una novedad en el genero
ni en el negocio lo cierto es que ha generado en diversos
momentos crisis, fracturas o fracasos para ambas partes.
- Aunque puede decirse que ello no es
un hecho aislado propio y único de la cumbia
norteña. Téngase presente que las marineras
y tonderos norteños; así como el vals
criollo norteño, se explaya en el estilo romántico,
llorón y perdedor.
- Como en "El Arbolito" tema
del grupo Néctar que abrió las puertas
al sonido sureño en las radios de la capital.
- Bus acondicionado para transportar
a la banda y a los equipos de sonido.
- La "shapimovida" era el
enorme grupo de fans que los solían acompañar
en sus diversas presentaciones tanto en Lima como
a nivel nacional.
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