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El seis de marzo del año pasado, con motivo
del día internacional de la mujer, Dina Páucar
-connotada representante del llamado tecnohuayno en
el Perú- recibió el "premio al esfuerzo
de la mujer peruana", otorgado por el Ministerio
de la Mujer y Desarrollo Social en una ceremonia en
Palacio de Gobierno en la que participó el propio
presidente de la república. ¿Qué
implica que un gobierno democrático-liberal como
el de Alejandro Toledo haya realizado un reconocimiento
"oficial" de una cantante de "tecnohuayno"?
Durante la dictadura fujimorista, se llegó a
utilizar la "tecnocumbia", género musical
derivado de la "cumbia tropical-andina", como
pieza de proselitismo de la corrupta maquinaria estatal
para la rereelección del "maestro"
del cinismo: Fujimori. No obstante, el gesto del gobierno
de Toledo demuestra la hipocresía de la democracia
capitalista por medio de la legitimación cultural
de la ideología neoliberal del éxito en
las clases oprimidas de nuestro país. Una vez
más la derecha se nos adelanta: la inserción
de las expresiones culturales del pueblo dentro de los
aparatos del Estado, como agente distractor y enmascarador
de los conflictos sociales.
Pero ¿a qué clase de "esfuerzo de
la mujer peruana" se ha aludido en la condecoración
de la cantante tecnohuayno? Sin duda alguna no se alude
al esfuerzo de muchas mujeres peruanas por sostener,
por ejemplo, una denodada lucha contra el neoliberalismo.
De lo que aquí se trata, más bien, es
de "elogiar" a mujeres de procedencia andina
(tradicionalmente adscritas a una clase explotada) por
su esfuerzo por "hacer realidad" el autotelismo
de la acumulación de capitales, la acumulación
por la acumulación misma, que genera un disfrute
perverso en quienes la persiguen. Esto conlleva a promover
el individualismo exacerbado como modelo de subjetividad
y, sobre todo, a un embellecimiento de la acumulación
capitalista, con lo cual se pretende negar la contradicción
de clases y las relaciones de dominación presentes.
Esto nos puede permitir pensar mejor la obsesión
por parte de algunas de estas cantantes, sus empresas
productoras y el circuito comercial en el que se mueven
por introducir al mercado una serie de productos que
no están relacionados con el trabajo estrictamente
musical, como por ejemplo, la cerveza de Avencia Meza,
las muñecas de Dina Páucar o el panetón
de Sonia Morales, para no mencionar la abrumadora presencia
de las cantantes en los medios de comunicación
(tabloides populares, programas de espectáculos,
telenovelas, noticieros, propaganda comercial, etc.).
En pocas palabras, se pretende mostrar el "hacer
plata" como una actividad inocente, de buenas intenciones,
, que no tiene nada que ver con ideologías ni
con cosas relacionadas con el poder mientras la realice
"gente humilde".
Ahora bien, aquel sujeto peruano que se esfuerza por
"hacer plata" en el tecnohuayno es (aparentemente)
la mujer. Gracias a su lucha diaria por "salir
adelante" para "ganarse alguito" y "ser
alguien en la vida", la mujer del pueblo peruano
habría conseguido su ansiada liberación.
Nada más falso que esto, es decir, que el capitalismo
pueda ser fuente de algún tipo de emancipación
política. Lo cierto es que el sujeto femenino
del tecnohuayno no ha roto realmente con el orden patriarcal
que lo oprime, mejor dicho, tiene la ilusión
de haberlo roto pero lo único que ha hecho ha
sido acomodar el viejo patriarcalismo a las necesidades
del capitalismo tardío. Así, pues, resulta
evidente que la creencia burguesa en la satisfacción
proporcionada por el ganar dinero como sinónimo
de felicidad ha tenido un éxito pasmoso en la
subjetividad de las mujeres que han sufrido las mayores
penurias económicas en el Perú.
En efecto, cualquiera que ha escuchado con atención
las letras de los tecnohuaynos se habrá percatado
de que el personaje central es una mujer que cree haber
obtenido ya una autonomía total respecto de la
dominación masculina, pero que como precio por
ello tiene que situarse en la parálisis de un
goce excesivo propiciado por el licor. Todos sabemos
que la audiencia de este género musical son en
su mayoría mujeres andinas que han migrado a
la ciudad y que ahora se dedican a algún trabajo
"informal" que les permite obtener los recursos
económicos necesarios como solventar la economía
familiar. En este sentido, el tecnohuayno hace mención
a un orden en el que la figura patriarcal (el hombre
como "jefe de familia") ha sido herida en
su susceptibilidad, puesto que la mujer -su antigua
sierva- se está independizando económica
y sentimentalmente. Es decir, se construye un orden
en el que la mujer, gracias a su acceso directo al dinero,
puede "hacer lo que le da la gana", "ser
lo que siempre quiso". Esto quiere decir que la
posibilidad de ingresar al nuevo modo de producción,
basado en el capital, la tecnología y el trabajo
asalariado, le permite a la mujer acceder a un goce
que va más allá de las prohibiciones machistas.
Sin embargo, la posibilidad de acceder a ese plus se
ve truncada porque el momento en el que debería
gozar plenamente en medio del licor y la fiesta es un
momento especialmente culposo, un momento en el que
el placer no es un placer libre como lo desearía,
sino un placer constreñido por una prohibición
específica.
Esto es precisamente lo que en psicoanálisis
se entiende por superyó o superego: un mandato
que fuerza al sujeto a gozar de algo que no le gusta
o le provoca dolor. En el fondo, la mujer del tecnohuayno
obedece a ese superyó patriarcal que le ordena
repetir compulsivamente el acto de obtener goce aunque
aparentemente no lo quiera. Lo curioso en el tecnohuayno
es que ese superyó, en vez de estar solapado,
oculto como un alma en pena, más bien se exhibe
de una manera casi obscena. ¿Cómo? Pues
a través de la voz del "animador",
ese hombre que no cesa de hablar durante los conciertos,
y que plantea el mandato de goce mediante una toma de
distancia cínica respecto del melodrama construido
por el sujeto femenino a lo largo de la canción.
Aquí, obviamente, la mujer no es ninguna víctima
de las órdenes del animador, sino que más
bien se divierte con lo que él dice, con lo cual
ella también se sitúa en una posición
en la que se distancia de lo que ella misma enuncia.
Ese animador no es ni más ni menos que la puesta
en escena del propio superyó, ese "amo severo"
que hace que el sujeto se ponga en el lugar imposible
de identificación con el opresor en el que se
ubica para ofrecerse como objeto de goce del "gran
Otro" del patriarcalismo.
Más aún, la voz del animador es el elemento
que evidencia la conexión con la acumulación
del capital y con la construcción de una identidad
nacional soterradamente impulsada por la economía
capitalista. ¿Por qué digo esto? Porque
esa voz coloca en primer plano una glorificación
de las empresas productoras que se encuentran detrás
del espectáculo; es más, toda la maquinaria
productiva del tecnohuayno, que justifica las palabras
del animador, está recubierta por un manto de
belleza casi sublime, que supuestamente hace al tecnohuayno
digno de ser elevado al máximo rango dentro de
los géneros musicales peruanos. Esto se manifiesta
en la necesidad de remarcar que se está ante
la "auténtica jarana peruana" puesto
que se tiene a una precaria industria musical que busca
autoestetizarse durante los conciertos y por las transmisiones
radiales.
Entonces, lo que tenemos es una falsa elección
de libertad femenina y popular, esto es, una suerte
de semblante de libertad que oculta un nuevo tipo de
servidumbre a través de un cinismo neoliberal
estetizado que se anuda con la imposibilidad angustiante
que se materializa en la pulsión por la ganancia.
Lastimosamente este fenómeno contribuye a reproducir
-tanto a nivel real como imaginario- las relaciones
de explotación y mantener las mismas miserables
condiciones materiales de existencia en que se encuentra
la mayoría de la población. Lo que se
busca al celebrar esta clase de "esfuerzos"
es contener una lucha de clases en la que el esfuerzo
colectivo de las masa populares sea el que finalmente
se imponga. Por este motivo, el Estado peruano se esfuerza
tanto en que las ideas de la "libre empresa"
y del "éxito personal" prosperen en
las mentalidades de los sectores populares. De esta
suerte, la contradicción fundamental del tecnohuayno
es que se mueve entre una tradición andina cargada
de elementos precapitalistas, por un lado; y, por otro,
los valores de la ideología de la actual clase
dominante, que pretender ocultar la cruel lógica
del capital.
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