El "tecnohuayno" y las contradicciones de la sociedad neoliberal en el perú

Arturo Sulca Muñoz

  [artículo original]

El seis de marzo del año pasado, con motivo del día internacional de la mujer, Dina Páucar -connotada representante del llamado tecnohuayno en el Perú- recibió el "premio al esfuerzo de la mujer peruana", otorgado por el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social en una ceremonia en Palacio de Gobierno en la que participó el propio presidente de la república. ¿Qué implica que un gobierno democrático-liberal como el de Alejandro Toledo haya realizado un reconocimiento "oficial" de una cantante de "tecnohuayno"? Durante la dictadura fujimorista, se llegó a utilizar la "tecnocumbia", género musical derivado de la "cumbia tropical-andina", como pieza de proselitismo de la corrupta maquinaria estatal para la rereelección del "maestro" del cinismo: Fujimori. No obstante, el gesto del gobierno de Toledo demuestra la hipocresía de la democracia capitalista por medio de la legitimación cultural de la ideología neoliberal del éxito en las clases oprimidas de nuestro país. Una vez más la derecha se nos adelanta: la inserción de las expresiones culturales del pueblo dentro de los aparatos del Estado, como agente distractor y enmascarador de los conflictos sociales.

Pero ¿a qué clase de "esfuerzo de la mujer peruana" se ha aludido en la condecoración de la cantante tecnohuayno? Sin duda alguna no se alude al esfuerzo de muchas mujeres peruanas por sostener, por ejemplo, una denodada lucha contra el neoliberalismo. De lo que aquí se trata, más bien, es de "elogiar" a mujeres de procedencia andina (tradicionalmente adscritas a una clase explotada) por su esfuerzo por "hacer realidad" el autotelismo de la acumulación de capitales, la acumulación por la acumulación misma, que genera un disfrute perverso en quienes la persiguen. Esto conlleva a promover el individualismo exacerbado como modelo de subjetividad y, sobre todo, a un embellecimiento de la acumulación capitalista, con lo cual se pretende negar la contradicción de clases y las relaciones de dominación presentes. Esto nos puede permitir pensar mejor la obsesión por parte de algunas de estas cantantes, sus empresas productoras y el circuito comercial en el que se mueven por introducir al mercado una serie de productos que no están relacionados con el trabajo estrictamente musical, como por ejemplo, la cerveza de Avencia Meza, las muñecas de Dina Páucar o el panetón de Sonia Morales, para no mencionar la abrumadora presencia de las cantantes en los medios de comunicación (tabloides populares, programas de espectáculos, telenovelas, noticieros, propaganda comercial, etc.). En pocas palabras, se pretende mostrar el "hacer plata" como una actividad inocente, de buenas intenciones, , que no tiene nada que ver con ideologías ni con cosas relacionadas con el poder mientras la realice "gente humilde".

Ahora bien, aquel sujeto peruano que se esfuerza por "hacer plata" en el tecnohuayno es (aparentemente) la mujer. Gracias a su lucha diaria por "salir adelante" para "ganarse alguito" y "ser alguien en la vida", la mujer del pueblo peruano habría conseguido su ansiada liberación. Nada más falso que esto, es decir, que el capitalismo pueda ser fuente de algún tipo de emancipación política. Lo cierto es que el sujeto femenino del tecnohuayno no ha roto realmente con el orden patriarcal que lo oprime, mejor dicho, tiene la ilusión de haberlo roto pero lo único que ha hecho ha sido acomodar el viejo patriarcalismo a las necesidades del capitalismo tardío. Así, pues, resulta evidente que la creencia burguesa en la satisfacción proporcionada por el ganar dinero como sinónimo de felicidad ha tenido un éxito pasmoso en la subjetividad de las mujeres que han sufrido las mayores penurias económicas en el Perú.

En efecto, cualquiera que ha escuchado con atención las letras de los tecnohuaynos se habrá percatado de que el personaje central es una mujer que cree haber obtenido ya una autonomía total respecto de la dominación masculina, pero que como precio por ello tiene que situarse en la parálisis de un goce excesivo propiciado por el licor. Todos sabemos que la audiencia de este género musical son en su mayoría mujeres andinas que han migrado a la ciudad y que ahora se dedican a algún trabajo "informal" que les permite obtener los recursos económicos necesarios como solventar la economía familiar. En este sentido, el tecnohuayno hace mención a un orden en el que la figura patriarcal (el hombre como "jefe de familia") ha sido herida en su susceptibilidad, puesto que la mujer -su antigua sierva- se está independizando económica y sentimentalmente. Es decir, se construye un orden en el que la mujer, gracias a su acceso directo al dinero, puede "hacer lo que le da la gana", "ser lo que siempre quiso". Esto quiere decir que la posibilidad de ingresar al nuevo modo de producción, basado en el capital, la tecnología y el trabajo asalariado, le permite a la mujer acceder a un goce que va más allá de las prohibiciones machistas. Sin embargo, la posibilidad de acceder a ese plus se ve truncada porque el momento en el que debería gozar plenamente en medio del licor y la fiesta es un momento especialmente culposo, un momento en el que el placer no es un placer libre como lo desearía, sino un placer constreñido por una prohibición específica.

Esto es precisamente lo que en psicoanálisis se entiende por superyó o superego: un mandato que fuerza al sujeto a gozar de algo que no le gusta o le provoca dolor. En el fondo, la mujer del tecnohuayno obedece a ese superyó patriarcal que le ordena repetir compulsivamente el acto de obtener goce aunque aparentemente no lo quiera. Lo curioso en el tecnohuayno es que ese superyó, en vez de estar solapado, oculto como un alma en pena, más bien se exhibe de una manera casi obscena. ¿Cómo? Pues a través de la voz del "animador", ese hombre que no cesa de hablar durante los conciertos, y que plantea el mandato de goce mediante una toma de distancia cínica respecto del melodrama construido por el sujeto femenino a lo largo de la canción. Aquí, obviamente, la mujer no es ninguna víctima de las órdenes del animador, sino que más bien se divierte con lo que él dice, con lo cual ella también se sitúa en una posición en la que se distancia de lo que ella misma enuncia. Ese animador no es ni más ni menos que la puesta en escena del propio superyó, ese "amo severo" que hace que el sujeto se ponga en el lugar imposible de identificación con el opresor en el que se ubica para ofrecerse como objeto de goce del "gran Otro" del patriarcalismo.

Más aún, la voz del animador es el elemento que evidencia la conexión con la acumulación del capital y con la construcción de una identidad nacional soterradamente impulsada por la economía capitalista. ¿Por qué digo esto? Porque esa voz coloca en primer plano una glorificación de las empresas productoras que se encuentran detrás del espectáculo; es más, toda la maquinaria productiva del tecnohuayno, que justifica las palabras del animador, está recubierta por un manto de belleza casi sublime, que supuestamente hace al tecnohuayno digno de ser elevado al máximo rango dentro de los géneros musicales peruanos. Esto se manifiesta en la necesidad de remarcar que se está ante la "auténtica jarana peruana" puesto que se tiene a una precaria industria musical que busca autoestetizarse durante los conciertos y por las transmisiones radiales.

Entonces, lo que tenemos es una falsa elección de libertad femenina y popular, esto es, una suerte de semblante de libertad que oculta un nuevo tipo de servidumbre a través de un cinismo neoliberal estetizado que se anuda con la imposibilidad angustiante que se materializa en la pulsión por la ganancia. Lastimosamente este fenómeno contribuye a reproducir -tanto a nivel real como imaginario- las relaciones de explotación y mantener las mismas miserables condiciones materiales de existencia en que se encuentra la mayoría de la población. Lo que se busca al celebrar esta clase de "esfuerzos" es contener una lucha de clases en la que el esfuerzo colectivo de las masa populares sea el que finalmente se imponga. Por este motivo, el Estado peruano se esfuerza tanto en que las ideas de la "libre empresa" y del "éxito personal" prosperen en las mentalidades de los sectores populares. De esta suerte, la contradicción fundamental del tecnohuayno es que se mueve entre una tradición andina cargada de elementos precapitalistas, por un lado; y, por otro, los valores de la ideología de la actual clase dominante, que pretender ocultar la cruel lógica del capital.

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