El "tecnohuayno" o los antagonismos de la femineidad de los noventa

Lisseth Vega

 
[artículo original]
"Hombres necios que acusáis
A la mujer sin razón
Sin ver que sois la ocasión
De lo mismo que culpáis"

Sor Juana Inés de la Cruz.

¿Cómo podemos interpretar el desarrollo de las relaciones de género en la sociedad peruana de los noventa?, ¿Qué tipos de subjetividad masculina y femenina se constituyen como consecuencia de las transformaciones socio-económicas? ¿Existe una correlación entre los cambios objetivos y la dinámica de la estructura libidinal del sujeto?

Asumo el género musical como una fuente de expresiones socio-culturales que corresponden a una específica estructura económica. Sin embargo, a partir de un análisis textual encuentro que la música popular actual precisamente el "tecnohuayno" también da cuenta de perturbaciones en la estructura libidinal de la subjetividad del grupo emisor y receptor de este género musical.

El presente análisis pretende demostrar que el supuesto resquebrajamiento del discurso ideológico antifeminista dispara diferentes posiciones subjetivas contradictorias en los sujetos sociales. Nos interesa desmontar el discurso hegemónico patriarcal y, sobre todo, visualizar sus reconfiguraciones en el contexto actual. No se trata de explicar cómo la dominación masculina decae sino cuál es la forma en que se cae en la trampa patriarcal en el mundo popular contemporáneo

En primer lugar, hay que dejar de lado la visión común de que en el mundo contemporáneo la ideología patriarcal y machista actúa de forma latente y gobierna a los sujetos desplazando la Ley pública democrática del discurso oficial. Sino, abordar la idea psicoanalítica de que cuando la Ley pública fracasa busca apoyo en un goce ilegal que lo sostenga el cual es contradictorio con el discurso normativo democrático de la Ley pública. Sin embargo, la normatividad pública fracasa desde siempre debido a su carácter de no-todo, es decir, de incompletud o falla inherente. Por otro lado, el fracaso constitutivo de la ley pública como contracara colmada de goce ilegal patriarcal constituye la ley pública democrática desde su interior. Para decirlo en otros términos, no es como en la frase "hecha la ley, hecha la trampa" sino, antes bien, es al revés: hecha la transgresión, hecha la ley, es decir, lo que viene primero es la transgresión y luego la ley porque la primera otorga existencia a la segunda.

En este marco conceptual, se ubica el análisis textual de un "tecnohuayno" popular en cual se desarrolla en un contrapunto entre la cantante y una voz masculina. El título de la canción es "La Boda" y es interpretada por Anita Santiváñez. La letra dice:

Mujer: "Hoy, yo voy a casarme vestida de blanco y chanel /de un hombre que me dará su nombre/ ya que tú
me negaste /hoy te arrepentirás.
Hombre: Mentiras, ya no digas mentiras / tú sabes que a él no lo quieres / tú a él no lo amas como me amas
a mi/ si te casas es solo por orgullo / por el lujo / pero no por amor
M: Eso es lo que tú crees hablas porque te duele/ porque nunca pensaste que esta mujercita se iba a
casar/ lo que tú querías / que yo sea tú amante / pues ya no soy la tonta esta misma noche me vas a
perder
M: Hoy yo voy a casarme y tú llorarás al mirarme / hoy yo voy a casarme y tú sufrirás al mirarme /Por
eso quiero que estés presente para que sepa la gente que ya te deje de amar
H: Mentiras ya no digas mentiras / la gente sabe que no lo quieres es a mi a quien amas aunque lo
quieras negar / si te casas es porque tienes miedo es solo por orgullo pero no por amor.
M: Eso es lo que tú crees hablas porque te duele/ porque nunca pensaste que esta mujercita se iba a
casar/ lo que tú querías / que yo sea tu amante pues ya no soy la tonta / esta misma noche me vas a
perder
H: Y que le dirás y que le dirás cuando el mañana sepa la verdad / se arrepentirá, se arrepentirá /
porque lo engañaste se arrepentirá / y que le dirás y que le dirás el hijo que llevas y que le dirás/ sé
que lloraras sé que sufrirás pagaras el precio de tu vanidad".


Para comenzar el análisis, debemos concentrarnos en; por un lado, la relación mujer-amante / mujer-esposa y por otro, Ley obscena / Ley pública (Zizek:2oo3) .

Hay que tener en cuenta que la voz femenina de la canción representa a la mujer-amante del personaje masculino de la canción la cual estaría identificada con la Ley obscena (ilegal, inmoral), mientras que la mujer-esposa se correspondería con el ámbito de la Ley pública (la legalidad, moralidad etc.).

Sostenemos que la mujer-amante como encarnación de la ley ilegal siempre va a perseguir o ser perseguida por la imagen o fantasma de la Ley pública o formal (va a querer que; el hombre abandone o se divorcie de su mujer y se case con ella, ser tratada como la mujer de...; o hacer el amor en el lecho matrimonial, etc.), con lo cual va a ser tan o más subyugada que la mujer-esposa a la autoridad patriarcal .

La relación del hombre con la mujer-esposa como extensión de los parámetros de la ley pública siempre va a dejar un vacío dentro del cual se instala el goce ilegal del esposo con la amante. Vale decir, si el vacío es constitutivo al significante "esposa", entonces la existencia de la mujer-amante constituye la existencia de la mujer-esposa misma. Esto es otra forma de decir que la transgresión antecede a la ley.

Por otro lado, en el caso de la mujer amante o esposa existe la dependencia hacia la imagen de un Amo. ¿Qué tipo de poder ejerce el Amo? Siguiendo a Zizek , el Amo impostor se instala en el ámbito de la ley pública mientras que el Amo "verdadero" gobierna las actitudes y conductas desde el lugar de ley obscena o del goce ilegal. Así, la mujer-esposa se somete a un Amo impostor en la figura contractual del matrimonio, dispositivos jurídicos etc., mientras que amante esta subordinada sutilmente al mandato del Amo "verdadero" cuyo fantasma obsesivo es la incorporación a la normativa legal matrimonial.

Regresando al análisis textual, se hallan dos elementos ideológicos fundamentales que abren la canción: la autoinscripción nominal de la mujer en un orden patriarcal-machista que supone la construcción de la femineidad en base a la virginidad y el significado de la imagen de seducción de la mujer-amante.

En primer lugar, se puede advertir que la imagen de casarse "vestida de blanco y chanel" expresa un personaje femenino que se instala compulsivamente en el discurso de la dominación masculina según el cual el "tesoro" de la virginidad debe ser conservado celosamente hasta el día del matrimonio. El falo sería precisamente aquello que confiere a la mujer el estatuto de objeto del goce fálico masculino y el eje de su subordinación.

Por otro lado, la presentación de "chanel", elemento que tiene como fin el hacer más deseable la figura de la mujer que ha llegado "pura" al matrimonio.

En consecuencia, estamos ante la expresión de una satisfacción femenina frente al mandato de goce de mostrarse como deseable ante los otros y, al mismo tiempo, como inalcanzable en virtud a la moral(ley) religiosa de la virginidad, es decir, estamos ante el goce obsceno femenino que, en este caso, constituye el reverso del apego ciego a la normativa estricta de la ley patriarcal.

En este sentido, la mujer-amante dentro de la ideología patriarcal enfatiza el otorgamiento masculino de un Nombre o, para decirlo en otros términos, lo que ella busca en el sujeto masculino es que él ocupe la posición del Amo impostor. Lo que este personaje le reprocha al personaje masculino es el "haberle negado" su Nombre, aquel que le permitiría hacerse sujeto dentro de una ideología patriarcal tradicional como si no estuviera en ella. Sin embargo, lo interesante es que este acto se presenta paradójicamente como subversivo frente a las reglas del engaño sentimental masculino.

Para esta subjetividad femenina, el Nombre del Hombre implica hacer Mujer a la mujer, dotar de sentido a la virginidad y seducción femeninas y para garantizar la legitimidad de su goce ante la Ley pública. El hombre a quien se dirige la mujer se debería arrepentir por no haberla "hecho mujer", por no haberle dado una clara ubicación en el cuerpo social.

Lo que encontramos en este plano es una subjetividad femenina encerrada en el mandato del discurso patriarcal, la fantasía de querer ser como la esposa, es decir, está atrapada por ese potente discurso ideológico en tanto que lo desea para-sí.

Sin embargo, la fijación fetichista del sujeto femenino en la imagen de la boda religiosa católica no solo da cuenta de la pervivencia del status ideológico del discurso patriarcal en la actualidad sino de su vigencia por dentro y por fuera del sujeto amante por así decir. Es decir, la mujer amante cuyo Amo ("verdadero") no satisface y el anhelado futuro de la mujer-esposa bajo otro Amo (impostor) se encuadran dentro de una misma lógica patriarcal. La verdadera eficacia del discurso ideológico patriarcal se da en la medida en que es precisamente el Amo "verdadero" (y por eso lo es) el que esclaviza al sujeto-amante bajo el mandato de aferrarse al Amo impostor (marido) hasta el límite.

Esta lógica paradójica en la que actúa la mujer-amante se devela, una vez más en la búsqueda de publicidad del ritual matrimonial. Para el sujeto femenino el acto por el cual ella recibe el Nombre masculino no debe ser privado sino público en donde "la gente" la reconozca como accediendo a otro "status". En la canción dice: "...Por eso quiero que estés presente, para que sepa la gente que ya te deje de amar…". Sin embargo, fijémonos en que el sujeto femenino se apega al Amo impostor que le da el Nombre solamente a través de negar al Amo "verdadero", y este gesto exhibe la supeditación máxima hacia el Amo verdadero.

Por otro lado, la respuesta del personaje masculino se instala en la posición de Amo "verdadero" que sabe del goce femenino, es decir, el sujeto masculino cree conocer el secreto de la mujer, en tanto la verdad de sus sentimiento. El Dice: "Mentiras, ya no digas mentiras / tú sabes que a él no lo quieres / tu a él no lo amas como me amas a mi/ si te casas es solo por orgullo /solo por el lujo / pero no por amor".

Aquí, él se representa como lo sincero, "el amor verdadero" que no necesita del ritual religioso social que es la boda. En otras palabras, él se representa como una supuesta totalidad para ella, vale decir, que a ella no le debe faltar nada.

En este sentido, lo que a él le perturba -lo que es al mismo tiempo contradictorio- es no poder ser el todo imaginario para ella; sino que ella demande algo más que el hombre como Amo "verdadero" no logra cubrir porque es la falta misma. El problema con el sujeto masculino es que no puede ser el Amo impostor patriarcal que ella demanda en cuyo un vacío constitutivo el Amo "verdadero" se instala para dirigir desde ahí.

Finalmente, el sujeto femenino no representa cuestionamiento a la relación imaginaria con el Amo "verdadero" para trascender hacia a una libertad e igualdad sino que se instala en la estructura ideológica patriarcal mediante el Nombre masculino del Amo impostor.

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