¿Arquitectura Popular o Arquitectura Chicha? (1)

Por David Pezo Covarrubias

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Por algún motivo éste es un tema muy infrecuente e irónicamente poco "popular" en el ámbito de la arquitectura. Si tan sólo damos una breve ojeada a la lista de publicaciones acerca de un tema afín como la Arquitectura Vernacular veremos bastan los dedos de las manos para cubrir el número de éstas. ¿Por qué la escasa preocupación de parte de los arquitectos para con un tema que resulta clave dentro del desarrollo de la arquitectura en el Perú y, de una manera más general, pieza del engranaje de la cultura nacional en formación?

El propio concepto de lo popular se hace hoy en día difícil de manejar. La irrupción del pueblo en la ciudad, de lo rural en lo urbano hace que los linderos, ayer tan claramente definidos, sean muy imprecisos para describir la realidad de hoy. Quizás sea esta redefinición de conceptos hace que quienes deberían ocuparse del tema sientan temor de hacerlo debido a lo inestable que resulta el marco teórico en el que deben sostenerse.

Es así que al hablar de Arquitectura Popular no se sabe con certeza si se hace referencia a la arquitectura vernácular o a la que se ha masificado en las ciudades y a la que se ha asignado el término de Arquitectura Chicha.

Dentro de nuestro ámbito debemos ligar conceptos tales como diversidad, pluralidad, mestizaje, etc. al de lo popular. Este está frecuentemente relacionado con lo masivo, siendo éste un termino vinculado a lo alienado siendo calificado de "huachafo". La cultura popular se nutre continuamente de alimentos de diversos orígenes; su masividad radica en ello, en encontrar en él códigos reconocibles con los cuales poder identificarse.

Es claro que se afirma que lo popular está representado dentro de nuestra sociedad por la cultura chola que la migración ha desarrollado en la ciudad. Nuestra población está conformada por diferentes "bolsones" culturales, cada uno incapaz de abarcar al resto. La irrupción de la población andina, de las numerosas etnias del ande, permitió que se dé una mezcla entre éstas con el elemento urbano, el cual actuó como modernizador y sobre todo como legitimador. Esta cultura de la mezcla pronto se consolidaría como la más dinámica y manifiesta, y por lo tanto la más representativa dentro de nuestro contexto cultural.

Es así que la arquitectura popular es aquella que el migrante erige en la ciudad. Es en su vivienda que el migrante resume en una iconografía específica los elementos que considera más característicos de la arquitectura limeña, los cuales permitirán una integración y adaptación más rápida. A esta arquitectura con el paso de los años se le adjetivará con el término de "chicha". En realidad el término englobará a toda la cultura del migrante.

Según Jorge Burga en la Arquitectura Chicha actúa el doble código, una doble lectura que yuxtapone lo rural y lo urbano, lo vernáculo y lo moderno, lo ornamental y lo práctico, lo historicista y lo futurista, lo provinciano y lo metropolitano, lo tradicional y lo actual, lo artesanal y lo industrial(2). Esta perspectiva nos ayuda a simplificar un fenómeno que resulta harto compleja tratar en pocos líneas.

Para empezar debemos hablar a la Arquitectura Chicha en términos del proceso de la Cholificación. Este proceso mediante el cual el indígena sumiso/servil/abúlico/pasivo gradualmente va transformándose en el cholo achorado/agresivo/acriollado es flexible y maleable, es decir no tiene reglas fijas. El cholo migrante sacrifica en este proceso parte de su cultura y asimila todo aquello que pueda servirle en su adaptación a la cultura urbana sin que por ello vea trastocado su núcleo estructurante cultural.

La Arquitectura Chicha entonces es obra del migrante, del cholo que interpreta la arquitectura limeña de finales de siglo y tamiza los elementos que considera encierran el significado de modernidad y tradición. La suma de estos valores arroja como resultado Lima. Es una arquitectura netamente urbana, híbrida, en la que confluye una ambivalencia esquemática, pero que encierra una mayor complejidad. En primer lugar la influencia urbana: la modernidad y el progreso hechos concreto en formas maquinistas y la tradición inspirada en elementos arquitectónicos de origen colonial. En segundo, la raigambre indígena, la cual no se traducirá en formas arquitectónicas externas sino en la organización interna de la vivienda. Muchos dicen que el tejado a dos aguas es de origen andino, pero el uso de techos inclinados y tejas ya se utilizaba en la arquitectura pintoresca de los años 40, es decir es anterior a los movimientos migratorios masivos

La reinterpretación de lo "neocolonial" y lo moderno de Lima será plasmado en la fachada, mientras que instintivamente el migrante organizará el interior de su vivienda de acuerdo a como vivía en su lugar de origen. Claro está que no será exactamente del mismo modo, sino que adecuará los estándares organizativos urbanos a su estructura social.

Se puede ver que la fachada se constituye como una máscara que disfraza el dejo andino de la estructura organizacional. Si en un principio el migrante buscó en el chalet moderno el "tipo" posteriormente lo adaptó a su patrón social. Es así que del chalet, estático, racional, perfectamente definido se pasó a un esquema más flexible en el que se trazaban ambientes de mayor tamaño para diferentes usos que en cualquier momento podían ser adaptados para otras funciones

Es así que durante los años 80 la Arquitectura Chicha se masifica a partir de ciertos parámetros. Citaremos algunos:

La imitación. En su afán de legitimación busca modelos, paradigmas con los cuales nutrir sus formas. Es así que un determinado elemento es copiado una y otra vez pero en el camino es inevitable que sufra cambios, generalmente por el aporte del propietario o maestro de obra. Esto es, hay una síntesis o reinterpretación que finalmente transforma el elemento en algo distinto e incluso más original.

La informalidad. Las reglamentaciones y normas son pasadas por encima. Según el antropólogo Alex Huerta, "desborda al Estado, porque éste no puede abarcarla legalmente", lo que entre los sociólogos se conoce como el desborde popular.

Debemos establecer que la informalidad es una característica que se ha derivado de la falta de capacidad del marco legal para satisfacer la situación de los migrantes. Estos desarrollan sus propios derechos e instituciones para suplir el derecho legal que no amparaba sus expectativas.

La estética arcoirista. Caracterizada por los contrastes en todo nivel y el horror al vacío. Este se percibe en el uso de colores encendidos y el abuso de formas ornamentales de distinto origen y muchas veces incompatibles entre sí (desde el punto de vista de la arquitectura moderna).

La imperfección. La percepción de lo mal hecho, en términos de la cultura dominante; esto es, no busca necesariamente tener una calidad aceptable, sino cumplir con la función inmediata (distraer, agradar a la vista, etc.).

Como en líneas anteriores se resalta, este tipo de parámetros no son estáticos; cambian o son reemplazados por otros. La cultura chicha, informal y marginal poco a poco va dejando esta condición. El estado ha comenzado a incorporarla al marco legal flexibilizando su política para adaptarla a esta inmensa mayoría.

Durante estos últimos veinte años la Arquitectura Chicha ha cambiado radicalmente. Las características que la describían en los ochenta son muy diferentes a las de los noventa. Ambas décadas son opuestas por lo que es lógico esperar encontrar esas diferencias materializadas en la vivienda popular. Los ochenta estuvieron marcados por un nacionalismo que provenía de un gobierno militar, el auge del terrorismo, el aislamiento político de la segunda mitad, etc. En tanto que los noventa es el liberalismo, la apertura a la economía mundial, el acceso ilimitado a cualquier tipo de información (internet) los factores que delinean esta última década.

Para tener una imagen más detallada de estos cambios es preciso observar algunos elementos de la Arquitectura Chicha de manera aislada. Es algo que se hará en posteriores capítulos. Por ahora es necesario dar una mirada a los orígenes y los factores que le dieron forma.

Orígenes de la arquitectura chicha

Para encontrar los factores primeros que determinaron la aparición y características de la Arquitectura Chicha debemos remontarnos a lo que Jorge Burga denomina el origen de la ambivalencia: esa doble lectura con la que el migrante busca legitimarse en la ciudad.

Si bien es posible concluir que el migrante una vez en la ciudad tomó para su vivienda los elementos arquitectónicos que a su parecer reflejaban mejor el significado de modernidad para incluirlos en su vivienda y que a su vez se conjugaban con los propios, producto de su herencia rural, es posible también ofrecer una visión más detallada del proceso.

Para ello debemos remontarnos a un acontecimiento histórico que marca un antes y un después en el desarrollo de la arquitectura y las artes en el Perú. Es en Mayo de 1947 que la agrupación Espacio con el arquitecto Luis Miro Quesada a la cabeza realiza su famoso manifiesto por el cual proclama que hasta entonces no existía arquitectura en el Perú y porque los principios del modernismo sean adoptados en la práctica profesional y en la enseñanza de la arquitectura.

Este acontecimiento se constituyó en el punto álgido de una lucha entre el modernismo y el tradicionalismo, este último encarnado en el estilo Neocolonial. La victoria final, como se sabe, fue para "Cartucho" Miro Quesada y sus amigos modernistas.

Pero ajenos a toda lucha ideológica estaban la gente cuyas viviendas debían ostentar la nueva arquitectura traída de afuera. Estos, pertenecientes a las clases privilegiadas de la sociedad, no dudaron en adoptar el estilo de moda, pero tan sólo de manera temporal.

La arquitectura moderna se caracteriza por ser geométrica y austera en ornamentaciones. Su belleza se concentra en los contrastes de formas, materiales, sutilezas en las formas e interacción de los volúmenes y su relación con la funcionalidad racional, etc. Pero el adorno inútil y superfluo está ausente en ella, lo que resume las frase que el arquitecto Adolf Loos perennizó: "El ornamento es delito".

La sociedad limeña siempre ha sido conservadora. Heredó el sistema de castas de la colonia y en ella cimentó sus sueños de progreso y bienestar. Cualquier alteración del sistema solo socavaría el orden y la "arcadia colonial" que constituía su mundo. La arquitectura neocolonial constituía un factor más que ayudaba a perennizar el ensueño colonial y a reforzar el orden social, tal y como lo denuncia Sebastián Salazar Bondy en "Lima la horrible". En las portadas, pináculos, cornisas, balcones, etc. era posible recrear el pasado colonial en el que las clases privilegiadas veían su paraíso perdido.

La arquitectura moderna por otro lado si bien representaba el progreso y la modernidad no ayudaba a reforzar el sistema clasista de la sociedad limeña. Por ende la solución lógica fue ornamentarla. De esta manera a la organización funcional y a la fachada austera de la arquitectura moderna se le superpusieron cornisas, balcones, ruedas de calesas, jarrones, faroles, etc., todo aquello que de alguna manera fortaleciera el sueño criollo. Es así que estas residencias ostentan una arquitectura híbrida a medio camino entre el modernismo y el Neocolonial. Jorge Burga lo llama irónicamente "moderno neocolonial" o "Neocolonial tardío".

Para entonces los movimientos migratorios se habían hecho masivos a tal grado que Lima duplicó su tamaño en base a los asentamientos humanos fundados en las márgenes de la ciudad. Es la arquitectura de los marginados, de los cholos, aquella que Alfredo Bryce llamara "casitas estilo con su propio esfuerzo" las que empezaron a dominar el paisaje urbano limeño. El migrante movido por la inseguridad frente a la hostilidad de la ciudad busca los medios para legitimar su permanencia en ésta.

Es así que para su vivienda no encuentra mejor inspiración que en las residencias de los patrones, en las viviendas de los sectores privilegiados. De esta manera elabora a su manera la arquitectura de su vivienda para la cual toma como referencia una arquitectura ya de por sí híbrida, resultado de la mezcla entre la nostalgia por el pasado señorial encarnado en lo neocolonial y las ventajas del progreso y la modernidad.

La búsqueda de legitimar su permanencia en la ciudad hizo que el migrante imitara los patrones culturales urbanos. Esto se traduce dentro del campo de la arquitectura de una manera: imitación. En las imágenes se muestran algunos ejemplos de arquitectura residencial de los años 60 y 70.

La necesidad del migrante por ser aceptado y legitimar su presencia en la ciudad era imperiosa y para ella hecho mano de todos los medios a su alcance. Tomó elementos de la cultura urbana y los incorporó a su vida cotidiana, pero sin que por ello el núcleo estructural de su cultura original sufriera alguna mella. El resultado fue una cultura híbrida que a la larga sería conocida por cultura chicha.

Es a partir de la década de los ochenta que la Arquitectura Chicha es conocida como tal, lo cual no implica que antes no haya existido. No es posible tener una cronología de la evolución de la Arquitectura Chicha. Como parte de una cultura marginal no era considerada digna de atención. Es así que su proceso está repleto de pequeños acontecimientos espontáneos y anónimos, imposibles de situar en el tiempo y el espacio. Los pequeños cambios, obra de algún imaginativo propietario o maestro de obra, se extendían de vivienda en vivienda y de distrito en distrito. "Yo quiero que mi casa sea como la de allá, pero las ventanas como las de aquella y que tenga el balconcito de la de la esquina ..." De esta manera la Arquitectura Chicha, la arquitectura de los migrantes, se reprodujo y ha llegado a dominar el paisaje de una ciudad que siempre se resistió a ella.

El término en sí como es sabido empezó por denominar a la música que el migrante hacía, mezcla de ritmos como la cumbia, la guaracha y el huayno. Luego se extendió a otras expresiones culturales del migrante siendo finalmente asimilada por ésta. Es preciso recordar que el término era utilizado por el sector criollo como adjetivo injuriante contra el migrante. Es así que "lo chicha" llegó incluso a relacionarse con lo mal hecho, el mal gusto y el elemento delincuencial.

En líneas anteriores se describe como en la Arquitectura Chicha se conjugan elementos de orígenes culturales opuestos. Se constituye como una suma imposible que sin embargo arroja un resultado. Pequeñas partes que gradualmente han ido acoplándose, cambiando y desapareciendo para dejar lugar a nuevas innovaciones. Es así que la Arquitectura Chicha se cimentó sobre tres principales fuentes: la moderna, hecha concreto en un maquinismo formal; la tradicional, herencia de la arcadia colonial a través del neocolonial; y por último la vernacular que se manifiesta principalmente a través del proceso constructivo, los diferentes tipos de relaciones sociales que se generan y sobre todo en el patrón organizativo de la vivienda. Las dos primeras tienen un origen limeño/urbano/criollo y se manifiestan en la fachada, hacia fuera, visiblemente, mientras que la última obviamente procede de la cultura original del migrante y ya no es tan visible siendo por el contrario expuesta hacia el interior de la vivienda, del barrio, etc.

La tradición y la modernidad en la fachada: la arcadia colonial y la maquinismo presente mediante una alegoría a un alerón de un avión.

La vivienda se escinde en dos áreas entonces: la fachada y la organización interna. Ambas están desligadas entre sí, en realidad no tienen por que complementarse. La ideología modernista dicta que la arquitectura debe constituir un todo, cada parte debe condicionar al resto. La Arquitectura Chicha resulta coherente si la analizamos dentro del contexto correcto: una etapa de transición en la que el migrante intenta adaptarse y asegurar su lugar en Lima. Su vivienda cumple un rol dentro de este esquema.

Pero es tan sólo un período de transición y, como tal, temporal. Las características de la Arquitectura Chicha la hacen camaleónica e impredecible. Para analizar los cambios y la evolución de ésta es preciso examinar puntualmente sus elementos, los cambios sufridos por éstos e interpretarlos.

A manera de conclusión diremos que la Arquitectura Chicha ofrece un campo poco explorado que ofrece varios puntos de interés al investigador. Pareciera que los temas de identidad, cultura nacional, etc. no revisten interés en una sociedad que está impaciente por descubrir el mundo. Es preciso tomar conciencia que antes de pretender encaminarnos al progreso y desarrollo es preciso primero entendernos como sociedad y cultura, es imperativo saber quienes somos, es necesario y prioritario.


Notas

  1. Sinopsis de un capítulo de la tesis de investigación Chicha e Identidad 2002, del propio autor.
  2. "Lo chicha en la arquitectura". Jorge Burga Bartra. ½ de Construcción Julio-Agosto 1988
 
 
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