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Por algún motivo éste es un tema
muy infrecuente e irónicamente poco "popular"
en el ámbito de la arquitectura. Si tan
sólo damos una breve ojeada a la lista
de publicaciones acerca de un tema afín
como la Arquitectura Vernacular veremos bastan
los dedos de las manos para cubrir el número
de éstas. ¿Por qué la escasa
preocupación de parte de los arquitectos
para con un tema que resulta clave dentro del
desarrollo de la arquitectura en el Perú
y, de una manera más general, pieza del
engranaje de la cultura nacional en formación?
El propio concepto de lo popular se hace hoy
en día difícil de manejar. La irrupción
del pueblo en la ciudad, de lo rural en lo urbano
hace que los linderos, ayer tan claramente definidos,
sean muy imprecisos para describir la realidad
de hoy. Quizás sea esta redefinición
de conceptos hace que quienes deberían
ocuparse del tema sientan temor de hacerlo debido
a lo inestable que resulta el marco teórico
en el que deben sostenerse.
Es así que al hablar de Arquitectura
Popular no se sabe con certeza si se hace referencia
a la arquitectura vernácular o a la que
se ha masificado en las ciudades y a la que se
ha asignado el término de Arquitectura
Chicha.

Dentro de nuestro ámbito debemos ligar
conceptos tales como diversidad, pluralidad, mestizaje,
etc. al de lo popular. Este está frecuentemente
relacionado con lo masivo, siendo éste
un termino vinculado a lo alienado siendo calificado
de "huachafo". La cultura popular se
nutre continuamente de alimentos de diversos orígenes;
su masividad radica en ello, en encontrar en él
códigos reconocibles con los cuales poder
identificarse.
Es claro que se afirma que lo popular está
representado dentro de nuestra sociedad por la
cultura chola que la migración ha desarrollado
en la ciudad. Nuestra población está
conformada por diferentes "bolsones"
culturales, cada uno incapaz de abarcar al resto.
La irrupción de la población andina,
de las numerosas etnias del ande, permitió
que se dé una mezcla entre éstas
con el elemento urbano, el cual actuó como
modernizador y sobre todo como legitimador. Esta
cultura de la mezcla pronto se consolidaría
como la más dinámica y manifiesta,
y por lo tanto la más representativa dentro
de nuestro contexto cultural.
Es así que la arquitectura popular es
aquella que el migrante erige en la ciudad. Es
en su vivienda que el migrante resume en una iconografía
específica los elementos que considera
más característicos de la arquitectura
limeña, los cuales permitirán una
integración y adaptación más
rápida. A esta arquitectura con el paso
de los años se le adjetivará con
el término de "chicha". En realidad
el término englobará a toda la cultura
del migrante.
Según Jorge Burga en la Arquitectura
Chicha actúa el doble código, una
doble lectura que yuxtapone lo rural y lo urbano,
lo vernáculo y lo moderno, lo ornamental
y lo práctico, lo historicista y lo futurista,
lo provinciano y lo metropolitano, lo tradicional
y lo actual, lo artesanal y lo industrial(2).
Esta perspectiva nos ayuda a simplificar un fenómeno
que resulta harto compleja tratar en pocos líneas.
Para empezar debemos hablar a la Arquitectura
Chicha en términos del proceso de la Cholificación.
Este proceso mediante el cual el indígena
sumiso/servil/abúlico/pasivo gradualmente
va transformándose en el cholo achorado/agresivo/acriollado
es flexible y maleable, es decir no tiene reglas
fijas. El cholo migrante sacrifica en este proceso
parte de su cultura y asimila todo aquello que
pueda servirle en su adaptación a la cultura
urbana sin que por ello vea trastocado su núcleo
estructurante cultural.
La Arquitectura Chicha entonces es obra del
migrante, del cholo que interpreta la arquitectura
limeña de finales de siglo y tamiza los
elementos que considera encierran el significado
de modernidad y tradición. La suma de estos
valores arroja como resultado Lima. Es una arquitectura
netamente urbana, híbrida, en la que confluye
una ambivalencia esquemática, pero que
encierra una mayor complejidad. En primer lugar
la influencia urbana: la modernidad y el progreso
hechos concreto en formas maquinistas y la tradición
inspirada en elementos arquitectónicos
de origen colonial. En segundo, la raigambre indígena,
la cual no se traducirá en formas arquitectónicas
externas sino en la organización interna
de la vivienda. Muchos dicen que el tejado a dos
aguas es de origen andino, pero el uso de techos
inclinados y tejas ya se utilizaba en la arquitectura
pintoresca de los años 40, es decir es
anterior a los movimientos migratorios masivos
La reinterpretación de lo "neocolonial"
y lo moderno de Lima será plasmado en la
fachada, mientras que instintivamente el migrante
organizará el interior de su vivienda de
acuerdo a como vivía en su lugar de origen.
Claro está que no será exactamente
del mismo modo, sino que adecuará los estándares
organizativos urbanos a su estructura social.
Se puede ver que la fachada se
constituye como una máscara que disfraza
el dejo andino de la estructura organizacional.
Si en un principio el migrante buscó en
el chalet moderno el "tipo" posteriormente
lo adaptó a su patrón social. Es
así que del chalet, estático, racional,
perfectamente definido se pasó a un esquema
más flexible en el que se trazaban ambientes
de mayor tamaño para diferentes usos que
en cualquier momento podían ser adaptados
para otras funciones

Es así que durante los años 80
la Arquitectura Chicha se masifica a partir de
ciertos parámetros. Citaremos algunos:
La imitación.
En su afán de legitimación busca
modelos, paradigmas con los cuales nutrir sus
formas. Es así que un determinado elemento
es copiado una y otra vez pero en el camino es
inevitable que sufra cambios, generalmente por
el aporte del propietario o maestro de obra. Esto
es, hay una síntesis o reinterpretación
que finalmente transforma el elemento en algo
distinto e incluso más original.
La informalidad.
Las reglamentaciones y normas son pasadas por
encima. Según el antropólogo Alex
Huerta, "desborda al Estado, porque éste
no puede abarcarla legalmente", lo que entre
los sociólogos se conoce como el desborde
popular.
Debemos establecer que la informalidad es una
característica que se ha derivado de la
falta de capacidad del marco legal para satisfacer
la situación de los migrantes. Estos desarrollan
sus propios derechos e instituciones para suplir
el derecho legal que no amparaba sus expectativas.
La estética arcoirista.
Caracterizada por los contrastes en todo nivel
y el horror al vacío. Este se percibe en
el uso de colores encendidos y el abuso de formas
ornamentales de distinto origen y muchas veces
incompatibles entre sí (desde el punto
de vista de la arquitectura moderna).
La imperfección.
La percepción de lo mal hecho, en términos
de la cultura dominante; esto es, no busca necesariamente
tener una calidad aceptable, sino cumplir con
la función inmediata (distraer, agradar
a la vista, etc.).
Como en líneas anteriores se resalta,
este tipo de parámetros no son estáticos;
cambian o son reemplazados por otros. La cultura
chicha, informal y marginal poco a poco va dejando
esta condición. El estado ha comenzado
a incorporarla al marco legal flexibilizando su
política para adaptarla a esta inmensa
mayoría.

Durante estos últimos veinte años
la Arquitectura Chicha ha cambiado radicalmente.
Las características que la describían
en los ochenta son muy diferentes a las de los
noventa. Ambas décadas son opuestas por
lo que es lógico esperar encontrar esas
diferencias materializadas en la vivienda popular.
Los ochenta estuvieron marcados por un nacionalismo
que provenía de un gobierno militar, el
auge del terrorismo, el aislamiento político
de la segunda mitad, etc. En tanto que los noventa
es el liberalismo, la apertura a la economía
mundial, el acceso ilimitado a cualquier tipo
de información (internet) los factores
que delinean esta última década.
Para tener una imagen más detallada de
estos cambios es preciso observar algunos elementos
de la Arquitectura Chicha de manera aislada. Es
algo que se hará en posteriores capítulos.
Por ahora es necesario dar una mirada a los orígenes
y los factores que le dieron forma.
Orígenes de la arquitectura
chicha
Para encontrar los factores primeros que determinaron
la aparición y características de
la Arquitectura Chicha debemos remontarnos a lo
que Jorge Burga denomina el origen de la ambivalencia:
esa doble lectura con la que el migrante busca
legitimarse en la ciudad.
Si bien es posible concluir que el migrante
una vez en la ciudad tomó para su vivienda
los elementos arquitectónicos que a su
parecer reflejaban mejor el significado de modernidad
para incluirlos en su vivienda y que a su vez
se conjugaban con los propios, producto de su
herencia rural, es posible también ofrecer
una visión más detallada del proceso.
Para ello debemos remontarnos a un acontecimiento
histórico que marca un antes y un después
en el desarrollo de la arquitectura y las artes
en el Perú. Es en Mayo de 1947 que la agrupación
Espacio con el arquitecto Luis Miro Quesada a
la cabeza realiza su famoso manifiesto por el
cual proclama que hasta entonces no existía
arquitectura en el Perú y porque los principios
del modernismo sean adoptados en la práctica
profesional y en la enseñanza de la arquitectura.
Este acontecimiento se constituyó en
el punto álgido de una lucha entre el modernismo
y el tradicionalismo, este último encarnado
en el estilo Neocolonial. La victoria final, como
se sabe, fue para "Cartucho" Miro Quesada
y sus amigos modernistas.
Pero ajenos a toda lucha ideológica estaban
la gente cuyas viviendas debían ostentar
la nueva arquitectura traída de afuera.
Estos, pertenecientes a las clases privilegiadas
de la sociedad, no dudaron en adoptar el estilo
de moda, pero tan sólo de manera temporal.
La arquitectura moderna se caracteriza por ser
geométrica y austera en ornamentaciones.
Su belleza se concentra en los contrastes de formas,
materiales, sutilezas en las formas e interacción
de los volúmenes y su relación con
la funcionalidad racional, etc. Pero el adorno
inútil y superfluo está ausente
en ella, lo que resume las frase que el arquitecto
Adolf Loos perennizó: "El ornamento
es delito".
La sociedad limeña siempre ha sido conservadora.
Heredó el sistema de castas de la colonia
y en ella cimentó sus sueños de
progreso y bienestar. Cualquier alteración
del sistema solo socavaría el orden y la
"arcadia colonial" que constituía
su mundo. La arquitectura neocolonial constituía
un factor más que ayudaba a perennizar
el ensueño colonial y a reforzar el orden
social, tal y como lo denuncia Sebastián
Salazar Bondy en "Lima la horrible".
En las portadas, pináculos, cornisas, balcones,
etc. era posible recrear el pasado colonial en
el que las clases privilegiadas veían su
paraíso perdido.
La arquitectura moderna por otro lado si bien
representaba el progreso y la modernidad no ayudaba
a reforzar el sistema clasista de la sociedad
limeña. Por ende la solución lógica
fue ornamentarla. De esta manera a la organización
funcional y a la fachada austera de la arquitectura
moderna se le superpusieron cornisas, balcones,
ruedas de calesas, jarrones, faroles, etc., todo
aquello que de alguna manera fortaleciera el sueño
criollo. Es así que estas residencias ostentan
una arquitectura híbrida a medio camino
entre el modernismo y el Neocolonial. Jorge Burga
lo llama irónicamente "moderno neocolonial"
o "Neocolonial tardío".
Para entonces los movimientos migratorios se
habían hecho masivos a tal grado que Lima
duplicó su tamaño en base a los
asentamientos humanos fundados en las márgenes
de la ciudad. Es la arquitectura de los marginados,
de los cholos, aquella que Alfredo Bryce llamara
"casitas estilo con su propio esfuerzo"
las que empezaron a dominar el paisaje urbano
limeño. El migrante movido por la inseguridad
frente a la hostilidad de la ciudad busca los
medios para legitimar su permanencia en ésta.
Es así que para su vivienda no encuentra
mejor inspiración que en las residencias
de los patrones, en las viviendas de los sectores
privilegiados. De esta manera elabora a su manera
la arquitectura de su vivienda para la cual toma
como referencia una arquitectura ya de por sí
híbrida, resultado de la mezcla entre la
nostalgia por el pasado señorial encarnado
en lo neocolonial y las ventajas del progreso
y la modernidad.
La búsqueda de legitimar su permanencia
en la ciudad hizo que el migrante imitara los
patrones culturales urbanos. Esto se traduce dentro
del campo de la arquitectura de una manera: imitación.
En las imágenes se muestran algunos ejemplos
de arquitectura residencial de los años
60 y 70.
La necesidad del migrante por ser aceptado y
legitimar su presencia en la ciudad era imperiosa
y para ella hecho mano de todos los medios a su
alcance. Tomó elementos de la cultura urbana
y los incorporó a su vida cotidiana, pero
sin que por ello el núcleo estructural
de su cultura original sufriera alguna mella.
El resultado fue una cultura híbrida que
a la larga sería conocida por cultura chicha.
Es a partir de la década de los ochenta
que la Arquitectura Chicha es conocida como tal,
lo cual no implica que antes no haya existido.
No es posible tener una cronología de la
evolución de la Arquitectura Chicha. Como
parte de una cultura marginal no era considerada
digna de atención. Es así que su
proceso está repleto de pequeños
acontecimientos espontáneos y anónimos,
imposibles de situar en el tiempo y el espacio.
Los pequeños cambios, obra de algún
imaginativo propietario o maestro de obra, se
extendían de vivienda en vivienda y de
distrito en distrito. "Yo quiero que mi casa
sea como la de allá, pero las ventanas
como las de aquella y que tenga el balconcito
de la de la esquina ..." De esta manera la
Arquitectura Chicha, la arquitectura de los migrantes,
se reprodujo y ha llegado a dominar el paisaje
de una ciudad que siempre se resistió a
ella.
El término en sí como es sabido
empezó por denominar a la música
que el migrante hacía, mezcla de ritmos
como la cumbia, la guaracha y el huayno. Luego
se extendió a otras expresiones culturales
del migrante siendo finalmente asimilada por ésta.
Es preciso recordar que el término era
utilizado por el sector criollo como adjetivo
injuriante contra el migrante. Es así que
"lo chicha" llegó incluso a relacionarse
con lo mal hecho, el mal gusto y el elemento delincuencial.
En líneas anteriores se describe como
en la Arquitectura Chicha se conjugan elementos
de orígenes culturales opuestos. Se constituye
como una suma imposible que sin embargo arroja
un resultado. Pequeñas partes que gradualmente
han ido acoplándose, cambiando y desapareciendo
para dejar lugar a nuevas innovaciones. Es así
que la Arquitectura Chicha se cimentó sobre
tres principales fuentes: la moderna, hecha concreto
en un maquinismo formal; la tradicional, herencia
de la arcadia colonial a través del neocolonial;
y por último la vernacular que se manifiesta
principalmente a través del proceso constructivo,
los diferentes tipos de relaciones sociales que
se generan y sobre todo en el patrón organizativo
de la vivienda. Las dos primeras tienen un origen
limeño/urbano/criollo y se manifiestan
en la fachada, hacia fuera, visiblemente, mientras
que la última obviamente procede de la
cultura original del migrante y ya no es tan visible
siendo por el contrario expuesta hacia el interior
de la vivienda, del barrio, etc.
La tradición y la modernidad en la fachada:
la arcadia colonial y la maquinismo presente mediante
una alegoría a un alerón de un avión.
La vivienda se escinde en dos áreas entonces:
la fachada y la organización interna. Ambas
están desligadas entre sí, en realidad
no tienen por que complementarse. La ideología
modernista dicta que la arquitectura debe constituir
un todo, cada parte debe condicionar al resto.
La Arquitectura Chicha resulta coherente si la
analizamos dentro del contexto correcto: una etapa
de transición en la que el migrante intenta
adaptarse y asegurar su lugar en Lima. Su vivienda
cumple un rol dentro de este esquema.
Pero es tan sólo un período de
transición y, como tal, temporal. Las características
de la Arquitectura Chicha la hacen camaleónica
e impredecible. Para analizar los cambios y la
evolución de ésta es preciso examinar
puntualmente sus elementos, los cambios sufridos
por éstos e interpretarlos.
A manera de conclusión diremos que la
Arquitectura Chicha ofrece un campo poco explorado
que ofrece varios puntos de interés al
investigador. Pareciera que los temas de identidad,
cultura nacional, etc. no revisten interés
en una sociedad que está impaciente por
descubrir el mundo. Es preciso tomar conciencia
que antes de pretender encaminarnos al progreso
y desarrollo es preciso primero entendernos como
sociedad y cultura, es imperativo saber quienes
somos, es necesario y prioritario.
Notas
- Sinopsis
de un capítulo de la tesis de investigación
Chicha e Identidad 2002, del propio autor.
- "Lo chicha en la
arquitectura". Jorge Burga Bartra. ½
de Construcción Julio-Agosto 1988
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