|
Introducción
Ampliamente conocida y cada vez más estudiada
es la situación de bilingüismo existente
en diversas zonas del Perú, referida a la coexistencia
del español con las lenguas indígenas,
especialmente -si bien no de modo exclusivo- con el
quechua y el aimara. Cada vez más concitan el
interés los fenómenos de interferencia
producidos en los distintos períodos adquisitivos
del español en los hablantes cuya lengua materna
es una de las mencionadas. Respecto de esta legítima
preocupación, muy poco interés se ha prestado,
en cambio, al estudio de las propias variedades del
español habladas por los monolingües de
las distintas regiones peruanas, y casi ninguno a la
interacción e influencias que puedan darse entre
las variedades mismas cuando se ponen en contacto sus
hablantes. Se las tiende a estudiar de manera estática
como variedades aisladas y definidas a partir de un
inventario de fenómenos referenciales.
Sin duda alguna, el bilingüismo constituye un
aspecto central en la configuración del español
peruano. Pero me he planteado un modo más amplio
e integrador de abordar la problemática lingüística
del país, con el objetivo de comprender la manifestación
del español no sólo a partir del consabido
bilingüismo, sino para llegar a captar las modificaciones,
y eventualmente la formación de nuevas modalidades,
que se van produciendo paulatinamente en el contacto
entre las variedades mismas de esta lengua, concomitante
mente con una reestructuración más profunda
del espacio social peruano, surgida como consecuencia
de los masivos movimientos migratorios de los pobladores
de todas las zonas hacia un centro de confluencia.
No ignoro, claro está, que si bien las variedades
en contacto pertenecen al español, buena parte
de ellas ha surgido como resultado de la situación
de bilingüismo aludida. Pero entiendo en este caso
el bilingüismo como un fenómeno social,
no solo referido a los individuos, sino sobre todo al
tipo de sociedad formada tanto por individuos bilingües,
hablantes de una lengua indígena y de español
(cualquiera sea su grado de competencia de estas lenguas),
cuanto por aquellos que sólo manejan esta última
lengua y que no tienen ningún conocimiento de
una de las lenguas indígenas involucradas en
el proceso de contacto. Considerar el bilingüismo
en este sentido amplio permite incorporar en el mismo
campo descriptivo todas las variedades lingüísticas
de una comunidad en su coexistencia natural y, sobre
todo, las influencias de unas sobre otras no sólo
de modo restrictivo a través de los bilingües
sino también a través de los monolingües.
La inclusión de los monolingües en el concepto
de bilingüismo no constituye un contrasentido;
permite mas bien el reconocimiento de las fuentes y
de las proyecciones sociales del fenómeno más
allá de los propios protagonistas del proceso
de contacto. En efecto, en las sociedades donde conviven
lenguas diversas, como la que constituye el centro de
mi atención aquí, es natural imaginar
que los bilingües no interactúen aislados
comunicándose sólo entre ellos. En la
complejidad de las relaciones que imponen las sociedades
bilingües, los individuos bilingües se comunican
con los monolingües en las diferentes esferas del
contexto social en la lengua privilegiada o elegida
en la interacción, y es en esta interacción
que se produce el contacto. En efecto, todo proceso
de contacto de lenguas diferentes se produce normalmente
a través de las variedades de cualquiera de las
lenguas privilegiadas en la comunicación. En
el caso peruano, este privilegio comunicativo ha recaído
de modo preponderante -por razones históricas
bien conocidas- en el español, y se ejercita
aun cuando uno de los interlocutores tenga como lengua
materna alguna de las indígenas. En este contexto,
el contacto puede caracterizarse por lo que denomino
un monolingüismo comunicativo, el cual implica
el manejo preferencial de solo una de las lenguas involucradas(2).
Es más, diría que este monolingüismo
comunicativo que se da entre los hablantes bilingües
y los que no lo son constituye una de las causas de
la diversificación de la lengua usada en la comunicación,
diversificación que en los procesos efectivos
de contacto en el habla contribuye a modificar paulatinamente
los perfiles de la lengua y a orientarla en una dirección
de cambio, dirección que no seguiría esta
misma lengua si faltaran las circunstancias del contacto.
A la luz de las consideraciones anteriores, entenderé
aquí la interculturalidad idiomática no
solo como contacto entre lenguas tipológicamente
diversas, sino sobre todo como un proceso complejo,
continuo y permanente de convivencia, de entrecruzamiento
indiferenciado y de eventual fusión de variedades
de una misma lengua en el espacio social, en este caso
el peruano, el cual tiene en el español, debido
al monolingüismo comunicativo mencionado, su recurso
expresivo mayoritario.
El factor demográfico
De modo específico ¿cómo se actualiza
el contacto entre variedades dialectales, solo algunas
de ellas directamente desprendidas de situaciones de
bilingüismo individual, y de qué manera
influye este tipo de contacto en la configuración
del español del Perú?
Un punto central para responder a esta cuestión
es la consideración del factor demográfico
en el análisis de la situación lingüística.
Este incluye la historia de los asentamientos y los
desplazamientos humanos. En el caso del Perú,
como de muchos otros países, los asentamientos
y los desplazamientos suponen relaciones entre individuos
pertenecientes a distintos ámbitos culturales
que utilizan lenguas diferentes. La historia demográfica
desde la colonia permite justificar la formación
de variedades lingüísticas relacionadas
con la dirección de los procesos de poblamiento
hispánico y de asentamiento de los grupos originarios.
Así, las diferencias reconocidas entre español
costeño, andino y amazónico,
coincidentes con una división topográfica
gruesa, se corresponderían con características
demográficas relativas, en determinados momentos
de la historia, a la distinta densidad de los hablantes
de diferentes lenguas que convergieron en estas regiones
y, sobre todo, a sus modos de acercamiento e interacción(3).
Sin necesidad de trazar la historia de los poblamientos
desde la colonia, se sabe que la redistribución
demográfica constituye una fuente de diferencias
lingüísticas, si se tiene en cuenta la concentración
de los hablantes hispánicos en la zona costeña
y de los hablantes de lenguas indígenas, en la
andina. Los desplazamientos poblacionales implican sin
duda intrincados procesos de contacto y de acomodo entre
los grupos receptores y los migrantes, más difíciles
mientras menos afinidades compartan. En general, las
características dialectales del español
peruano se han ido formando sobre la base de ciertas
condiciones demográfico-sociales vinculadas con
el grado y la calidad del arraigo de la lengua española.
Tocaré aquí solo los problemas surgidos
en la constitución del español actual,
si bien no dejo de reconocer que tales problemas son
consecuencia directa de un ordenamiento moldeado a través
de la historia. Y vuelven a ser aquí las condiciones
demográficas determinantes en la dirección
de los procesos lingüísticos.
Aproximadamente en las últimas cinco décadas,
se produce un movimiento migratorio masivo de todas
las regiones del país, especialmente las andinas,
hacia los centros urbanos costeños, de preferencia
hacia la capital. Tal movimiento pone en contacto a
los hablantes representativos de las modalidades referidas
a sus zonas originarias y altera de modo significativo
el panorama lingüístico, creándose
las condiciones favorables para la variación
y el cambio, e incluso para el surgimiento de nuevas
modalidades derivadas de las anteriores, procesos éstos
que no han sido estudiados y que constituyen el centro
de mi atención(4).
Este estado de cosas lleva a extender el estudio del
español del Perú, circunscrito tradicionalmente
a la identificación de las isoglosas que delimitan
zonas lingüísticas(5),
ya que todos los fenómenos en principio caracterizadores
de estas zonas se presentan confundidos en el espacio
de convivencia. Por ello, los llamados español
costeño, andino o amazónico,
producto de la demografía colonial, constituyen
sólo una pauta referencial para correlacionar
lo lingüístico con lo geográfico
originario, pero no realidades independientes con perfiles
nítidos, puesto que muchas de las características
asignadas a cada una de estas modalidades han seguido
la dirección de los desplazamientos humanos,
y actualmente se concentran en el espacio limeño.
Detengámonos en las características del
fenómeno demográfico aludido para comprender
mejor los procesos en esta zona de contacto entre variedades.
En el orden cuantitativo, este fenómeno involucra
una alta densidad de hablantes de todas las regiones
del Perú que convergen en la capital, la primera
ciudad receptora, que reúne actualmente casi
el 60 por ciento de migrantes(6).
En el orden cualitativo, la inmigración capitalina
tiene como principales, si bien no exclusivos, protagonistas
a los pobladores andinos, a menudo bilingües (quechua-español
o aimara-español) con distintos grados de conocimiento
y de manejo del español, con muy baja escolaridad,
con grados de alfabetización incipiente o muy
exigua experiencia gráfica, provenientes de ambientes
rurales y empobrecidos desde el punto de vista económico.
Semejantes características, aun no siendo adscribibles
a todos los migrantes, en la medida en que estos provienen
de diferentes estamentos sociales en sus lugares de
origen, y que entre ellos se encuentran grupos con escolaridad
superior y con dominio mayor del español, han
adquirido relevancia en la percepción de los
habitantes de la ciudad receptora y han contribuido
a una interpretación valorativa de los migrantes
y de todo lo que se considere representativo de éstos
por parte de los limeños. La valoración
negativa asignada a los andinos en general y, en consecuencia,
a sus modalidades lingüísticas proviene
de una percepción deformada y selectiva de parte
de los pobladores costeños.
Ahora bien, la traslación de las modalidades
lingüísticas implicada en el proceso migratorio
no constituye una mera mudanza geográfica de
la variedad originaria, sino un cambio más profundo
que origina nuevos valores sociolingüísticos.
Se puede hablar de una primera fase en la coexistencia
de los grupos migrantes y los receptores, que puede
implicar -y de hecho ha implicado- acercamientos o distanciamientos
conflictivos entre los grupos, y el desarrollo de actitudes
discriminativas en una doble dirección. Una reinterpretación
valorativa de parte del grupo limeño ha subrayado
el carácter 'social' de las modalidades geográficas
graduándolas en una jerarquía. Tal énfasis
no es sino el producto de relaciones jerárquicas
que se producen entre los hablantes.
Ahora bien, este estado de cosas no ha permanecido
estático. Una segunda fase en los procesos migratorios
consiste en que una vez estabilizados los grupos en
su nuevo espacio se desarrollan paulatinamente mecanismos
de reconocimiento y de adaptación recíprocos
entre estos y los grupos receptores, que pueden implicar
estabilidad de las relaciones jerárquicas y,
en consecuencia, de las actitudes discriminativas, o,
en general, el reacomodo y la eventual transformación
del sistema de valores sociales que rige la convivencia.
Los migrantes jóvenes o los hijos de migrantes
-muchos ya limeños de nacimiento- que son en
su mayoría monolingües de español,
aun cuando sus padres sean quechuahablantes, han ido
conquistando el espacio social de la ciudad. Es en esta
fase del proceso, de estabilidad y de fusión
(donde las relaciones interculturales adquieren verdadera
fuerza expansiva), que se manifiestan y se asientan
las modificaciones de las variedades originarias referenciales,
modificaciones que se pueden explicar dentro del marco
interpretativo propuesto y captar a través de
los cambios en los procesos de relación comunicativa
entre los distintos grupos. El bilingüismo social
-por lo menos en el espacio inmigratorio, y no necesariamente
en las zonas originarias- va reduciéndose progresivamente,
en la medida en que decrece el porcentaje de hablantes
y las situaciones comunicativas propicias para la manifestación
de cualquiera de las lenguas indígenas. En tales
condiciones, la lengua-objeto (del conocimiento o de
la interacción, y por ello el puente de la interculturalidad)
es para todos los hablantes peruanos en el espacio inmigratorio,
provengan de donde provengan, y sea cual fuere su lengua
materna, el español. Y estos cambios no solo
afectan a los grupos en el lugar de confluencia. Es
de suponer que en la migración de retorno a las
regiones de origen -sea provisional o estable- los hablantes
andinos sean quizás portadores de una nueva realidad
lingüística, la cual revertirá sobre
sus modalidades originarias y, en este sentido, terminará
modificando el perfil del español peruano.
Es preciso destacar, sin embargo, que la magnitud del
movimiento migratorio y la estabilidad de los migrantes
en la ciudad ha originado un cambio todavía más
profundo de los valores sociales. Así, el carácter
minoritario de los limeños respecto de la densidad
de los grupos migrantes, mayoritariamente andinos, el
grado cada vez más profundo de inserción
de éstos en la capital, los nuevos lazos que
se forman entre ellos contribuyen a modificar la percepción
valorativa, según la cual ciertos grupos costeños
representan el modelo de imitación(7).
Es de suponer que la misma estratificación de
variedades no rija entre los migrantes y que sus modelos
lingüísticos tengan como base, ya no una
modalidad limeña originaria, cualquiera que sea
en la percepción de los migrantes, sino algunas
de las modalidades derivadas del contacto, una suerte
de variedad mixta, la cual ha incorporado sin duda rasgos
andinos originarios.
Ahora bien, el hecho de que las variedades puedan estar
estratificadas para el grupo receptor y, probablemente
también, con los matices aludidos, para el propio
migrante implica en general que los hablantes son capaces
de reconocer las diferentes variedades a partir de la
identificación de ciertas características
distintivas. Ese reconocimiento parte de una percepción
analítica que se centra en algún aspecto
considerado relevante en cualquiera de los consabidos
planos lingüísticos. Tales aspectos, si
se trata de las modalidades andinas, se atribuyen con
frecuencia a la interferencia del quechua o del aimara.
Los fenómenos reconocidos como pertenecientes
a las variedades andinas terminan estigmatizados por
los grupos receptores. Resulta comprensible que los
factores percibidos y estigmatizados sean los menos
susceptibles de penetrar en la modalidad originaria
costeña. Así sucede, por ejemplo, con
la confusión vocálica de le-iI y lo-u/,
que muy difícilmente llega a expandirse, incluso
entre los grupos andinos inmersos en el ambiente limeño,
a pesar de la estabilidad de este rasgo en la historia
de la modalidad andina(8).
Pero el reconocimiento de una variedad lingüística
puede suponer también una percepción sintética,
globalizadora que no lleve necesariamente al aislamiento
de algún rasgo distintivo. Muchas veces los hablantes
son capaces de distinguir ciertas modalidades sin que
puedan deslindar características específicas
que permitan su reconocibilidad. Esto puede explicar
la asimilación de ciertos rasgos pertenecientes
a modalidades no prestigiosas sin que la percepción
pueda actuar de barrera de control. Se entendería
mejor desde aquí la difusión de rasgos
comunes en la modalidad andina, como la duplicación
de objetos y la marcación de la posesividad,
entre las variedades costeñas sin que los hablantes
puedan controlarla.
La dirección perceptiva sin duda regulada por
complejos mecanismos cognoscitivo-conceptuales y psicosociales
desempeña un papel relevante en la asimilación
de rasgos de modalidades lingüísticas distintas
en contacto(9). Es más,
toda valoración supone la percepción de
parte de los hablantes, la cual no es absoluta ni neutra,
sino que más bien se orienta de modo selectivo-aunque
no siempre consciente-a solo determinados aspectos o
características de una variedad, si bien no toda
percepción lleva inscrita una valoración
negativa o positiva. ¿Por qué la percepción
se dirige solo hacia ciertos fenómenos, mientras
que otros pasan desapercibidos? ¿Cuáles
son los rasgos percibidos, valorados o controlados de
las modalidades, y los no percibidos, aunque sujetos
a modificación? Antes de hacer estos deslindes,
se hace necesario establecer primero las características
más saltantes de las modalidades geográficas
que he llamado originarias (y que tampoco son
variedades estáticas y tienen su propio desarrollo
interno, y sus propios márgenes de variabilidad)
a partir de la investigación dialectal para indagar
después en el espacio de contacto, teniendo en
cuenta los distintos grados de interrelación
entre los migrantes y el grupo receptor, si estas características
sufren modificaciones debidas a los distintos tipos
de contacto en la capita(10).
. Se trata de estudiar, pues, el proceso de transformación
lingüística de modalidades dialectales originarias
en nuevas modalidades que denomino derivadas en los
procesos de contacto social. En esta exposición
me concentraré solo en estas últimas,
si bien queda descontada su dependencia de la adecuada
caracterización de las primeras en las propias
regiones de origen.
Modalidades derivadas
Parto del reconocimiento de que la densidad del movimiento
migratorio hacia la capital permite considerar a Lima
como una síntesis del español del Perú,
si bien en esta síntesis las modalidades originarias
se desdibujan y se pliegan de diversos modos a los usos
originarios de la capital. Por otro lado, la modalidad
limeña, que corresponde grosso modo a la modalidad
originaria costeña, recibe también la
influencia de los usos andinos o amazónicos,
no de forma indiscriminada, sino en determinados puntos
donde los hablantes no ejercen control alguno en la
medida en que no constituyen centro de su percepción.
Sin detenerme por ahora en las diferencias sociales
más finas que de hecho existen entre los migrantes,
éstos se adaptan al nuevo espacio, forman parte
de él y crean su propio universo de interacción,
de acuerdo con sus posibilidades y con las condiciones
de la convivencia. En el proceso de inserción
en la comunidad se involucran en una red de relaciones
estables con otros miembros de su grupo, más
o menos simétricas. Así, establecen entre
ellos asociaciones cooperativas para realizar trabajos
en común, organizaciones vecinales o clubes con
el propósito de atender sus propias necesidades
de una manera colectiva y de defender sus derechos de
supervivencia en el nuevo espacio vital. De esta manera
se apropian del ambiente, abandonan la condición
de migrantes y comienzan a integrar el conjunto de pobladores
limeños.
Al integrar la nueva sociedad limeña, los nuevos
pobladores no se restringen de modo exclusivo a las
relaciones simétricas o interiores de sus grupos;
se comunican también de modo diverso, a veces
provisional, de forma continuada o casual, con los demás
grupos de la ciudad en las situaciones laborales o de
otra índole, participando en un circuito de relaciones
jerárquicas donde la comunicación es básicamente
asimétrica o vertical. Ahora bien, la intensidad
o la importancia que revistan estas relaciones resultan
fundamentales para calibrar el grado de influencia que
puedan ejercer en la formación de los nuevos
patrones lingüísticos. Resulta natural que
los individuos más expuestos a las relaciones
verticales sean los más permeables a las innovaciones
o los más susceptibles a absorber formas o modelos
de los grupos privilegiados en la verticalidad. Así
puede suceder, por ejemplo, con respecto a las relaciones
que se producen entre los migrantes que viven en casas
de limeños, empleados por ellos para el trabajo
doméstico, y sus empleadores. En este caso los
individuos están expuestos a relaciones asimétricas
de modo constante, interrumpidas solamente los fines
de semana cuando regresan a sus casas y se reincorporan
a su mundo familiar y social. Se trata, pues, de estudiar
de modo ordenado los distintos tipos laborales que propician
diferentes grados de inserción en la comunidad
y, en consecuencia, diversos tipos de relaciones humanas,
para indagar si el estatuto de tales relaciones juega
algún papel en la configuración de las
modalidades lingüísticas.
A partir de lo dicho, el análisis de la inserción
social es decisivo para aprehender los mecanismos
de la fusión y de la recreación de las
nuevas modalidades. Aunque difícilmente mensurable
a través de métodos empíricos,
puede abordarse teniendo como centro el tipo de interacción
del migrante con los otros pobladores teniendo en cuenta
el período de asentamiento en la ciudad y el
entorno en el que interactúa(11).
La ocupación permite definir el ámbito
social en que se mueve el individuo y la índole
e intensidad de relación entre los grupos. Se
trata de reconstruir el circuito de relaciones más
frecuentes en las esferas familiar, amical (con coterráneos
o con migrantes procedentes de otras zonas o con no
migrantes) y laboral. Los hablantes en el espacio migratorio
se desenvuelven en diferentes ambientes sociales y comunicativos.
Se puede reconocer de acuerdo con la caracterización
de tales ambientes, grupos endogámicos, cuyas
relaciones se circunscriben al ámbito familiar
o vecinal (se relacionan entre coterráneos o
realizan actividades que no les permiten relaciones
más abiertas con individuos fuera de su grupo,
por ejemplo, las amas de casa, o los que ejercen oficios
comunales o de barrio). En condiciones semejantes los
individuos tienden a preservar sus hábitos lingüísticos
y a ser menos permeables a la incorporación o
expansión de rasgos ajenos. En otras palabras,
tales individuos se han trasladado de un espacio a otro
tratando de reproducir las condiciones primarias de
su lugar de origen. Es esta una legítima forma
de adaptación y autodefensa del individuo en
respuesta a la situación conflictiva e incierta
de la integración en el nuevo inhóspito
espacio. Por otro lado, existen grupos más abiertos
los cuales -en razón de sus ocupaciones y de
otras circunstancias aleatorias, como la existencia
de contactos previos al desplazamiento migratorio- logran
relacionarse con miembros ajenos a su comunidad, no
solo migrantes, sino también originarios de la
ciudad. Al abandonar el área exclusivamente parental
o vecinal de relaciones, son capaces de absorber otros
usos y de actuar de vehículos transmisores de
nuevas modalidades(12).
Valoración y comunicación:
la dimensión subjetiva
Al ser reinterpretadas valorativamente las modalidades
geográficas por el grupo receptor, en la gestación
de las derivadas hay que considerar entonces, no solo
una dimensión objetiva de análisis,
sino sobre todo una dimensión subjetiva,
más difícil de organizar con los recursos
limitados -o simplemente distintos- provenientes de
los modelos descriptivos tradicionales. En la dimensión
objetiva se registran, analizan e interpretan
los fenómenos lingüísticos más
importantes de las modalidades originarias en su paso
hacia las derivadas respecto de la producción
efectiva de los hablantes en diversas situaciones comunicativas.
En la subjetiva se analiza la propia intervención
directa del hablante en los fenómenos lingüísticos
localizados en la producción, intervención
expresada en una percepción selectiva de esos
mismos fenómenos (o en la no percepción
de ellos) y en su consiguiente valoración. El
estudio del aspecto subjetivo es fundamental para comprender
la formación de las modalidades descritas en
el aspecto objetivo, pues a través de las valoraciones
los hablantes dirigen determinados procesos lingüísticos
evitando las formas consideradas negativas e introduciendo
las que se consideran positivas. No por ello deja de
considerarse relevante la identificación de rasgos
de la lengua que, escapándose a la percepción
y al control del hablante, siguen direcciones imprevisibles
y aparentemente asistemáticas.
En la dimensión objetiva del estudio se reencuentran
fenómenos de las modalidades geográficas
originarias y por supuesto fenómenos del español
de otras zonas hispánicas en sus nuevas condiciones
de actualización ante un tipo de interlocutor
diferente y en una gama distinta de circunstancias externas.
La mayoría de estos fenómenos pasan de
una variedad a otra sin ningún control por parte
del hablante, en la medida en que su percepción
no se dirige a identificarlos. De esta manera muchos
rasgos asignados a las modalidades andinas, que he encontrado
también, dicho sea al pasar, en las amazónicas,
penetran con distintos grados y matices en la modalidad
costeña, como la marcación de la posesividad,
el loísmo y el leísmo, la discordancia
de género y número, las alteraciones de
orden en los constituyentes dé la oración,
la omisión de artículos y los cambios
en el régimen preposicional, para mencionar algunos.
Al parecer tales fenómenos se transfieren a través
de la comunicación entre hablantes con los que
se establece una relación simétrica, a
menudo hablantes costeños con poca escolaridad,
que se ponen en contacto con los hablantes de grupos
análogos de las modalidades andinas, y desde
ahí se extienden hacia otras capas sociales.
Incluso en las clases medias se presentan las formas
del doble posesivo y la duplicación de objetos,
si bien la diferencia social entre modalidades se establece
en el orden de la intensidad de aparición de
los fenómenos y de su concentración en
el discurso, medible a través del procesamiento
cuantitativo. Por ello, no basta identificar de modo
objetivo los fenómenos que aparecen en la producción
para delimitar una modalidad: las distinciones entre
modalidades se establecen en la conjunción de
distintos fenómenos y en su gradualidad cuantitativa
respecto de ciertos contextos permisibles lingüísticos
y extralingüísticos, permisibilidad íntimamente
conectada con una dimensión subjetiva.
Para ilustrar este último punto, en ciertos
casos, la permisibilidad de las formas se correlaciona
con determinados aspectos pragmático-discursivos
(entre los cuales, la relación entre los interlocutores),
de tal suerte que, por ejemplo, una forma usada entre
los grupos populares penetra hacia los grupos de clases
superiores a través de los discursos informales
o descuidados, sin que estos últimos tengan conciencia
de esa penetración. Por otro lado, a menudo los
grupos populares tratan de usar formas que atribuyen,
a veces de modo arbitrario a los grupos que consideran
prestigiosos, aislándolas de su contexto, y presentándolas
de modo artificial en situaciones discursivas de máxima
formalidad. La interrelación entre formas de
distintas modalidades se realiza aquí a través
de una asociación injustificada entre formas
consideradas superiores o inferiores, y tipos de discurso
estratificados de manera análoga respecto de
los hablantes que los construyen.
En general, mientras que en la comunicación
simétrica los fenómenos se transfieren
de una variedad a otra sin que el hablante sea consciente
de ello, la comunicación asimétrica, reflejo
directo de una asimetría social más profunda,
favorece las valoraciones negativas o la estratificación
de las formas y de los estilos discursivos como acabo
de comentar y, por consiguiente, el control de ciertos
fenómenos, estudiables en la dimensión
subjetiva. Así, los fenómenos percibidos
como distintivos de las modalidades subvaloradas no
sólo son controlados por el grupo receptor, sino
incluso por el grupo originario que las emite. Y este
es el caso, por ejemplo, de la asibilación de
las vibrantes atribuida al español andino, aunque
se presenta también, según lo he observado,
con distintas características contextuales, en
las modalidades costeña y amazónica.
Los hablantes andinos probablemente conscientes de
la valoración negativa que suscitan rasgos como
el mencionado en el grupo receptor, no sólo los
perciben sino que los adoptan y los proyectan sobre
su propia habla ante un interlocutor limeño,
tratando de evitar su producción y fracasando
en el intento de autocorrección. En casos como
éstos la valoración ocasiona un cambio
de comportamiento lingüístico y puede llevar
a la larga a la eliminación de rasgos característicos
de una modalidad geográfica del español.
Estas mismas valoraciones explicarían quizás
la retracción de ciertos procesos como los de
las diferencias entre fricativas y africadas en las
palatales sonoras de la región amazónica,
que se dirigirían hacia el tipo de yeísmo
costeño(13). En
efecto, hablantes con escolaridad superior de la Amazonía
se vanaglorian de no hablar pronunciando las africadas
o rehiladas porque las consideran formas incorrectas
o vulgares. En estos casos los propios hablantes autovaloran
de modo negativo su modalidad originaria, autovaloración
que no constituye sino una proyección de las
valoraciones originadas en la comunidad costeña
y de modo específico en la limeña.
Cambios en los patrones lingüísticos
El sistema valorativo surgido a partir de la comunicación
asimétrica referida no se transmite sólo
a las modalidades mismas a través del cambio
en los fenómenos lingüísticos, sino
que llega a afectar la configuración de los patrones
lingüísticos, que integran también
la base cognoscitiva de la lengua. Se presenta un desajuste
entre patrones reales y patrones académicos,
que se expresa en una inseguridad lingüística
respecto de las formas y de su modo de inserción
en el discurso. Pero el conflicto no se traduce sólo
en este desajuste, sino también en la discrepancia
entre los propios patrones reales de los hablantes(14).
Ilustremos la diversificación de los patrones
reales y los diferentes grados de asimilación
de los académicos con el fenómeno denominado
dequefsmo. En el corpus en que me baso, por lo general,
los hablantes limeños escolarizados de clase
alta se pronuncian negativamente ante formas como pienso
de que, dice de que, pero en su propio discurso, cuando
no controlan su producción, si bien con estructuras
lingüísticas más elaboradas, utilizan
formas semejantes. Cuando esto ocurre, los hablantes
no logran concretar sus ideales de corrección,
coincidentes con los académicos, en su actuación
lingüística, quizás porque ésta
está gobernada por factores de índole
diversa, que no pueden controlarse a partir de una pauta
transmitida de forma externa la cual, por lo demás,
parece no corresponderse con el dinamismo de los procesos
de la lengua, como lo muestra el hecho de que ese mismo
fenómeno se presente también en gran parte
de la comunidad hispánica y que no se identifique
sólo con el español del Perú. Pero
el asunto se complica en comunidades más uniformes
o integradas desde el punto de vista sociocultural,
en las que, sin embargo, los hablantes no comparten
el mismo sistema de creencias sobre lo que es correcto
o incorrecto en su lengua, o no lo tienen ni siquiera
definido, lo que genera desconfianza, inseguridad o
incluso bloqueo comunicativo.
Por otro lado, los hablantes limeños de clases
populares, escolarizados en ambientes deficientes ni
siquiera pueden identificar el fenómeno y, en
consecuencia, éste se actualiza sin restricciones
en el discurso. En los procesos de contacto de las variedades
lingüísticas en la ciudad, los migrantes
andinos se exponen en este punto al sistema incoherente
de la modalidad limeña, y como es natural esto
se traduce en la alternancia indiscriminada de las formas
canónicas con las no canónicas, susceptibles
de reinterpretación o recategorización.
Desajustes semejantes se presentan en relación
con una gran variedad de fenómenos del español
en los distintos planos lingüísticos.
Para citar otro ejemplo está el caso de la realización
de la forma condicional en vez de la subjuntiva en la
prótasis de las oraciones condicionales (si tendría
tiempo iría y no si tuviera...), que, dicho sea
al pasar, se conecta con un proceso hispánico
más general de desdibujamiento del subjuntivo
que no voy a comentar aquí.
Como ocurre con el fenómeno del dequeísmo
los hablantes limeños con escolaridad superior
evalúan, aunque no de modo consistente, la forma
como incorrecta, pero paradójicamente no pueden
evitarla en su propia producción, donde no son
capaces de percibirla. De modo análogo, hablantes
escolarizados en condiciones deficientes, sean andinos
o costeños, no perciben el fenómeno y
hasta lo admiten como correcto.
He querido destacar con estos ejemplos que, dicho sea
de paso, no provienen de observaciones intuitivas sino
organizadas desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo
y conectadas con una red de fenómenos del español
general, las divergencias lingüísticas existentes
no sólo entre las modalidades objetivas tal como
se manifiestan, sino entre los patrones cognoscitivos
que subyacen a estas modalidades, incluso en relación
con los hablantes de una modalidad de tipo costeño.
El problema es más complejo en relación
con los migrantes en el contexto bilingüe, sean
o no hablantes maternos de quechua. El conocimiento
del patrón académico del español,
que podría favorecer la uniformidad, es variable
y desordenado, en la medida en que la escolaridad, que
constituye el canal formal de transmisión de
ese patrón -cuando esta se da- si bien existen
otros modos de acceder a él, está también
fuertemente estratificada y, en ciertos casos, disociada
del contexto sociolingüístico de Iqs hablantes.
Un estudio serio de la base cognoscitiva de la lengua
en esta comunidad, de la configuración de los
patrones lingüísticos en relación
con el grado y la calidad de la información metalingüística
recibida en la escuela, además de la inferida
de modo indirecto o no, llevaría a comprender
mejor estos profundos desajustes que se traducen en
el plano objetivo y subjetivo del manejo de una lengua.
Parece indudable que el grado de conocimiento del patrón
académico y el desarrollo de una práctica
reflexiva dirigida hacia la lengua contribuye a que
el hablante oriente su percepción hacia determinados
fenómenos que normalmente, sin instrucción
previa, pasan desapercibidos. Pero justamente esa desorientación
de la percepción por parte de hablantes con escolaridad
estratificada en puntos inferiores favorece la aparición
de determinados fenómenos lingüísticos
o impulsa ciertos procesos naturales, frenados artificial
mente por las pautas de prescripción académica,
y los convierte en hechos constitutivos de las modalidades
lingüísticas del español.
En suma, la diversidad e incompatibilidad de los sistemas
de creencias en tomo a la misma lengua en el espacio
social peruano, pero sobre todo la incongruencia entre
los propios ideales de corrección de los hablantes
y su actuación lingüística constituyen
un reflejo directo de un entramado de relaciones sociolingüísticas
asimétricas. Estas son producto no sólo
de la coexistencia y de la mezcla de modalidades diversas,
pues éstas suelen presentarse en los procesos
naturales de interacción humana, sino de un sistema
valorativo arbitrario, surgido de la incomprensión
y de la intolerancia ante las diferencias, que se hacen
más ostensibles cuando los protagonistas se confrontan
en los contactos interculturales originados en situaciones
conflictivas de migración.
Notas:
- El presente trabajo constituye una
versión refundida y actualizada bibliográficamente
de: "Variedades lingüísticas en contacto.
Propuestas para una investigación del español
del Perú', Signo y Seña, Instituto de
Lingüística, Universidad de Buenos Aires
(volumen monográfico: Contactos y transferencias
lingüísticas en Hispanoamérica,
coordinado por Germán de Granda) 6, junio de
1996, pp. 491-511. Lo que literalmente definí
en esa ocasión como una propuesta de investigación
-según lo indica el subtítulo- se cristalizó
después, en sus líneas fundamentales
en un proyecto conjunto realizado con Carol Klee (Unguistic
change in Peru: dialect contact as a result oi Andean
Migration to Urna), que cuenta desde 1999 con el auspicio
de la Universidad de Minnesota, sede de la investigación.
Las ideas aquí expresadas recogen de modo sintético
y simplificado desde el punto de vista técnico
(a fin de que puedan servir a un lector no especialista),
pero asimismo con modificaciones y matizaciones, la
parte básica del texto de la primera versión
citada, que sirvió como punto de partida para
la elaboración de la investigación ahora
en curso. Esta última, por lo demás,
desarrolla solo parcial y selectivamente los planteamientos
de la propuesta inicial.
- Hago esta precisión porqué
no todas las sociedades bilingües desarrollan
este monolingüismo comunicativo. Baste citar
como ejemplo el bilingüismo del español/guaraní
en el Paraguay, donde en distintas circunstancias
comunicativas los individuos pueden alternar la lengua
utilizada, posibilidad mucho menos aprovechada en
el contexto peruano.
- A este respecto puede verse Rivarola
(1992) y para las cifras demográficas Varillas
y Mostajo(1990).
- Vengo tratando esta problemática
a partir de esta perspectiva en Caravedo (1990) ,
(1992b), (1999a).
- Un estudio integrador con una propuesta
de zonificación lingüística se
presenta en Escobar (1978).
- Cf. Verdera (1985), quien presenta
información detallada sobre la distribución
de la migración por . zonas y por tipos laborales
a través de varios períodos.
- Un estudio social con testimonios
personales de este proceso de cambio de actitudes
de los migrantes andinos ante los pobladores limeños,
puede verse en Oliart (1984). Transcribo, a modo de
ejemplo, algunos de estos testimonios: "Aquellos
que siempre han dicho que son limeños, blanquitos,
costeños [...]ahora son un grupo minúsculo.
Lima ya no es de ellos. Ahora la capital ni siquiera
sirve para que ese grupo pueda sentirse diferente
de los provincianos, esos que apestamos a queso, apestamos
a llama". De la misma página transcribo
otro testimonio: "Los provincianos ahora somos
más allegados ya al pueblo limeño. Antes
también venían y se les notaba. Ahora
no. Uno no sabes cuándo ha llegado uno, si
ha llegado, no ha llegado, si es de aquí. Sus
ropas son iguales de todos, con zapatillas, su bloyín,
polo, igual nomás. Pero también ya no
hay disprecio". (op.cit. p.72). V más
adelante: "ahora, el provinciano está
comprendiendo que es tan peruano como el que más.
Esto antes no se podía. Peruanos eran solamente
algunas personas, no? V, además, el provinciano
ahora se siente orgulloso de ser serrano [...], ahora
baila, canta y grita su huayno donde sea y dice: yo
soy serrano".(op.cit. p.73).
- Cf. Rivarbla (1989 y 2000), para una
presentación de documentos que atestiguan esas
características en 108 bilingües.
- Entre los mecanismos psicosociales
es necesario tener en cuenta la llamada 'acomodación'
de los individuos en las situaciones comunicativas
mismas, sea que se manifieste en dirección
convergente o divergente. Puede verse, al respecto,
Giles,Taylor y Bournes (1973) y Giles y Smith (1979),
propulsores de la llamada 'teoría de la acomodación'
(accommodation theory). Para una reinterpretación
del fenómeno individual en el ámbito
social y aplicado a los dialectos en contacto, ver
Trudgill(1986). Aprovecho para deslizar aquí
que no creo que todos los procesos comunicativos entre
los individuos de grupos diferentes respondan necesariamente
a mecanismos individuales de acomodación entre
interlocutores, pues en ese caso habría que
admitir que los hablantes son capaces de imitar o
de reproducir conscientemente los rasgos propios del
interlocutor o del dialecto del cual éste es
representativo. Si así fuera, habría
que imaginar que los hablantes de variedades no prestigiosas
dejarían de hablarlas para acercarse a los
ideales de prestigio, cosa que dífícilmente
se da en la realidad. Creo que el asunto es más
complejo y por lo menos no parece estar gobernado
por la conciencia de los hablantes.
- El estudio de las variedades originarias
surge de la elaboración del Atlas Lingüistico
Hispanoamericano en su parte peruana, cuya ejecución
está a mi cargo. V. Alvar (1984), Alvar y Quilis
(1984) y Caravedo (1992a).
- Las estrategias heurísticas
y la metodología para el análisis de
la inserción socia/las desarrollo en Caravedo
(1999a), teniendo en cuenta -de modo selectivo y crítico-
algunos de los recursos de la teoría de las
redes sociales en su aplicación a la sociolingüística.
A este respecto, v. Milroy (1980).
- CI. el estudio de J. Golte y N. Adams
(1990, pp. 56-67), para un desarrollo pormenorizado
de los tipos de adaptación de los migrantes
en la ciudad, a partir de una investigación
empírica de comunidades provenientes de distintos
puntos del país que convergen en Lima. Cf.
además Altamirano (1984 y Degregori, Blondet
y Lynch (1986), para diferentes aspectos del proceso
migratorio y del acomodo en la ciudad.
- He estudiado este fenómeno
particular en Caravedo (1995).
- Los desajustes no solo entre usos
y patrones cognoscitivos, sino la incompatibilidad
interna entre los pa_rcn_3 académicos y los
reales que desarrollan los hablantes en los procesos
de contacto lingüístico los he analizado
en varios trabajos (Cf. Caravedo 1993 y 1999b).
Bibliografía
Altamirano, T. (1984)
Presencia andina en Lima Metropolitana, Lima, Pontificia
Universidad Católica del Perú.
Alvar, M. (1984)
"Proyecto de un Atlas Lingüístico Hispanoamericano"
,Cuadernos Hispanoamericanos 409, p.89-100.
Y A. Quilis (1984)
Atlas Lingüístico Hispanoamericano. Cuestionario.
Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana.
Caravedo, R. (1987)
"El Perú en el Atlas Lingüístico
Hispanoamericano" En: Lexis XI,2 p.165-182.
Caravedo, R. (1990)
Sociolingüística del español de Lima.
Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú.
Caravedo, R. (1992a)
"El Atlas Lingüístico Hispanoamericano
en el Perú. Observaciones preliminares. En: Lingüística
Española Actual XIV, p.287-299.
Caravedo, R. (1992b)
"Espacio geográfico y modalidades lingüísticas
en el español del Perú" . En: C.
Hernández Alonso (coord.), pp. 719-741
Caravedo, R. (1993)
"El habla de Lima y los patrones normativos del
español". En: Actas de las Sesiones de Avances
de Investigación. Ciencias y Tecnología
de la sociedad,. Lima, Academia de Ciencias y Tecnología,
t. 1, n 2., p.139-144.
Caravedo, R. (1995)
"Variación funcional en el español
amazónico del Perú: las palatales sonoras".
Anuario de Lingüística Hispánica,
vol. XI, pp. 119-136.
Caravedo, R. (1999a)
Lingüística del corpus. Cuestiones teóricometodológicas
aplicadas al español. Ediciones Universidad de
Salamanca.
Caravedo, R. (1999b)
"Contacto de variedades y diversificacion normativa".
En: J. Matluck y C. Solé (eds.), Actas del Simposio
Internacional de Lengua Española.. Pasado, Presente
y Futuro (Universidad de Texas, Austin, abril de 1998),
pp.183-188).
Degregori, C., Blondet, C. y Lynch, N. (1986) Conquistadores
de un nuevo mundo. De invasores a ciudadanos en San
Martín de Porres, Lima. Instituto de Estudios
Peruanos.
Escobar, A. (1978)
Variaciones sociolingüísticas del castellano
en el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos.
Giles, H., Taylor, D. y Bournes, R. (1973)
"Towards a theory of interpersonal
accommodation through speech: some canadian data".
Language in Society2, p.177-192.
Giles, H., Taylor, D. y Bournes, R. y Smith, P. (1979)
"Accommodation Theory : optimal levels of convergence.".
En: Giles, H. y St. Clair, R. (eds.), Language and Social
Psychology. Oxford, Basil Blackwell.
Hemández Alonso, C. (coord.) (1992)
Historia y presente del español de Améri
ca, Valladolid, Junta de Castilla y León.
Golte, J. Y Adams, N. (1987)
Los caballos de Troya de los invasores. Estrategias
campesinas en la conquista de la gran Lima. Lima, Instituto
de Estudios Peruanos.
Milroy, J. (1980)
Language and social networks, Oxford, Basil Blackwell.
Oliart, P. (1984)
"Migrantes andinos en un contexto urbano".
En: Debates en Sociología 10, p.69-94.
Rivarola, J. L. (1989)
"Bilingüismo histórico y español
andino". En: Actas dellXCongreso de la Asociación
Internacional de Hispanistas,Berlín,p.153-163.
.
Rivarola, J. L. (1992)
"Aproximación histórica al español
del Perú". En: C. Hernández Alonso
(coord.), p.697-717.
Rivarola, J. L. (2000)
Español andino. Textos de bilingües de los
siglos XVI y XVII, Madrid, Vervuert-Iberoamericana.
Trudgill, P. (1986)
Dialects in contact, Oxford, Basil Blackwell. Varillas,
A. y Mostajo, P (1990), La situación poblacional
peruana. Balance y perspectivas, Lima, INADEP
Verdera, F. (1985)
La migración a Lima entre 1972 y 1981: anotaciones
desde una perspectiva económica, Lima, Fun dación
Friedich Ebert.
|